Sonia Hernández Silva, una madre que se multiplica
Sonia Hernández Silva se siente realizada con sus pequeños. (ACN FOTO /Yaciel Peña de la Peña).
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Sonia Hernández Silva, una madre que se multiplica

Las Tunas.- Llegar al Hogar de niños sin amparo familiar, en esta ciudad, es arropar con fuerza sentimientos y emociones conmovidos por el amor y la atención esmerada a 12 niños y adolescentes, bajo el cuidado de Sonia Hernández Silva, una madre que se multiplica.

Ante la búsqueda de su presencia, los hermanos Yassiel y Jadier Ceballos Casimiro, con ocho años de convivencia en la casa, accedieron a describirla con gusto. «Ella es buena, nos cuida mucho, revisa las libretas, ve las teleclases con nosotros, y cuando estamos tristes nos alegra».

Mas el criterio del adolescente Juan Gabriel Oliver Rodríguez, de 13 años, nueve de ellos junto a su hermana en el hogar, la caracterizó mucho más. «Todos la conocen, es alegre, gordita, de cabello negro y es muy amable. Me ha enseñado a respetar, ser honesto y cuidarnos entre los compañeros. Es de carácter recto y le agrada que nos comportemos en la escuela y seamos ejemplo».

Sonia hace 10 años ocupó el cargo de directora del Hogar ubicado en la céntrica calle Julián Santana en el centro histórico de esta capital provincial. Esta tunera es noble, disfruta del afecto de ocho varones y cuatro hembras, a quienes regala cariño y alegrías en un intento constante por llenar los vacíos de sus existencias.

«Llegué aquí en el 2010 anteriormente era directora de un círculo infantil, me hicieron la propuesta y sin pensar accedí. Creo soy una madre muy afortunada, tengo una familia muy grande con 12 pequeños. No puedo tener hijos pero estos son mis niños, son mis hijos verdaderos», -reafirma con orgullo mientras sus ojos se humedecen con la felicidad de realizar el sueño de ser mamá, un deseo multiplicado con creces.

«En el hogar trabajamos en la formación integral para el futuro de cada niño y los enseñamos a ser honestos, honrados, estudiosos, y laboriosos. Ellos cumplen con un horario de vida desde bien temprano y en estos momentos tenemos otra rutina para cumplir con el aislamiento social.

«En esta labor no hay días de descanso, me apoyo mucho en los integrantes del consejo de dirección del centro y permanecemos junto a los pequeños el tiempo que sea necesario, porque este es mi otro hogar», refiere en su diálogo esta licenciada en Educación Preescolar, quien ha dedicado 25 años al sector en Las Tunas.

Sonia enfrenta la vida, supera las dificultades y lleva consigo el peso de una carrera que tiene por meta regalar sonrisas en medio de un mundo donde el valor de la familia es esencial.

«Es un poco difícil, trato de complacer siempre que puedo y cuando no es posible se conversa y se les explica. Temo cuando un niño se enferma y me preocupo mucho. Lo llevamos al hospital y permanecemos juntos durante sus ingresos, ese es mi mayor miedo, cuando se enferman, toda la familia se ocupa por la salud de sus hijos y así lo sentimos aquí.

«Cuando llega un niño nuevo al Hogar se enfrenta a algo nuevo, debemos enseñarle a convivir y eso es una responsabilidad inmensa.

«Nosotros intentamos ocupar el vacío de esa familia natural que le va a faltar, no es igual, pero procuramos hacer todo cuanto se pueda para ponerle colores a sus días».

Su mayor satisfacción es vivir una graduación o disfrutar de la meta laboral de los chicos. «Tengo una linda experiencia, logramos una licenciada que ejerce su profesión como enfermera y cuando llegamos al hospital nos atiende con alegría y nos llama tía, eso nos llena de satisfacción.

«Siempre tenemos que prepararnos y estudiar más, tenemos niños que van a las escuelas especiales y necesitan de atenciones que exigen una mayor superación, además de estar pendientes de muchos detalles como madre y familia.

«Me siento feliz y realizada con mi trabajo, mis niños son esos, me agrada cuando en la calle me abordan y preguntan ¿Y tus niños?, las personas que me conocen lo sienten míos, al igual que yo los siento totalmente míos.

«De ellos se aprende mucho y lo más profundo es ese amor sincero que te regalan, desde el más pequeño cuando reclama de más besos hasta el mayor que necesita de ese cariño abierto junto a la mano en el hombro.

«Me siento dichosa de tener mis 12 niños, sé que me quieren y que yo los quiero», confiesa esta mujer que desdobla su quehacer en un amplio universo de infantes y adolescentes que viven allí por diferentes causas. «No quiero imaginar el día de mi jubilación o cuando no pueda trabajar más, pienso acompañarlos, estar a su lado, verlos crecer, contribuir a que su futuro sea bien diferente y luchar por quienes puedan unirse a su familia nuevamente».

El poco tiempo que le queda a Sonia lo comparte con su hermana melliza, «ella es directora del circulo infantil Volodia, y al igual que yo no puede tener hijos pero cuenta con el querer de los infantes y los padres de su institución. Además dispongo del apoyo de mi esposo, a él no puedo pedirle más, me acompaña y me da fuerzas para cumplir con mi vocación».

Sonia Hernández guarda muchas historias, se prepara para enseñarles cosas nuevas y lindas a sus niños, «ellos me impulsa todos los días, y este segundo domingo de mayo no es diferente, celebraré con mis niños, mi familia».

Este será sin dudas el mejor reconocimiento a una mujer privilegiada quien lleva tatuada la sentencia del H’eroe Nacional de Cuba José Martí que las madres son sensibilidad exquisita y dolor inconsolable, mientras entrega su corazón a un grupo de tuneros que hoy se forma para la vida y la muestran ante el mundo cual madre natural.

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