Las Tunas.- Con una vocación que desafía el paso del tiempo y una sonrisa que delata su pasión, Manuel Pérez Leyva, entrenador de boxeo desde 1975, sigue siendo un pilar en la formación de las nuevas figuras del pugilismo tunero. Este hombre menudo, pero de carácter firme prefiere el sudor de los niños en el gimnasio de la calle Colón a cualquier retiro dorado.
Su historia comenzó hace casi cinco décadas, trabajando con pequeños en un humilde espacio de la Feria. “Pero enseguida, al año de estar trabajando, me pasaron para la academia”, recuerda Manuel, evocando los inicios en el gimnasio de Macagua. Allí forjó su temple y su técnica al lado de quienes luego serían leyendas del boxeo cubano. “Allá trabajé con todas las figuras de Las Tunas, entre ellas Yankiel León y Armando Bauzá”, rememora con orgullo, enumerando a los grandes talentos con los que compartió sus primeros años.
Y vaya si ha cumplido. Bajo su tutela han crecido dos nombres que hoy brillan con luz propia en el firmamento boxístico cubano. “Yo soy entrenador de Yankiel León, lo hice campeón de Cuba, se fue para la ESPA Nacional, y allá se hizo campeón mundial juvenil, después de mayores, y se convirtió en subcampeón olímpico en Beijing 2008”, detalla con la satisfacción del deber cumplido.
La vida de entrenador lo llevó más allá de las fronteras cubanas. Primero, cumpliendo mision internacionalista en Venezuela. Luego, cuando ya muchos pensarían en el retiro, emprendió una aventura independiente hacia China.
A su regreso, Manuel ya tenía la edad de retiro, pero la inactividad no era para él. “Estuve como cuatro meses sin trabajar, y de vacaciones, pero yo venía todos los días aquí al gimnasio. Yo quería trabajar, pero reincorporarme aquí mismo, en la calle Colón, cerca de mi casa, y con niños, yo les iba a garantizar a ellos enseñarles todo lo que sé».
Hoy, el gimnasio de la calle Colón es su reino y su legado. “Este gimnasio es el que más aporta en la provincia. En el campeonato nacional, prácticamente el equipo era de aquí. En los campeonatos provinciales, el equipo completo prácticamente de aquí también”, asegura, validando su método y su decisión de enfocarse en la cantera.
Cuando se le pregunta si le satisface trabajar con niños y formar campeones, su respuesta es inmediata y sincera.
“Me satisface. Siempre he trabajado con niños, en toda las categorías. Es lo que me gusta. Yo digo que trabajar en el boxeo, para mí ya no es trabajo, es un hobby”.
Al final del diálogo, la pregunta obligada. ¿El boxeo para toda la vida? Su mirada se enciende y suelta una sentencia que lo define.
“El boxeo es para toda la vida, mientras pueda”. Y mientras pueda, en el gimnasio de la calle Colón, seguirá forjando campeones y alimentando su pasión infinita.
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