Las Tunas.-La selección cubana de softbol abre un nuevo capítulo en Montería, Colombia, sede del Campeonato Panamericano. Héctor Castillo vuelve a vestir la camiseta nacional con entrega y compromiso, acompañado por Jonathan Leyva, quien debuta como la promesa más joven del plantel.
Castillo vive este evento con una mezcla de nostalgia y determinación. Para él, vestir nuevamente la camiseta de las cuatro letras significa un gran logro.
«Regreso a la selección de la mejor manera, ya que era un reto más que tenía en la vida y era una espina que tenía por dentro para demostrar de lo que estoy hecho», confesó.
El experimentado softbolista, con dos mundiales anteriores en su haber, asume con naturalidad su estatus de referente para las nuevas generaciones. A sus 34 años es consciente de su rol. «Hay que seguir batallando y tratando de inculcarle el amor a este deporte a la nueva generación que viene del softbol tunero», reflexiona, consciente de que su trabajo puede inspirar a jóvenes como el propio Leyva.
Dentro del terreno, Héctor tiene claro cuál será su función en el equipo.
«Todo el mundo conoce mis habilidades en el softbol, siempre he dicho que soy softbolista», afirmó con seguridad.
Los entrenadores han depositado en él una gran responsabilidad como primer bate, jardinero central y jugador regular del conjunto, gracias a su versatilidad. « Es una gran responsabilidad y la asumo por la confianza que me ha dado el cuerpo de dirección. Me he preparado bien para este torneo», agregó.
El objetivo del equipo es asegurar un puesto entre los cinco primeros lugares del campeonato. Esta meta, según explicó Castillo, no es un capricho, sino una necesidad para garantizar la presencia de Cuba en los próximos Juegos Centroamericanos, Panamericanos y en la primera fase de la Copa del Mundo. «Todos tenemos esa meta en la mira y pensamos tener buen resultado porque nos hemos preparado bien», aseguró, confiado en el potencial colectivo.
En la conversación con Castillo no podía eludir su otra gran pasión: el béisbol. Como integrante de los Leñadores de Las Tunas, vivió desde la distancia la más reciente final de la pelota cubana, un momento agridulce que aún le duele. «Todavía me duele el pecho por no haber estado ahí con mis compañeros», confesó.
La limitación de nómina a 27 peloteros le impidió unirse al equipo en la serie decisiva, aunque encontró consuelo en el deber superior. «Estaba preparándome con la selección nacional de softbol », explicó.
A pesar de la distancia, el número 38 siguió a su equipo y celebró el metal plateado. Ahora, con la camiseta de Cuba sobre el pecho, su enfoque está completamente en el softbol. El mensaje para su gente en Las Tunas es de compromiso.
«Que me sigan y me apoyen en Las Tunas y en otras partes de Cuba, pienso tener un buen resultado y vamos regresar con el objetivo cumplido y con una medalla si fuera posible», declaró con la convicción de quien sabe que representa a toda una provincia.
Jonathan, el sueño cumplido
Con la energía y la ilusión propias de la juventud, Jonathan Leyva, se convirtió en la gran novedad en la nómina cubana. Para él, integrar el equipo Cuba es la culminación de un sueño forjado a base de esfuerzo y sacrificio desde las bases del softbol tunero.
«Es un sueño cumplido para mí, lograr estar en el equipo», expresó con gratitud. El joven atleta reconoce que el camino no ha sido fácil: «Muchos años de trabajo, a pesar de mi corta carrera, muchos años de sacrificios que solo yo y los profesores de la base sabemos lo que pasamos para llegar aquí donde estamos», afirmó, recordando a quienes lo formaron.
La noticia de su convocatoria llegó como un torbellino de emociones. En ese instante, todos los entrenamientos matutinos, las horas bajo el sol y los consejos de sus mentores cobraron sentido, validando el esfuerzo de una carrera que apenas comienza pero que ya promete.
En su proceso de adaptación al equipo nacional, Jonathan ha encontrado un apoyo fundamental en sus compatriotas, especialmente en Héctor Castillo. Además, mencionó a otros veteranos como Renier Vera, y en general a todo el grupo, que «siempre aportan, aunque sea en el terreno o en lo personal, para tratar de hacerlo lo mejor posible».
Leyva asume con orgullo el título de ser el miembro más joven de la delegación cubana. Lejos de amilanarse, lo vive como un privilegio y una oportunidad de aprendizaje continuo. La guía del cuerpo técnico, encabezado por el director Leonardo Cárdenas, ha sido clave en su crecimiento. «Cárdenas para nosotros es un padre».
El respaldo familiar ha sido otro pilar fundamental para el joven softbolista. Sus abuelos, padres y vecinos están « orgullosos» de su logro, según confesó. Ese apoyo incondicional le da la fuerza necesaria para enfrentar este nuevo desafío, sabiendo que no está solo en esta aventura.
Héctor Castillo y Jonathan Leyva llevan consigo los sueños de dos tuneros que buscan, con el bate y el guante, seguir abriendo las puertas del futuro del softbol cubano. La cita es en el diamante, y la meta, regresar a casa con la medalla en el pecho.
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