Las Tunas, Cuba. Lunes 19 de Febrero de 2018
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La llegada de la Caravana de la Libertad  y un regreso triunfal

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La llegada de la Caravana de la Libertad  y un regreso triunfalLa Habana.- El ocho de enero arribó Fidel Castro al frente de la Caravana de la Libertad a La Habana y consolidó el triunfo de la última etapa de la Revolución definitiva, iniciada el 26 de julio de 1953 con el ataque al Cuartel Moncada protagonizado por la juventud del centenario dirigida por el joven líder, quien se impuso a duros reveses al ser masacrados sus compañeros entre los muros de la odiada fortaleza.

Había salido el dos de enero de Santiago de Cuba junto a otros combatientes y demoró una semana en llegar a la capital cubana. Fidel venía encima de un tanque y le acompañaban integrantes de la Columna Uno José Martí. En cada pueblo por el que pasaban se detenía y le hablaba a los allí congregados.

 

Al entrar en territorio habanero, en el municipio de Cotorro, se montó en un jeep y así avanzó hacia lo más céntrico de La Habana, donde -como a lo largo de todo el recorrido-, grandes multitudes lo ovacionaban.

Los rebeldes y su máximo líder  fueron recibidos con risas, saludos, gritos de ¡Viva! y banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio que ondeaban con la brisa invernal de ese día de victoria. Hubo lágrimas de emoción y también de evocación por  quienes ya no estaban presentes y no pudieron ver el triunfo del Ejército Rebelde.

El héroe de Yaguajay, Camilo Cienfuegos, se unió a la caravana en el Cotorro, ya que poco antes había llegado a la capital junto a su columna invasora  para tomar la fortaleza de Columbia, que  meses después se convertiría en el centro escolar  Ciudad Libertad, mientras que el Comandante Ernesto Che Guevara, también al frente de otra columna, se haría cargo del enclave militar de La Cabaña.

En la Avenida del Puerto, en el embarcadero frente al entonces mando de la marina de guerra, le esperaba a Fidel una gran sorpresa, preparada por  Camilo, estaba atracado el Yate Granma  que  el Comandante en Jefe abordó jubiloso, momento que debió traerle los recuerdos cuando él y los 81 expedicionarios que lo acompañaban desembarcaron de la nave el dos de diciembre de 1956 por Playa Las Coloradas y  solo  12 combatientes pudieron reagruparse, pero resultaron suficientes para iniciar la gesta guerrillera y alcanzar la victoria.

Sonaron las sirenas de los barcos surtos en el puerto, las campanas de las iglesias replicaron, las bocinas de los autos se escucharon junto a los silbatos de las fábricas y fueron disparadas 21 salvas por  la Marina de Guerra.

Un mar de pueblo se situó a ambos lados del recorrido desde su entrada por la Carretera Central, Avenida del Puerto, Malecón, Calle 23, Avenida 31, que dejó de llamarse Batista, y que sería el último recorrido hasta la fortaleza de Columbia, a la cual llegó Fidel pasadas las ocho de la noche.

Fue el último orador del acto organizado en la explanada de la fortaleza y dijo:«…este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil…».

Sus palabras prefigurarían el rumbo de los siguientes casi 60 años de la historia cubana caracterizada desde entonces por el asedio permanente  del imperio estadounidense, que aplicó todos los métodos para derrocar  a la joven Revolución desde la agresión militar, el bloqueo económico, comercial y financiero, y las acciones terroristas y subversivas posibles pero resultaron derrotadas   por la Revolución  dirigida por él.

Quiso la coincidencia histórica que otra  vez el pueblo cubano se agolpara en carreteras, pueblos y ciudades para rendir homenaje a su Comandante invicto, pero esta vez en sentido inverso desde la capital hasta Santiago de Cuba y no como aquellas jornadas bulliciosas y alegres de enero de 1959 , sino en silencioso homenaje a sus restos cuando partió de la vida terrenal el 25 de noviembre de 2016 e inició su regreso también triunfal a su descanso  eterno,  muy cerca de las montañas insurrectas  donde todo se inició.  (Por Jorge Wejebe Cobo, ACN)

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