En el gremio de la prensa en Las Tunas se encuentran sonrisas que van por delante en cualquier presentación. La de Dayana Menzoney Justiz es una de ellas: amplia, desenfadada, un destello de complicidad que precede a una conversación y desarma cualquier formalidad.
Con cuatro años en el ejercicio de la profesión, compartida entre el Periódico 26 y el telecentro Tunasvisión, demuestra que a veces el mundo no cabe en un solo medio.
Esta mujer transita con la misma desenvoltura por la precisión de la prensa escrita y las horas de edición de un audiovisual, como si cambiar de lenguaje fuera solo ajustar el ritmo en una misma canción. Podría decirse entonces que, su único formato es el humano: el de la cercanía, el gesto que rompe el hielo y la pregunta que nace desde lo más genuino.
“Me gusta abordar temas que son un poco complicados, tal vez a la hora de contárselos al público. Complicados a la hora de llegar a las fuentes, que a veces eso es algo que nos cuesta muchísimo a los periodistas: llegar a un directivo determinado, llegar hasta un organismo, para entonces poder dar una respuesta”.
Llevar a cabo “el mejor oficio del mundo” significa, en ocasiones, librar una batalla ante juicios externos que sentencian al practicante de desocupado.
“Las personas piensan que el periodista no trabaja porque pasa algunas de sus jornadas en la casa. Por ejemplo, mi mamá es jueza y sale todos los días a su oficina; mi hermana mayor es médico y va diario al consultorio, al terreno o al hospital; mi otra hermana es arquitecta y también tiene que salir. En cambio, yo puedo decir: debo terminar este reportaje, ya tengo todas las entrevistas y necesito escribirlo, entonces decido hoy quedarme en casa para, de una manera reposada, hacer un trabajo con calma, con cierto nivel de análisis como lo requiere la investigación.
“Si me quedo en casa, si decido pasar por una parada y quedarme conversando con el inspector, estoy trabajando. Si voy al bufete a hacer una pregunta, estoy trabajando. Siento que el periodismo nunca cesa sin importar dónde te encuentres, pues muchas veces algo ínfimo te puede llevar a descubrir una historia que merece ser contada”.
La energía de Dayana no es compatible con la rigidez del dogma, sino con la flexibilidad de quien tiene claro la máxima de su misión. Su carrera, aunque joven, ya es un manifiesto de que, se puede ser profundamente seria sobre lo esencial y, al mismo tiempo, llevar la labor con el alma ligera y el volumen alto, como la música que prefiere.
“Soy periodista en todos los escenarios y también una persona bastante, diría yo, relajada. Tiendo a hablar alto, me gusta mucho la música reparto, salir, ir a una fiesta, y a veces suelto algún disparate y me digo: ¿qué tiene que ver? Sí, soy muchas cosas, entre ellas periodista, joven, una persona común y corriente. Trato de mantener la ecuanimidad en ciertos sitios, tampoco le falto el respeto a la profesión que elegí un día; pero es quien soy y forma parte también de la pasión que me mueve a diario”.
Entrevistarla va más allá de hablar de rutinas, significa presenciar cómo una personalidad se ha convertido en un estilo de periodismo. Tras la charla amena se lanza a caminar las calles, micrófono en mano y sonrisa por delante. Sin embargo, desempeñar un rol de reportera, en cualquier realidad, viene acompañado por esa dosis de inconveniente que reta a la sangre.
“Una siempre tiene tragos amargos: desacuerdos con algún que otro entrevistado, desencuentro con algún que otro directivo. Porque a casi nadie le gusta la crítica, que le digan lo que hace mal. Pero tampoco he tenido disgustos tan grandes, ni en el ejercicio del periodismo, ni con mis compañeros de trabajo”.
“Si hay un reportaje en el cual no creo, si hay unas líneas que sienta alejadas de la realidad, que no aportan nada, pues no seré parte de eso. Siempre lo he dicho en todos los escenarios. A veces, muchas personas en las redes sociales leen un escrito y dejan comentarios señalando que es un engaño y, sinceramente, siempre me he prometido a mí misma no escribir mentiras con mi nombre. Y esa es mi máxima en el periodismo. Lo ha sido desde que me gradué. Un día lo dejé claro en determinada situación y lo mantengo hasta el día de hoy”, afirmó.
Su promesa radica en toda ella: la periodista, la joven, la mujer, la extrovertida. Queda entonces, tras su encuentro, la imagen de una profesional que no viene a “salvar” el oficio con teorías, sino a habitarlo con toda la vida que lleva dentro.
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