Cuba: el poder de una Isla, el poder de la solidaridad
Bárbara Quiroga junto a Luís Alexandre y Marcio López Xiqueira, también integrantes de la brigada. (FOTO/De la autora)

Cuba: el poder de una Isla, el poder de la solidaridad

Bárbara Quiroga es argentina. Pedagoga, para más señas educadora popular. En estos días visita Cuba por vez primera y hasta Las Tunas llegó junto a cerca de un centenar de integrantes de la Brigada Sudamericana de Solidaridad. Vino, dice, porque su hija que ha visitado el país en dos ocasiones – también como integrante de movimientos solidarios con Cuba- le dijo que debía conocer «el poder de Cuba y su gente».

«He venido con un gran amor y entusiasmo por conocer la historia de ustedes y sobre todo por comprender lo que para ustedes significa el bloqueo, que para un sudamericano es muy difícil de comprender. Y lo que estoy recogiendo aquí, en cada una de las palabras de los cubanos y cubanas es cómo luchar contra eso desde la unión, pensar la superación, romper esa valla del bloqueo con unión. Con amor, con Socialismo, algo que en mi país es un poco lejano y complejo».

Bárbara es una de los tantos argentinos que se sintieron estafados por el gobierno de Mauricio Macri y que bien sabe las huellas dejadas por el neoliberalismo en el país, en la educación, en la gente más humilde. Comentamos acerca del reciente documental de Tristán Bauer, Tierra arrasada, el cual acaba de estrenar la televisión cubana y que retrata al gobierno de Mauricio Macri y sus falsas promesas de “revolución de la alegría” y “pobreza cero”.

La impresionó, como a mí, el Ministro de educación de Macri, quien para  desacreditar el valor de la educación pública dijo que esta formaba  “chorizos, todos iguales” y otras muchas barbaridades a la manera de quien maneja una empresa y no una “empresa mayor en la formación de los ciudadanos”.

«Ahora tenemos una nueva oportunidad – dice esta cordobesa- y estamos esperanzados de reconstruirnos, de volver a sentirnos parte y acompañar un nuevo gesto de levantar nuestro país».

Al contrario de Bárbara, la uruguaya Rosario Raggio, también maestra, ha visitado la Mayor de las Antillas en 14 oportunidades, «más que nada para mezclarme estrechamente con lo humano, al decir de Hemingway», señala mientras más adelante señala que« ¡Cuba va!».

«Es un pueblo al cual admiro, admiro su lucha, su superación. Es la primera vez que participo en una brigada de solidaridad, las otras veces he venido a los congresos de educación y a visitas a escuelas. Conozco todas las provincias y no deja de sorprenderme los avances y la lucha del pueblo, su alegría, no olvidar el pasado pero sí tener una visión sobre el futuro. Siempre digo que el pueblo cubano no da lo que le sobra sino que comparte lo que tiene».

Pero ¿qué les mueve a venir a Cuba? Paulo de Oliveira Perna, brasileño, docente de la enseñanza superior, sindicalista y un soñador de la unidad de los brasileños en contra del capitalismo; responde la pregunta.

«He venido en la brigada porque desde mi juventud admiro profundamente la historia de Cuba por el coraje y la dignidad de la gente de no querer someterse  a presiones y a lo que sucede en casi toda la América y en el llamado mundo subdesarrollado. Quería hacer un buceo profundo, charlando con la gente (…) Todo ha sido muy gratificante. Y en Brasil queremos subir en la escalera hacia el futuro, aún distante, pero muy reforzados y animados de continuar la lucha. (…) Ojalá consigamos la Revolución en nuestro país.»

Marcio López Xiqueira, también brasileño, ingeniero agrónomo y colaborador del Movimiento Sin Tierra es otro de los “enamorados” de la Mayor de Las Antillas para quien la historia del pueblo cubano es admirable y constituye un ejemplo, en muchos sentidos.

Cada uno de los miembros de la Brigada Sudamericana de Solidaridad tiene su historia, sus por qué, inquietudes y memorias de lo que este contacto con el pueblo cubano les va dejando.  Así le sucede a Luis Alexandre, de tan sólo 19 años,  quien vino a ver con sus propios ojos la realidad de Cuba pues no confía en los oligopolios de la información que para él solo tratan de empañar el ejemplo del pueblo cubano. Cuba  ha sido fuente de energía para regresar a su país.

«Sabía del apoyo del pueblo cubano a la continuidad de la Revolución, pero estar acá y poder mirar con mis propios ojos y poder intercambiar con los Comités de Defensa y con el pueblo cubano de su apoyo a la Revolución y de cómo se toma parte de eso me ha demostrado que la Revolución no está hecha solo por unas pocas personas sino por todo el pueblo cubano».

En un pequeño acto en la Plaza Martiana de la ciudad, ante versos que clamaban por una “Cuba Libre, nunca esclava”,  los brigadistas sudamericanos ovacionaron al declamador. Son apenas una muestra del paisaje diverso de Nuestra América, esa que aún sangra y que siempre ha tenido para Cuba sólo amor, acompañamiento, solidaridad.

Sienten especial interés y admiración por un país que ha logrado tanto con tan poco, se preguntan y tratan, en pocos días, de descubrir el cómo, la fórmula, la clave de aquello que se escapa a la gran mayoría de nuestros pueblos americanos. Por ahora su estancia en Las Tunas les deja felicidad y confirmaciones.

América del Sur es un concierto de naciones y voces; esas esencias llegaron a Las Tunas a través de los integrantes de la Brigada Sudamericana de Solidaridad: Brasil, Argentina, Chile y Uruguay están en Cuba y Cuba también está allí. Mayúscula América, Nuestra América, diría José Martí.

/nre/

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