Un hombre que dice ¡No! A los fertilizantes químicos
Para Ilso Velázquez es un orgullo cosechar alimentos libres de porductos químicos. (FOTO/De la autora)

Un hombre que dice ¡No! A los fertilizantes químicos

Majibacoa.-  El almanaque ya ha desprendido muchísimas hojas en la vida de Ilso Velázquez Pérez, un hombre que se resiste al paso del tiempo y se declara vencedor en esas pequeñas batallas que impone la cotidianidad.

Desde hace varias décadas, las rutinas de cada jornada lo enorgullecen y le convencen más de la utilidad de todas las gotas de sudor que cayeron de su rostro para abonar las fértiles tierras que posee en Arroyo El Muerto, comunidad rural de este municipio.

Al campesino, asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Gerardo Antonio, el sol lo sorprende en los campos, pendiente, lo mismo de un naranjo que de sus sembrados de boniatos pues este productor no se limita solo a los cítricos, renglón por el que se le reconoce en la provincia de Las Tunas.

¿A qué producciones dedica su tiempo, además de los cítricos?

«La mayor parte de mis tierras está sembrada de cítricos.  Tengo naranja, mandarina, toronja y limón.  Pero, eso no es lo único que cultivo.  También me dedico a otros renglones como coco, plátano, yuca, boniato y guayaba.  Y otras cosas».

¿Cómo fue su año 2019?

«A pesar de la sequía terrible que hizo, fue un año bastante bueno. Tuve una gran producción de cítricos y también de yuca, boniato y plátano.  Fue un año de trabajo; pero, estoy acostumbrado.  Eso es lo que he hecho desde que tengo uso de la razón».

¿Qué hizo para enfrentar la sequía?

«La enfrenté como lo que soy, el máximo responsable de esas tierras.  Primero preparé el terreno.  Yo tengo mucho coco, eso es abundante en mi finca.  Pues cubrí el suelo con hojas de coco para que no diera el sol y mantener toda la humedad posible.  Eso es trabajoso; pero, me dio resultados, claro que sí».

¿Cómo evita las enfermedades en los cítricos?

«Para evitar las enfermedades uso fundamentalmente la cal, que es como un pesticida, y la aplico de manera especial en los naranjos. Yo uso escobas y palos largos y cubro todo lo que alcanzo con esa agua de cal. Con el tiempo vi las mejorías.  Eso hizo que el cítrico se restableciera bastante, a pesar de que ya es avanzado en edad.  Imagine, ya pasa de los 30 años.

«Y para mantener eso así no es fácil, más con tantas enfermedades que existen hoy en día.  Pero, logro que se mantengan en buen estado».

Escuche las declaraciones de Ilso:

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¿Qué otras alternativas agroecológicas emplea?

«Antes te voy a decir que hice una prueba con papas. Sembré un poquito, para ver si se cogía sin pesticidas y soy optimista, creo que lo voy a recoger. Ya veremos. Yo tengo un corral en el que mantengo mis animales y ellos me ayudan a producir abonos biológicos.

«El estiércol de ellos lo voy almacenando y cuando está en descomposición, se lo aplico a los cultivos. Le pongo la materia orgánica, luego la tapo con tierra y ya.  Aunque la seca esté brava, eso hace que las plantas se fortalezcan».

¿Le gusta compartir sus experiencias?

«Claro que sí. Me gusta que vayan a mi finca para que recojan experiencias pues practico la agroecología desde hace años.  Yo he visto mucho.  Y creo que los productos biológicos son el mejor fertilizante que existe.  Antes hacíamos encuentros, dábamos talleres.  Iban los agricultores a observar aquello y se veían los resultados en las producciones de otros campesinos.  Eso me hace sentir orgulloso, seguro que sí. Eso estimula porque da fuerzas para seguir luchando la vida y enseñando a la gente».

¿Con qué motivaciones actúa cada día?

«Para mí es una religión ir a la finca a diario.  Yo tengo que ir permanentemente para mirarlo todo y es bastante grande.  A veces me siento agotado de dar tantas vueltas.  Incluso, la gente me pregunta qué hago y les digo, observando…

«Cuando tú trabajas y ves los resultados, eso te estimula y te entusiasma a seguir luchando la vida».

Así es este hombre, humilde y dueño de una extraordinaria vergüenza que nació poco a poco, como sus arrugas. Ilso Velázquez Pérez no cree en la sequía, y menos en enfermedades de las plantas porque para eso tiene remedio en las técnicas agroecológicas que practica en sus tierras, esas que son un lujo, en Arroyo Muerto.

Además de experiencia, en él hay un compromiso que cumple siempre.  Producir. Y todo lo entrega a Acopio para que los demás tengan sus alimentos.

/nre/

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