Realidad y retos de la agricultura urbana en Las Tunas
En el organopónico los clientes encuentran variedad de hortalizas. (FOTOS de la autora).

Realidad y retos de la agricultura urbana en Las Tunas

Las Tunas.-  Esperanza, Armando y David son vecinos del reparto Deportivo, en esta ciudad, y se alegran porque tienen un organopónico en los alrededores del Estadio Chiquito, y otro cerca de la Universidad de Ciencias Médicas, y otro más en la avenida 30 de Noviembre, antes de la escuela Máximo Gómez; y también les queda cerca el del Doce plantas.

En sus mesas, casi siempre hay ensaladas de las que llaman “raras” porque el tomate, la col y el aguacate son carísimos. Y hasta el pepino ya cuesta lo que jamás imaginamos.

Por eso buscan la acelga, el perejil, la espinaca y otras variedades, comunes en los centros vinculados a la agricultura urbana, suburbana y familiar, un sistema organizado desde 1997; pero, con origen el 27 de diciembre de 1987, cuando el General de Ejército Raúl Castro Ruz, entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, indicó la generalización de los organopónicos en Cuba.

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Los trabajadores le brindan una esmerada atención a los cultivos.

Ha pasado mucho tiempo.  Los resultados han sido mejores o peores según las inclemencias del tiempo, la voluntad de la gente y la disponibilidad de recursos. En la provincia de Las Tunas, en el año 2019 se trabajó mucho, aunque los resultados no fueron los esperados en todos los programas o subprogramas.

Así reconoce Víctor Santos Ramírez, quien se desempeña al frente del movimiento y es un apasionado de la producción de hortalizas y condimentos frescos, fundamentalmente.

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«Tenemos una perspectiva de ir recuperando parcelas, patios, organopónicos y huertos intensivos para cumplir con las expectativas de lograr 10 libras de hortalizas o condimentos frescos para cada habitante.

«Aquí hay que trabajar con más intención los subprogramas de suelos y abonos orgánicos, el de lucha biológica y el de ganado menor porque hoy es necesario incrementar los niveles de ovino-caprino y conejo.  Claro, además de las aves y los cerdos que se crían en los patios.  Y se volvió a rescatar el programa de acuicultura familiar».

El organopónico Victoria de Girón, de esta ciudad, es más que la palabra que los identifica.  Su colectivo va de victoria en victoria porque a la sequía se impone.  Y también, al viento destructor que en varias ocasiones ha derrumbado la protección de los cultivos.

Ahora exhiben otra victoria más al impedir que entren a sus áreas los caracoles gigantes africanos, especie maligna que fue detectada por primera vez en los alrededores de la instalación.

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Yudisleidis Silva Olazábal.

La administradora, Yudisleidis Silva Olazábal, explica que trabajan en las mañanas y las tardes, intensamente y unidos.

«Se trabaja así para obtener mejor rendimiento, todos hacen cualquier función, siembran, preparan canteros, riegan y juntos evitamos a ese molesto animal.

«Se han hecho barreras en los alrededores del organopónico, con cal.  También hicimos una zanja y todos los días cumplimos con el rastreo y la vigilancia».

De manera parecida se expresa Raciel Peña Pérez, uno de los siete trabajadores del centro quien se entrega al trabajo con amor. «Me siento feliz al ver los canteros con producción porque para eso trabajamos.  Aquí hacemos de todo, sembramos, recogemos… y con el caracol igual, siempre poniendo cal y vigilando.  Yo los vi varias veces, hace tiempo ya».

¿Hay demanda de vegetales en el organopónico? ¿Qué dicen los clientes?

Mucha, dice la vendedora, Arianna González Espinosa. «Desde hace seis meses se han multiplicado los clientes.  Ellos hacen muchas preguntas, sobre varios temas.  Pero, de lo que más quieren saber es de la higiene, cómo lavar los vegetales y la seguridad que tienen.  Y eso es bueno porque confían en nosotros».

Conformes unos e insatisfechos otros, los tuneros son partícipes del quehacer de los organopónicos y huertos intensivos, una actividad de significativa importancia, primero por el alto contenido de vitaminas, proteínas y minerales que aportan al organismo humano; y segundo, porque se hace difícil encontrarlas, a veces por la época del año y otras porque las producciones van a parar a manos de revendedores.

En Las Tunas, las principales autoridades políticas y administrativas han insistido frecuentemente en la necesidad de destinar una pequeña parcela en cada finca, cooperativa o tierra en usufructo, para la siembra de ají, cilantro, ajo y otros condimentos frescos; tarea que avanza; pero, no es suficiente lo hecho hasta hoy.

A finales del pasado año, se efectuó el recorrido 85 del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana, Sub-Urbana y Familiar y la provincia obtuvo la calificación de Bien; aunque, a decir verdad, todavía hay dificultades en algunos municipios o subprogramas, por lo que el movimiento puede avanzar más, tal como demandamos en los hogares, a la hora de elaborar e ingerir los alimentos.

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