Las Tunas, Cuba. Lunes 20 de Agosto de 2018
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Tía Elia

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Elia Silva o como le llaman Tía Elia, es una enamorada eterna del magisterio.

La Tía Elia con los niños, su gran pasión. (Tiempo21 Foto /MiguelDN).

La gratitud a la formación de niños de la ciudad de Las Tunas va más allá del reconocimiento social. Su carisma y sonrisa desbordan el espíritu de una mujer que no conoce de límites, de abandonar un empeño. Elia Silva o como le llaman Tía Elia, es una enamorada eterna del magisterio.

Cuenta que desde pequeña su vínculo con las edades tempranas se lo debe a sus padres, hija de campesino luchador de la lucha clandestina y su mamá quien contribuyó a la fabricación de brazaletes para el Movimiento 26 y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas.

«Mis padres siempre atendieron a la población allá en la zona de Montes Grande, le dedicaron mucho amor a todos a su alrededor y eso los distinguió en la comunidad, un amor que también nos inculcaron a mis otros 10 hermanos, de ahí nació mi inclinación por los niños», asegura Elia mientras sus ojos muestran el destello de un recuerdo que se mantiene latente en su corazón.

Esta tunera cuando tuvo la oportunidad de trabajar, lo hizo desde un círculo infantil como auxiliar pedagógica durante cuatro horas, dos de ellas dedicadas al estudio, lo que le permitió seguir su superación como educadora de nivel medio y luego hacer la licenciatura.

«Fueron 38 años que pasé junto a varios colectivos en mi círculo Las Tres Casitas, venciendo obstáculos a diario y logrando la admiración de quienes me conocían, para orgullo mío y de las familias en cada cada curso escolar», detalla Elia cuyo ejemplo aparece hoy en las educadoras de esa institución enclavada en el Reparto Aurora, de esta ciudad.

«El amor que siento por los niños no puedo explicarlo solo sé que lo vivo, disfruto ser algo útil cuando veo que a quienes eduqué hoy me saludan y me recuerdan cuánto les aporté, todos esos sentimientos se multiplican y es lo que trato de mostrarle a las nuevas generaciones de docentes.

«Me dedico a esta profesión desde 1980 y le agradezco a Nely Pérez y Nereida Borrero porque influyeron en mi labor. Yo trabajaba por un contrato sin tener las condiciones, sin embargo ellas me estimulaban mucho, cada vez que se acercaba el término de cerrar el contrato se me oprimía el corazón, y ellas me daban la oportunidad de seguir mientras yo le retribuía con mi esfuerzo, con una buena preparación en el aula.

Su labor hoy la hacen dueña de una sonrisa espontánea que regala cuando la encuentran casualmente en la calle, de ella bien saben cientos de tuneros que irrumpen su paso para saludarla, la Tía Elia es así, conquista y se queda en los corazones.

«Desde que empecé en la educación preescolar mis resultados de trabajo estuvieron marcados por lograr una educación de calidad por eso cada día me desvelaba pensando que podía hacer para que esos niños aprendieran un poco más.

«Una educadora debe desvelarse por llevar algo nuevo al aula para que los niños se enorgullezcan y logren nuevos conocimientos, que sean más confiados, abran sus corazones y te sientan como un miembro más de su familia, refiere Elia mientras le da el consejo oportuno a las docentes noveles que hoy comienzan su vida laboral en el círculo Las  Tres Casitas.

«Hoy, a pesar de estar jubilada me enorgullezco cuando descubro que mis conocimientos no solo quedaron en la etapa de formación de esos niños, sino que fueron a manos de la familia y ello lo corroboro cuando me dicen tía usted recuerda el cuento o el poema que nos enseñó nunca se me ha olvidado», dice esta mujer que se siente compañera fiel del magisterio.

El quinto año de vida resulta el preferido para trabajar, le gustan los retos que le imponen los infantes a esa edad, pues los niños son capaces de hacerte preguntas que en ocasiones la dejaban en el aire, sin respuesta alguna por la magnitud de sus ingeniosidades.

Su familia siempre fue esencial «siempre conté con el apoyo de mi familia, con ella fui ganando un espacio en otras familias, me lo gané con el ejemplo de la mía, cultivé mi propio ejemplo y ese es el espejo que ve niño.

«Mi familia me motiva para entregar más amor, significa mucho porque alimentan mi vida, ellos contribuyeron grandemente para que pudiera ser el ejemplo que soy como educadora. Le agradezco a mi nuera, hijos, suegra, esposo, quien no se dedique a su familia no tiene amor, pues siempre digo ese amor que tienes desde el hogar es transmitido a todas las tareas que desarrollas en la vida.

«A pesar de que tengo serios problemas ninguno interfirió en el amor por mi profesión, mis compañeras veían mi sacrificio, el colectivo de trabajo me favoreció y me ayudó mucho para que saliese adelante».

Desde joven se nutrió del saber, de los valores que debía tener una educadora, quien debía ser un ejemplo en todo para sus infantes. Por ello 37 años vinculada a la educación desde edades tempranas no le bastan para entregar todo el amor que profesa, su vida es para los niños, su inspiración para desandar la vida y dejar una huella entre quienes tiene la posibilidad de llamarla Tía Elia, «si tuviese que escoger volvería a ser educadora, dedicaría mi vida nuevamente al magisterio».

En video

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Sobre Yami Montoya

Editora. Periodista, Máster en Ciencias de la Comunicación, profesora universitaria. Es amante de la paz, del amor y la familia y se siente orgullosa de su país. Su mayor tesoro es su hija Amanda y le hace feliz un Quijote, los amigos, la poesía y la música. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y ha sido premiada en varios concursos. yami@rvictoria.icrt.cu

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