Yusdenia: el carbón ha cambiado mi vida
Yusdenia encontró en el carbón su principal fuente de empleo. (FOTO de la autora)
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Yusdenia: el carbón ha cambiado mi vida

Las Tunas.- Hay mujeres extraordinarias que forman parte de la vida cotidiana en los más insospechados rincones de la geografía de la provincia de Las Tunas.

Se trata de féminas sencillas, humildes y laboriosas que casi siempre pasan inadvertidas como es el caso de Yusdenia Vázquez Domínguez,  residente en la comunidad Ramírez, en el municipio de Jobabo.

Con 33 años de edad y madre de tres hijos ella encontró en el carbón su principal fuente de empleo para el sustento de la familia.

Su estatura pequeña y naturaleza delgada no fue impedimento para salir de casa un día decidida a enfrentar la difícil faena de hacer carbón; así hoy no le teme ni a la rudeza del oficio, ni al sofocante humo, ni a los infernales mosquitos que azotan monte adentro.

Cómo empezaste a hacer carbón?

«Empecé a hacer carbón porque tengo tres niños, pero el mayor, de mi anterior matrimonio y que está en la secundaria básica, quería dejar los estudios debido a que se sentía inferior respecto a otros compañeritos con más posibilidades económicas.

«Yo le dije no, tienes que seguir estudiando, soy tu mamá, me pondré a trabajar para darte lo que necesitas; mi hijo se incorporó nuevamente a la escuela, me fui con mi mamá para el monte a hacer el carbón y hasta el día de hoy me mantengo en esa labor».

Tenías alguna experiencia?

«Escuchaba a algunas integrantes de mi delegación de base de la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, hablando sobre el carbón y me embullé, veíamos a otras como picaban la leña y así hicimos el primero que nos dio 30 sacos, firmamos el contrato con la Empresa de Flora y fauna, los entregamos y con eso empezamos».

Cómo es la jornada de una carbonera?

«Me levanto temprano en la mañana, hago el desayuno, mando los niños para la escuela, cojo el hacha, llegamos al monte, empezamos a picar la leña, la cargamos hasta el lugar donde vamos a hacer el horno, ponemos la guía, vamos armándolo, le colocamos hierba, le tiramos la tierra, hacemos la candelita arriba, cuando abre la boca le metemos cuña que son palitos en trozos, lo tapamos y lo dejamos quemando hasta que termina».

«Por supuesto le damos vuelta y lo velamos, de día y de noche porque si abre una boca se puede volar y perdemos el carbón».

Cuán difícil te ha resultado esa labor?

«Al principio lo hallaba difícil, ya hoy estoy adaptada, si no voy un día me siento mal, al principio llegaba muy agotada a la casa al punto que no me daban deseos ni de barrer, ya no, voy y vengo, lo hago todo, ahora es una maravilla».

«Ya no tengo miedo a picar marabú, ni al humo, al tizne, ni a los mosquitos, es un trabajo como cualquier otro, uno se acostumbra».

Cuánto cambió tu vida después que te iniciaste en la producción de carbón?

«Antes estaba muy abandonada de mi apariencia personal, no me pintaba ni el pelo ni las uñas, para mí el mundo no existía, hasta que un día la secretaria de la FMC de la provincia nos visitó y nos dijo que teníamos que ir arregladas al trabajo y andar bonitas.

«Yo se lo dije a las demás mujeres de mi comunidad, que teníamos que ir admirables al monte para que el marabú se enamorara de nosotras, a ellas les gustó eso, ahora sin el marabú no somos nadie, el carbón me ha cambiado la vida.

«Económicamente me ha ayudado mucho, hay quincenas que entrego una tonelada y he cobrado alrededor de mil 200 pesos, lo que me facilita el sustento de mis hijos.

«A otras les digo que se incorporen a esta faena, es como cualquier otra, hay que acostumbrarse y verán cómo va a cambiar su vida y la de su familia».

Hasta cuándo piensas seguir?

«Hasta que Dios quiera y hasta que pueda, porque me gusta hacer carbón, me siento bien y veo el resultado de mi trabajo».

Yusdenia Vázquez Domínguez, una madre de 33 años, de la comunidad Ramírez, en el municipio de Jobabo, todavía se emociona cuando comparte su experiencia, faena a la que recurrió para darle a sus hijos una mejor vida; después de renunciar a su condición de ama de casa, marchó al monte a picar marabú, junto a su mamá y hoy logra una alta producción, pero más que eso logra su autonomía.

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