Rolando Pérez Quintosa tenía apenas 23 años y se encontraba cumpliendo con el servicio de guardia en la Base náutica de Tarará cuando en la madrugada del 9 de enero de 1992 fue sorprendido junto a los combatientes Orosmán Dueñas Valero (20 años), Yuri Gómez Reinoso (19) y Rafael Guevara Borges (29), por un grupo de elementos contrarrevolucionarios que intentaban robar una embarcación para salir ilegalmente del país.
Los atacaron a traición los amarraron y los ametrallaron. Dueñas Valero, Gómez Reinoso y Guevara Borges fallecieron en pocas horas, y Pérez Quintosa resultó herido de muerte (con cuatro impactos en el abdomen).
Aunque su espíritu, resistencia física y juventud, como dijo Fidel, no dejaban perder la esperanza, el 16 de febrero, luego de 37 días de intensa lucha el joven murió.
Hoy, luego de 34 años, el crimen, aunque recibió justicia, no se ha olvidado. Los médicos que lo atendieron, su familia y millones de cubanos recuerdan aquellas semanas de lucha por salvar la vida de un hombre.
Rolando tendría ahora 57 años. Sus victimarios no lo dejaron ver crecer a su hijo.
Al despedir el duelo, Fidel afirmó: “Cuando se viene a dar sepultura a una persona querida, se hace la historia de su vida. Yo me limito a decir que la historia de Rolando es la historia de nuestra magnífica juventud, es la historia de nuestra Revolución”.
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