Las Tunas.- En los talleres de la Unidad Empresarial de Base Confecciones Melissa, el sonido de las máquinas de coser no es solo ruido industrial; es el latido de una maquinaria humana que Ana América Escalona Sánchez conoce como a su propia familia.
Ella no solo dirige el Área de Negocios; es, en muchos sentidos, la memoria viva y el tejido conectivo de una institución que nació, casi por destino, un 8 de marzo.
La historia de Ana América con Melissa comenzó en 1990, pero su verdadera formación empezó mucho antes, enfrentando los dilemas que aún hoy resuenan en muchas mujeres cubanas.
Ana América entró a la fábrica cuando esta apenas abría sus puertas. Su experiencia en educación fue la llave para organizar el caos creativo de cientos de mujeres que llegaban con deseos, pero sin técnica.
Su trayectoria es un mapa de superación: desde Recursos Humanos hasta la Normación del Trabajo, pasando por la Dirección de la UEB en 2001. Pero el camino no fue «una maravilla». Esta mujer enfrentó los obstáculos propios de liderar una fuerza mayoritariamente femenina.
A los 60 años, el reloj biológico le marcó la jubilación. Pero el sentido de pertenencia fue más fuerte que el descanso. Hoy, con casi 61 años, Ana América sigue en su puesto.
Fuera de los talleres, su vida sigue siendo un acto de entrega. Es el pilar de una familia unida.
Para muchos en Las Tunas, decir «Melissa» es decir Ana América, ella encarna la estirpe de la mujer cubana: recta cuando el deber lo exige, pero humana y partícipe en el juego y la risa con sus compañeros.
En este Día Internacional de la Mujer, su historia no es solo la de una jefa de grupo; es la de una mujer que aprendió a coser su vida personal con la profesional, logrando un traje perfecto hecho de sacrificio, lealtad y una resistencia inquebrantable.
Escuche el audio aquí.
/lrc/




0 comentarios