Según la ciencia, los individuos tienen una predisposición genética que les hace heredar factores de alguno de los padres. Por el torrente sanguíneo de Evelyn Charité circula la magia del periodismo desde que nació.
“En el preuniversitario cuando llegaron a avisarnos sobre las pruebas de aptitud para optar por la carrera, yo me presenté porque para mí desde pequeña ese siempre había sido un sueño. Cuando me dan la noticia de que aprobé y podía estudiarlo, entendí que no era una elección, pues el periodismo ya me había escogido, eso estaba en mi ADN”.
Ella lleva dentro la energía heredada de su madre y la cordialidad de la tía, una dupla inherente a las rutinas de Radio Victoria. Y es que Evelyn conoció el mundo sujeta a la emisora provincial.
“Mi vínculo con Radio Victoria es casi genético, por así decirlo. Yo no concibo mi infancia sin esta emisora. Desde que yo estaba muy pequeña mi mamá trabajaba aquí, por lo cual, para mí este lugar no era un ente lejano, sino parte de mi casa.
“Ya conocía los códigos, el lenguaje, el cariño con los que se hacen las cosas aquí mucho antes de aprender la teoría en la universidad. Así que significa algo mayor a un vínculo, es una historia de amor que viene de la cuna”.
Para esta joven recién graduada, el micrófono va más allá de ser una herramienta de trabajo, pues consiste en una extensión natural de su deseo de conectar y transformar el mundo. Lo que verdaderamente la define es el coraje de adentrarse en aguas profundas y turbulentas, como la violencia de género, con la determinación de quien no se conforma con señalar la herida, sino brindar con su voz los primeros auxilios para la sociedad.
“Al abordarlo, pienso mucho en la oyente que está en su casa, escuchando, y quizás no sepa en qué lugar o a quién pedir ayuda. Por eso intento que mis trabajos vayan más allá del problema, quiero que sean la guía donde encuentren refugio y griten que no están solas. Trato de cuidar el lenguaje, de no juzgar, de poner el foco en las soluciones y en las historias de esperanza, de superación”.
Su ambición es más ardua que la de acaparar titulares, Evelyn desea ser puente y faro. Su valentía de tratar temas tan pofundos que salpican el alma ha sido recompensada con el reconocimiento provincial. Ganadora en la reciente edición del concurso anual de periodismo Ubiquel Arévalo Morales, situó su huella en la prensa de Las Tunas.
“Cuando recibí el premio lo primero que pensé fue en mi mamá y mi tía, quienes me enseñaron que esto no es solo un trabajo, constituye una responsabilidad con las personas, con el oyente. Por tanto, el agasajo tiene un poco de los consejos de ambas, de los días que pasaron conmigo explicándome cómo redactar para la radio, cómo mejorar mi voz; y también el reflejo de lo que he aprendido de mis colegas.
“Siempre me sentí como en mi casa aquí. Entonces, lo tomo como un punto de partida, pues esto apenas empieza. Y para mí, hablar de violencia de género en la radio no es un tema de moda, significa una necesidad de hoy”.
En un mundo mediático, a menudo ruidoso y superficial, la propuesta de Evelyn, de ser portadora de sosiego y bienestar para la mujer principalmente, resuena a un manifiesto de vida. Así, mientras el audio se termina y las palabras de esta entrevista se convierten en texto, la impresión es la de haber conversado con una realidad en pleno florecimiento.
“Quiero seguir aprendiendo de los que más saben, porque aquí en Radio Victoria tengo una escuela permanente. También me propongo seguir especializándome en aristas sociales, en situaciones de las féminas; y a largo plazo me gustaría que mi nombre sea sinónimo de confianza para la gente, ser esa periodista que además de informar, acompañe y ayude a resolver”.
Ella ya no es solo la hija y sobrina de aquellas radialistas, es la autora de su propio legado. Y algo dice que, en su trayecto hacia la cúspide, llevará consigo la memoria del eco familiar para amplificarlo en un mensaje más amplio: el periodismo verdadero late en las venas o no es nada.
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