Hombres del campo: Los bueyes tienen que coger el paso

Hombres del campo: Los bueyes tienen que coger el paso

Eduardo Valera Borrego se enorgullece por ser un buen domador de bueyes, algo que es como una herencia de familia. Y no hay vanidad cuando lo dice, porque como lo aprendió de su padre, hoy le hace honor a su viejo, ya fallecido, quien siempre le decía que debía superarlo.

«¿Domando bueyes? Desde chamaquito. Mi papá era domador y yo aprendí con él. Yo soy bueno, pero mi papá era mejor que yo. Llevo ya una pila de años. ¡Uff! He domaʹo unas cuántas. Ahora mismo estoy domando tres yuntas. ¿Cuántos días paso en eso? Mira, yo cogí una el lunes, y ya la tengo casi lista, en tres días».

Al que mira los toros desde la barrera se le eriza la piel ante esos animales que por instinto fajan, aunque Eduardo no les teme, tampoco se confía.

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«Sí, mira. Pa´ domarlos eso tiene sus cosas. Primero les pongo la goma, los camino paʹallá y paʹacá, les saco la fuerza, al mes ya les meto un araʹíto, tampoco los voy a matar de entrada con un peso que no puedan. No, me han ido arriba, me han tiraʹo paʹatrás, pero sin golpes fuertes. Yo los he cogíʹo guapos, ese mismo era guapo, pero qué, mira cómo lo tengo ya. Sí, claro, me fajan, pero no les tengo miedo, no me confío, los enyugo y ya a las dos semanas no me fajan, aunque el otro día uno me fajó y por poco me coge».

Integrante de la Cooperativa de Créditos y Servicios Carlos Manuel de Céspedes, de Cuatro Caminos, en el municipio de Las Tunas, Eduardo dice no pasar trabajo, pero su labor es de paciencia y sabiduría, porque enseñar a un animal requiere de conocimiento, práctica y constancia.

«No, qué, no. Yo no paso trabajo. Hay momentos que sí, cuando el buey se tira al suelo. Mira, como a estos mismiticos hay que sacarle la fuerza. A mí me gusta trabajar con los más grandes porque es más rápido. En menos tiempo pueden coger un araʹo, un carretón, un tanque de agua. Aquel se llama Primavera y este Temporal».

Eduardo se aleja, con las riendas bien sujetas con Primavera y Temporal, los bueyes de turno, esos que ni él mismo sabe el número que hacen en su larga hoja de vida domando a esos animales vitales en la vida del campo.

/nre/

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