Las Tunas.- Lo que está pasando en la ciudad de Las Tunas ya no tiene nombre. A la cantidad de microvertederos dispersos por toda la capital de la provincia se suma la candela que determinadas personas le prenden a los basureros; ello ocasiona daños físicos y psicológicos a los vecinos que deben cerrar herméticamente sus viviendas para defenderse de la agresión.
Y entre montañas de desechos, esa práctica lejos de ser solución se ha convertido en una condena ambiental.

Al incendiar un microvertedero no solo se quema materia orgánica. En esas pirámides de basura se mezclan plásticos (PVC), restos de neumáticos, envases de poliestireno y químicos domésticos. Al arder a bajas temperaturas y sin control liberan sustancias altamente nocivas.
Quemar la basura no es higienizar; es trasladar el foco infeccioso de la acera a los pulmones de la vecindad. De acuerdo con la literatura médica, las partículas microscópicas del humo pueden penetrar profundamente en los pulmones y provocar una serie de problemas de salud, desde irritación en los ojos y goteo nasal, en el menor de los casos. Es un humo muy contaminante y dañino.

La quema de los vertederos libera gases de efecto invernadero, metano y dióxido de carbono, gases de mal olor como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, compuestos orgánicos volátiles y partículas en suspensión. Pero hay más. La contaminación del aire doméstico causa enfermedades no transmisibles, como accidentes cerebrovasculares, cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer de pulmón.
Se trata de una contaminación ambiental. Y en este caso, además, se suman enfermedades del sistema nervioso como el estrés, la ansiedad y el nerviosismo. Entonces ¿cómo permitirles a algunos que atenten contra el bienestar de los demás? ¿Cómo permitir que esas personas inconscientes prendan fuego por su cuenta?
Mientras escribo estas líneas, en la Calle 6, al costado de Radio Cuba, arde el microvertedero, que ya no es tan micro, y las personas permanecen encerradas en sus casas por la cortina de humo que se adueña del lugar. Hasta un poste de madera del servicio telefónico se incendió y se cayó; los bomberos tuvieron que acudir al lugar.
Esto se suma a la ya larga lista de indisciplinas sociales que imperan en esta ciudad. Aunque esta no es una indisciplina cualquiera, porque es nociva y como tal pone en riesgo el estado físico y psíquico de los tuneros.
La proliferación de estos incendios coincide con un déficit crítico en la Empresa de Servicios Comunales. En Las Tunas, la reducción drástica de carretoneros activos y la inmovilidad del transporte mecanizado por escasez de combustible han dejado a la ciudad en un estado de vulnerabilidad sanitaria, pero nadie tiene el derecho de, por su cuenta, tratar de amortiguar la situación con candela, porque esa aparente decisión de algunos ocasiona serios daños al organismo.
Definitivamente en la cuidad de Las Tunas deberá resolverse el problema de la recogida de desechos sólidos que no aguanta más. Pero mientras eso sucede hay que enfrentar este otro problema que es tan nocivo como los propios basureros.
Por el bien de las personas no podemos normalizar el humo como parte del paisaje tunero. Mientras las autoridades tratan de encontrar una solución a la gestión de los desechos y se buscan alternativas ante la falta de recursos, la salud pública no puede seguir siendo la diana de estas hogueras improvisadas.
Las Tunas merece recuperar su aire; de lo contrario, el costo médico de mañana será mucho más alto que el precio del combustible que hoy falta.
/mga/



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