El Padre de la Patria. (FOTO/Internet)

Céspedes, una vida consagrada a la patria

El 27 de febrero es uno de los días más triste de la historia cubana, pues en 1874, Carlos Manuel de Céspedes, terminó sus días, solo y acorralado, el iniciador de la Guerra de independencia contra España, el libertador de esclavos, el Padre de la Patria.

Hombre de vasta cultura y conocedor de mundo, renunció a las comodidades a las que tenía derecho por su herencia, para ser el primero en alzar su voz y su brazo, contra el dominio español, el 10 de octubre de 1868 en su ingenio La Demajagua.

Sus compatriotas coincidieron en que era el hombre de más respeto e inteligencia y en consecuencia, en 1869 la Asamblea de Guáimaro, lo designó Presidente de la República en Armas.

Como todo lo que tiene luz genera sombra, Céspedes no era perfecto. La envidia y las contradicciones comenzaron a mellar a sus espaldas su estatura de héroe íntegro que siempre puso la lucha por la libertad de Cuba por encima de las debilidades humanas.

Así, los ataques dentro de la revolución lo llevaron a la destitución de su cargo y terminó recluido sin escolta en el rancherío de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, en espera un salvoconducto para salir del país.

Hasta allí lo siguieron los españoles posiblemente ayudados por una delación, lo emboscaron en un camino de montaña y tras defenderse con su revólver y ya herido de muerte, se despeñó por un barranco.

Hoy conviene recordar a Carlos Manuel de Céspedes, el padre de todos los cubanos, un hombre que a pesar de todas las injusticias que sufrió por los propios partidarios de la revolución, nunca dejó de luchar por el bien de su patria.

/nre/

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