Juan y el arte de pintar metales
Juan Rubén Valdivia se satisface de contribuir a la estética y durabilidad de las producciones de Metunas. (FOTO/De la autora)
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Juan y el arte de pintar metales

En una fábrica como Metunas todas las áreas de producción siguen protocolos de calidad muy rigurosos pues un error puede mellar el prestigio de toda la empresa. Eso Juan Rubén Valdivia lo tiene bien claro.

Su labor la desarrolla en el área de acabado donde se dan los toques de pintura y se evalúa que el producto salga al mercado cumpliendo todos los estándares de calidad. Gracias a este “último eslabón de la cadena”, como él define su trabajo, se retarda la corrosión del metal y por tanto se le otorga más durabilidad.

“Existen diferentes esquemas de pintura según el cliente y dónde estará enclavado el objeto de obra. Por ejemplo ahora mismo estamos trabajando en dos naves del Mariel”.

Cualquiera que desconozca las rutinas de una fábrica de este tipo pensaría que el proceso de dar color a un objeto metálico es cosa fácil, pero la explicación que brinda Juan de su rutina diaria demuestra lo contrario.

“La pintura es un proceso muy complejo y no es pintar por pintar”, así me dice Juan con la seguridad de quien sabe por experiencia propia lo que dice.

“Es necesario hacerle una preparación a la superficie para quitarle las impurezas, las grasas, el óxido, de lo contrario la pintura no se adhiere. Hay que tener en cuenta la humedad relativa (HR), la temperatura (T) y el punto de rocío (intersección entre la HR y la T). Luego se mide la temperatura del metal que debe estar a no menos de 3 grados Celsius por encima del punto de rocío para evitar condensación sobre la superficie y un daño posterior a todo el trabajo”.

Cada pieza tiene una serie de números que las identifica, así lo explica Juan. Por eso si el cliente nota algún desperfecto es muy sencillo rastrear dónde estuvo el error.

Como Juan Rubén Valdivia, cada trabajador de la Empresa de Estructuras Metálicas de Las Tunas Paco Cabrera, lleva consigo una historia de cuarenta años. Ellos día a día se entregan con responsabilidad a una labor que reporta considerables ganancias a la economía cubana y que por encima de todo los perpetúa como protagonistas de obras de gran impacto social.

/nre/

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