Los que viven para contar de aquellos días dan fe de cómo todo era un hervidero de cartillas y manuales y alfabetizar, palabra de orden en un país que libró, en pleno, su primera gran batalla educativa y salió victorioso.
Ahora son otros los tiempos y mayores los desafíos de la educación cubana.
Actualizar maneras de hacer, sumar desde lo diverso, involucrar cada día más a la familia y entender que no alcanza para ser buen maestro con dominar e impartir un contenido docente, son claves, si bien, aprendidas, necesitadas de constantes ajustes a estos tiempos.
Se impone hablar y vivir con la voz del diverso estudiantado en las aulas, acercar cada vez más los discursos a la cotidianeidad y respetar lo diverso, lo espontáneo, lo distinto, con la sapiencia del que enrumba y no censura.
Buenos, muy buenos maestros tenemos en las aulas de Cuba, jóvenes, reorientados, apasionados, reincorporados tras la jubilación y otros, anónimos, más allá de las aulas organizando procesos, siguiendo el curso y la vida.
Por estos días reciben flores y regalos; sin embargo, la cuota por todos que les asiste es alta, en sus manos está, nadie lo dude, las esencias que mueven a la Cuba de mañana, entenderlo como eso, garantiza el futuro, el éxito, la victoria esa que dará continuidad a la campaña que propuso Fidel Castro hace 55 años, celebró junto al pueblo y abrió el camino a la luz.
/YMP/
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