Maestra de corazón
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Maestra de corazón

Maestra de corazón
«Yo amo mi profesión. Hoy ejerzo como metodóloga municipal de Historia de la enseñanza secundaria básica, pero sigo siendo profesora», dice Maritza con orgullo.

A la «profe» Maritza la conocí en las aulas de séptimo grado, hace mucho tiempo ya.  La recuerdo siempre igual, seria, responsable, con el respeto y la honra como premisas, dueña de las mejores clases de Historia de Cuba que recibí en la vida, presta para darnos horas extra en su casita después de las 5:00 de la tarde, sin esperar a cambio más retribución que las excelentes calificaciones con que le pagamos ese año, sus estudiantes del 9no grado en el ingreso a la educación superior.

Maritza López Milanés, es maestra de corazón. Así me dice mientras sostiene con cariño un reconocimiento recién entregado por su participación en la VII Conferencia Científica Nacional de Estudios Sociopolíticos, otro de los buenos pasos del sector en el municipio en 2017.

Preguntar por sus primeros pasos en el magisterio es darle a Maritza un golpe de nostalgia: «Yo procedo del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce, del segundo contingente…»,y las lágrimas apenas le dejan terminar la frase. Se excusa, dice que se encuentra un poco sensible en estos días, la pérdida del padre de sus hijos, la lejanía de su «pequeña» Marilin con su bebé de dos años, estos días festivos y de ambiente familiar;  todo influye en un alma tan grande.

«Cundo se abrió el Destacamento pedagógico comenzaron las escuelas en el campo y hacían falta maestros por la explosión de matrícula. Entonces en el segundo Congreso de la Juventud, Fidel hizo un llamado…y nosotros dejamos todo lo que nos habíamos proyectado de estudiar otras carreras para responder a ese llamado y desde entonces estoy incorporada al sector». Y otra vez la voz se trunca y sé que no es por las nostalgias familiares.

«Nunca he dejado de dar clases. Tuvimos en aquella ocasión la posibilidad  de escoger asignatura y yo opté por Historia. Porque me gusta, porque la siento, creo que es una de las formas más elocuentes de hacer ver a las nuevas generaciones lo que ha sido nuestro proceso revolucionario, por qué hay que defenderlo, por qué no nos podemos olvidar de lo que ha sucedido, aunque ahora haya cantos de sirenas, aunque hayan nuevas ofertas, porque el día en que dejemosde pensar en lo que fuimos y por lo que luchamos, dejaremos de existir».

¿Dejar las aulas algún día?

«Yo amo mi profesión. Hoy ejerzo como metodóloga municipal de Historia de la enseñanza secundaria básica, pero sigo siendo profesora, en el curso de jóvenes, de la Facultad, en la secundaria, he preparado alumnos para ingreso a superior, me mantengo en las aulas del Centro Universitario. Y fuera de eso, donde quiera que un alumno me ha necesitado y yo he podido dar mi aporte sencillo y modesto, lo he hecho porque amo intensamente mi profesión».

Maritza López Milanés, Máster en Ciencias de la Educación, procedente del Destacamento pedagógico del segundo contingente,cuando apenas era una adolescente. Cuarenta años de trabajo en la educación hacen de ella una joya para el sector en el municipio de Colombia.

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