Metodio y la radio, un binomio singular
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Metodio y la radio, un binomio singular

Las Tunas.- Metodio Diez es de esas personas que todos reciben con una sonrisa, un abrazo y un apretón de manos.

Sonríe mucho, y tiene la mirada transparente e incisiva que penetra en lo más profundo del alma.

Lo conocí un martes en la mañana, en un encuentro con trabajadores jubilados de Radio Victoria, la emisora provincial de Las Tunas, y aunque todos los presentes teníamos una significación especial para la historia de la planta radial, todas las miradas se dirigían hacia el señor delgado, que acompañado de su esposa, sugería detrás de su personalidad cándida y suave, una gran historia.

Yo, joven y con poco tiempo de labor en lo que fue su escuela, nunca antes lo había visto; sin embargo, mientras más lo miraba me crecía un incontrolable deseo de conocer sobre su historia.

«Yo no sé hablar -fue lo primero que dijo ante el acecho de mi grabadora-. Ojalá Dios me hubiera dado la oratoria de José Martí para darte una buena entrevista».

Escuche entrevista con Metodio Diez

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No habían transcurrido dos minutos de conversación para percatarme de que no le era necesario la facilidad de expresión de ningún gran pensador cubano, su relato era cautivante porque de forma sencilla contaba la sorprendente vida de una academia sin escuela.

«Siempre me atrajo la emisora, pero en aquellos tiempos la radio solo tenía 15 trabajadores y yo no veía la posibilidad de entrar, porque estaba consciente de que mi nivel cultural no era alto.

«Un buen día del año 1969, Orlando de la Cruz Barbán, que fungía como director y conocía de mi deslumbramiento por el medio, me fue a buscar en mi centro de labor, un taller de carros en lo que ahora es la zona del areopuerto, y me propuso trabajo.

«Mi entrada fue como redactor de notas. ¡Imagina que cosa más difícl para una persona sin gran preparación!; ¡ah! pero sí era un lector que devoraba los libros y dicen que el que lee mucho se nutre de conocimientos. Al mes ya había hecho un relato dramático por la muerte de Nguyen Van Troi».

Metodio Diez Nuñez, con 71 años, recuerda hoy cómo una vez cruzada la puerta fue incursionando en la mayoría de las áreas de una emisora. No pasaba curso alguno, solo le ponía empeño e interés y así iba derrumbando obstáculos.

«Una vez me llamó la atención aquello de poner discos de acetato e incursioné en eso, así me hice operador; pero un día López Monte, locutor ya fallecido, no pudo venir al programa, no había quien hiciera la locución y no tuve miramentos ni temores de hablar frente a un micrófono.

«Sobre el año 1977 comienza la emisora a tener calidad de sonido con la llegada de la tecnología húngara. Estas grabadoras permitían un sonido con buena calidad y así todo no tenía que ser en vivo.

«Entonces se me ocurrió grabarle a grupos musicales de Las Tunas. Con solo tres micrófonos le grabé a Caisimú, a la Orquesta Miramar, a los Surik, y a cuántas orquestas había aquí en la ciudad».

Por esta idea, la radio cuenta actualmente en su fonoteca con más de mil números musicales de talentosos grupos de la provincia.

Cuatro años después, la dirección del medio necesitó que Metodio se encargara de la dirección de transmisión, es decir que guiara a los realizadores de sonidos y a los locutores.

«Fue en esta labor que conocí el trabajo de los técnicos porque tenían que venir desde Santiago de Cuba para arreglar aquellas grabadoras húngaras. Un buen día me di cuenta de que yo podía hacerlo solo y comencé a cacharrear a escondidas hasta que pude obtener la plaza. Esta fue la tarea que más adoré dentro de la Emisora, estuve hasta que mi salud me lo permitió».

El jubilado más condecorado de Radio Victoria intentó mantenerse en el medio el mayor tiempo posible, pero una crisis pulmonar primero y luego las debilidades que de ella se derivan lo hicieron separarse definitivamente en el año 2014.

Son muchos los recuerdos agradables que hoy alberga en su mente, pero nunca olvidará el día en que recibió el Premio de la ciudad y cuando lo declararon Hijo Ilustre de la Ciudad de Las Tunas en el año 2006, dos condiciones que lleva como un trofeo de vida.

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