Historia

Celia Sánchez, desafiando los esquemas

Las Tunas.- Que las apariencias engañan es más que evidente cuando se piensa en la impronta revolucionaria de Celia Sánchez Manduley, paradigma en Latinoamérica de combatiente y revolucionaria.


Su rostro de mirada directa engañó más de una vez a los soldados de Batista, cuando en sus mismas narices fraguaba la conspiración y distribuía ejemplares de La Historia de Absolverá.

Alta y delgadísima, era capaz de dejar atrás a muchos hombres cuando se trataba de subir y bajar las lomas de la Sierra Maestra como mensajera o llevando alimentos y medicinas a los guerrilleros al mando de Fidel Castro.

Más allá de su gran sensibilidad por los más humildes y su respeto por la vida humana, fue capaz de empuñar las armas para contribuir, desde la primera línea de combate a erradicar los males que asolaban a Cuba.
Con ella no había medias tintas. Solo la verdad y la justicia impulsaban sus actos.


Nacida el nueve de mayo de 1920 en Media Luna, actual provincia cubana de Granma, Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, fue educada en el amor a la historia patria y a los ideales libertadores de sus próceres.

Desde sus tiempos de luchadora clandestina y más tarde como guerrillera, mereció el respeto de sus compañeros de lucha y en especial del Líder de la Revolución, de quien fue su más fiel colaboradora.

Con el triunfo revolucionario apoyó muchas obras sociales dedicadas al mejoramiento de vida del campesinado, la protección a los huérfanos de guerra y el cuidado de la naturaleza.

El Parque Lenin, el Palacio de Convenciones de La Habana y del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, también se incluyen entre sus más hermosos y novedosos proyectos.

Celia fue una figura imprescindible en la última etapa de la guerra de liberación cubana y fuente de inspiración para las mujeres y hombres que en cualquier parte de mundo luchan por conquistar un futuro de equidad y paz para la humanidad.

/nre/

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