Ana Ibis, la sala oscura, los personajes…el cine
Durante 19 años Ana Ibis se ha entregado fervientemente a la promoción del séptimo arte. (TIEMPO 21 FOTO/Rey Betancourt)

Ana Ibis, la sala oscura, los personajes…el cine

Conversar con Ana Ibis Rodríguez Leyva es un placer. Su pasión por el cine, contagia, seduce, educa. Menos, no se puede esperar de quien durante 19 años ha trabajado en la promoción del séptimo arte en Las Tunas, y disfruta de un filme con la misma intensidad con la que descubre, y después cuenta la historia detrás de la historia y sus protagonistas.

Así  le sucedió aquel mediodía en que llegó a una escuela secundaria para compartir El Chicuelo, un clásico de la cinematografía mundial y de la obra de Charles Chaplin, pero alejado de los cánones de hoy y de la preferencia entre los jóvenes. Sin embargo, no hizo falta mucho para que Ana Ibis se robara la atención de los muchachos: Chaplin, al realizar el filme, acababa de perder a uno de sus hijos, era la primera vez que este gran, pero en cierta medida vanidoso actor, cedía el protagónico a otra persona y Jackie Coogan, el chico, daría nombre a una ley de 1939 que protege las finanzas de los niños actores.

Con tal pasión, capacidad narrativa y de diálogo- tal vez alimentadas por tantas películas vistas- atrapó Ana Ibis la atención de los muchachos hacia un arte que conoció desde niña, en esas tardes de jueves de estreno en el cine; después en su trabajo en la bóveda de películas y en los últimos años en la Sala Titón.

«Una pequeña anécdota, hace poco fuimos a  una escuela y llevamos uno muñequitos rusos y los niños se quedaron así…!imagínate!; pero les gustó finalmente lo que vieron. Entonces lo que hacemos es enseñarle como ha ido evolucionando la industria y que no podemos negar el pasado para entender el presente. Les vamos enseñando cómo comportarse en una sala de cine, la importancia y qué significan los colores en un audiovisual, los planos….y así vamos haciendo un trabajo educativo.

Escuche las declaraciones de Ana Ibis:

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Cada audiovisual lleva un esfuerzo enorme para realizarse. Le hacemos ver eso: la importancia que tiene cada cosa, que puede ser que no esté transmitiendo mucho pero al menos podemos apreciar  estéticamente y con herramientas que nos hacen comprender mejor ciertas cosas», señala esta aficionada a la cinematografía.

Ana Ibis ha vivido la evolución del cine y sus formatos, desde los 16 mm, el clásico 35, hasta los nuevos soportes, algunos de incierto destino aún. Con tal conocimiento asume la digitalización de los audiovisuales porque «no podemos estar ajenos a estos cambios».

En esos empeños anda, junto a los trabajadores de la Sala Titón, con la obra de Santiago Álvarez y otros grandes cineastas, aunque lamenta la ausencia de una tecnología que respalde un mejor y mayor almacenamiento  digital de las piezas que también atesora en casa, por el gusto de tenerlas y verlas y, por precaución.

«Tenemos muchos noticiero Icaic de Santiago Álvarez y buena parte de su obra, lamentablemente no los tenemos todos porque adolecemos de espacio digital. Atesoramos también cosas del cine prerrevolucionario porque el cine no empezó en Cuba cuando se fundó el ICAIC, el 24 de marzo de 1959; fue, de echo, el segundo hecho cultural de la Revolución después de la campaña de Alfabetización.

Ya antes del Triunfo se hacían películas con otras temáticas, acorde a aquella época, eran películas muy criollas, muy cubanas, que las tenemos por acá; dígase Romance del palmar  con Rita Montaner. También tenemos las primeras imágenes de cine que se guardan en Cuba: Simulacro de incendio, una de las primeras películas silentes que se llama La Virgen de la Caridad. Muchas de estas obras son desconocidas para la mayoría de las personas o apenas las han escuchado mencionar, muchos desconocen que existió un cine antes del triunfo de la Revolución, un cine que también es cubano».

Bernardo Bertolucci dijo alguna vez que “la mejor escuela de cine la constituyen las funciones de una cinemateca” y Ana Ibis lo sabe, y sabe más pues reconoce que el séptimo arte forma también teatristas, músicos, artistas plásticos ….mejores profesionales y seres humanos. Lo ha vivido.

«Todo el mundo al final viene a nutrirse acá pues el séptimo arte es la unión de muchas artes y a veces no te nutre de manera particular pero de manera general cuando ves una película estás viendo danza, escenografía, teatro (…) Hay muchachos de Teatro Tuyo que a veces están realizando obras y, aparentemente, a veces una cosa no tiene que ver con la otra y vienen y se nutren aquí de audiovisuales.

Ernesto Parra me ha comentado: «¡Oye tú eres una bruja! a veces mandas cosas que uno no sabe que va a ver, que va a encontrar ese detalle allí, en una película». Y es finalmente porque uno ve una película y relaciona (…)  En fin que me hace feliz cuando tengo aquí una persona consultando o queriendo llevarse un audiovisual y  eso me place, me place muchísimo ver que puedo ayudar sobre todo a los jóvenes».

Entre planos, movimientos de cámara, música, efectos…y demás, el cine narra la realidad y atrapa a esta mujer para quien cada filme tiene su importancia y un valor inconmensurable pues «la gente a veces, no sabe lo que cuesta llegar hasta allí. Yo siempre veo la verdad una motivación y me gusta que los demás vean una motivación en cualquier audiovisual. Siempre hay mucho corazón detrás de quien hace un filme».

Prefiere, en el cine cubano, las películas de Titón (Tomás Gutiérrez Alea ) y de Fernando Pérez, mientras de la filmografía internacional distingue  la obra de Stanley  Kubrick y las emblemáticas actuaciones de Jack Nicholson, su actor favorito. Anda siempre con la pasión a cuestas, dispuesta a develar, para los desentendidos, la maravilla del séptimo arte. ¿Qué le atrae y la enamora del cine?, me pregunto, y pregunto.

«Lamentablemente los tiempos han cambiado. Las personas copian, ven en la casa, y cada quien se nutre de otra manera. Pero bueno le tocaría a otra persona juzgar eso. Me apasiona la sala oscura, que es el lugar íntimo que tienes tú para conectarte de alguna manera con otro mundo. Yo siento una conexión increíble entre la pantalla y yo. Me conecto con los personajes y vivo eso. La sala oscura es un lugar para la complicidad. Sigo pensando que la pantalla grande atrapa, te extrapola a otra mundo. Yo vivo eso. Yo a veces estoy dentro del filme,  cuando abro la puerta y enciendo las luces, es que vengo, vengo junto con los créditos».

/nre/

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