La realidad concreta de un juego
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La realidad concreta de un juego

Julio debe esforzarse cada día más de seis horas en crear sus comodidades de vida, obtener ropa, dinero, armas y por supuesto construir una buena imagen para que otros clanes demanden sus servicios. Su esfuerzo de más de cuatro años tiene su recompensa pues, por cada utensilio que adquiera, estará mejor valorado.

Julio, aparte de todo esto, también debe cumplir con las tareas de la escuela porque si no, sus padres lo castigan. Este niño cubano de 12 años tiene dos realidades paralelas, una en la cual se viste de pionero y otra de soldado. Todo gracias al desarrollo de las tecnologías y los videojuegos.

Estas plataformas interactivas han evolucionado con el paso de los años y con ello, su aceptación también ha crecido proporcionalmente. Muchos niños comienzan a dar sus primeros pasos en la vida y a la par en los videojuegos.

¿Qué efectos pueden generar el uso de estos juegos? ¿Qué aceptación tienen en el público tunero? ¿Brinda el Estado cubano alternativas educativas? Esta y otras incógnitas guiarán el debate Sin pelos en la lengua.

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Los Joven Club de Computación y Electrónica son espacios diseñados para que la familia cubana se vincule a las tecnologías y resuelva asuntos de interés. Pero un grupo etario repleta estos espacios. Los niños con su sed insaciable de conocimientos son quienes, en su mayoría, le dan vida a estos sitios. También son ellos los que más emplean los videojuegos.

Aunque no todos son niños, ni todos juegan en los Joven Club de Computación y Electrónica. Desde los propios hogares e incluso las universidades los torneos de videojuegos como Dota, Wao o Call of Duty, atrapan a más de uno.

Hasta qué punto los videojuegos han remplazado otros juegos como los deportivos, de mesa o los tradicionales. ¿Qué función desempeñan los padres en este asunto?

¿Hasta qué punto pueden dañar la conducta de los infantes y potenciar su desarrollo físico e intelectual?

No tener en cuenta el impacto que ejerce el uso desmedido de los videojuegos puede ser darle la espalda a un fenómeno cultural que arrastra a masas.

Algunos adultos muestran conductas adictivas y de enajenación, al punto de perder el rumbo de la realidad. Los niños son aún más vulnerables a estas influencias, entonces el daño se multiplica.

Los padres deben regular el tiempo de juegos virtuales, participar en su selección e incluso observar el desempeño de sus hijos. No es correcto encontrar en estos una forma de mantener a los niños ocupados pues las consecuencias de una exposición prematura y desmedida pueden ser irreversibles.

El equilibrio entre este tipo de juegos y los deportivos pueden lograr la armonía en el desarrollo del infante.

¿Y usted qué piensa? ¿Sabe de experiencias relacionadas con el tema? ¿Qué considera sobre el uso de estas plataformas? ¿Las ha usado? Cualquiera que sea su opinión puede emitirla a través de este espacio o del sitio tiempo21podcast@gmail.com. Yo soy Leydiana Leyva Romero y lo invito a un próximo debate Sin pelos en la lengua.

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