Los hijos del bardo, Fidel y Alba, explicaron que la calidad de sus estrofas se debe, en gran parte, a que era la emoción la que buscaba el tema, a pesar de ser el poeta cubano que más le ha cantado a las circunstancias.
Ejemplos de ello sobran, significaron, y se expresan en títulos tales como Era la mañana de la Santa Ana, La marcha triunfal del Ejército Rebelde, y temas sobre la Ley de Reforma Agraria, y Los Cinco Héroes, entre otros.
Era un poeta que escribía día a día, a veces por encargo, pero lo hacía tan bien porque la inspiración salía de su corazón, se dijo.
Indio Naborí, nombre con el cual se autobautizó a los 17 años de edad, por su amor a lo taíno y a la tierra, era un apasionado a la Revolución por ser testigo de las transformaciones de Cuba, desde los primeros momentos del triunfo, y proceder de una familia habanera extremadamente humilde, amplió el panel.
Los asistentes precisaron que las primeras composiciones de poesía social y política Orta Ruiz las dio a conocer en la década del 30 del pasado siglo.
Tras agradecer a Las Tunas el valor que le ha dado a su padre, Fidel Orta se refirió a su libro el cual narra los períodos creativos de Naborí, que incluye la renovación que hizo el autor de Elegía de los zapaticos blancos, a la décima hispanoamericana oral y escrita.
Las autoridades culturales de la provincia, reconocieron el significado de Orta Ruiz para Las Tunas, por el hecho de figurar entre los gestores de la Jornada Cucalambeana, junto a José (Pepe) Ramírez y Manuel Fernández, y que se mantuvo apoyando y asistiendo al jolgorio, incluso, después de haber perdido la visión.
Además, el primer Coloquio se efectuó en La Habana en 1991, y fue el Indio Naborí quien manifestó que Las Tunas era la sede ideal; desde entonces esta ciudad lo acoge permanentemente cada dos años.
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