Yunisleydi Carmenate, una gran artista para un «pequeño» público
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Yunisleydi Carmenate, una gran artista para un «pequeño» público

Yunisleydi Carmenate, una gran artista para un «pequeño» públicoLas Tunas.- Yunisleidy Carmenate Cabrera es una profesional feliz. Ser instructora de arte le ha permitido regresar a la infancia. Desde pequeña le gustó el mundo de las artes. Cuando era niña le cautivaba más el baile que la plástica; con nueve años las dos manifestaciones ocupaban su vida.

«Bailaba en la Jornada Cucalambeana, en la feria del libro, en las carrozas de los carnavales infantiles, y trataba de llevar lo que conocía a través de la danza a las artes plásticas».

Crecía y los años la obligaban a tomar decisiones importantes

«Fui entonces tratando de escoger qué era lo que más me gustaba de dos manifestaciones totalmente distintas, y me decidí por las Artes Plásticas».

Orgullosa de su decisión, Yunisleidy asegura que «el mundo de la plástica no solo es pintar como muchos creen, es una manifestación amplia, todo está en la creatividad. Están los performance, los origamis, los trabajos con papel maché y los rasgados».

Desde hace seis años es instructora de arte de la Escuela Primaria República de Chile, de esta ciudad, donde asegura sentirse feliz. 

«Siempre he tratado de hacer trabajos tradicionales con los niños, y vincular las manifestaciones del arte con las costumbres cubanas, con los valores, las ideas martianas, nuestra idiosincrasia.

«Pertenezco a la Brigada José Martí, atiendo el cargo de superación a nivel provincial, pero me gusta llevar todo a la par, y ante todo inculcarle a los niños la importancia de las tradiciones, la identidad».

Para ella conservar las costumbres y todo lo que identifica a Cuba es prioridad en cada una de sus clases.

«Nosotros, los instructores, tenemos que seguir, a través del mundo del arte, conservando el legado de ser cubanos, de lograr distinguirnos en cualquier parte del mundo».

Desde que comenzó su labor le dieron el reto de asumir la Enseñanza Primaria. Una vez ahí, el ingrediente que no falta en sus clases es el amor por los pequeños.

«Me gusta trabajar con los niños porque se puede lograr un mejor trabajo. Me tienen cariño, están siempre deseosos de crear, y me gusta esa inocencia.

«En ocasiones, incluso, me voy a la edad de ellos para que lo disfruten y yo los disfruto a ellos. Me visto en las clases de pirata, de payasa… para que el encuentro sea divertido».

A sus 25 años, Yunisleydi no duda en seguir desempeñando su profesión. Cuando lo dice, sus ojos la delatan. El amor que siente por su trabajo, por su «pequeño» público, es único.

«Quiero seguir siendo una buena instructora de arte, tratar de dar lo mejor de mí y trabajar para ellos, para los niños».

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