Baraguá: Una lección de honor

protesta_baraguaelena_diego_parraElena Diego Parra
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Arsenio Martínez Campos fue a Baraguá confiado en un fácil arreglo y tuvo que retirarse moralmente derrotado ante la actitud resuelta y atrevida del Mayor General Antonio Maceo, quien se opuso a la vergüenza de aceptar una deshonrosa alianza que echaba por tierra los años de sacrificios y la sangre derramada por miles de cubanos.

La firma del Pacto del Zanjón no fue más que el error de tropas nuestras, que se dejaron engañar por vanas promesas de una paz sin soberanía ni abolición de la esclavitud. Como diría nuestro Héroe Nacional José Martí: “nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”.

Este hecho fue un duro golpe para los verdaderos revolucionarios y Maceo, con el ímpetu y la intransigencia de quien lo ha dado todo, puso en claro de una vez y por todas cuál era la posición de los mamabises: estaban dispuestos a seguir luchando hasta vencer o morir. Porque con los cubanos es así: o todo o nada.

La Protesta de Baraguá fue un hecho valiente, oportuno y firme, que consolidó el pensamiento revolucionario cubano en momentos de profunda crisis moral y reafirmó los objetivos de la lucha. Es, probablemente, el ejemplo más exacto del carácter y la entereza de los cubanos.

Somos un pueblo que fue capaz de resistir casi 100 años de lucha por alcanzar su independencia. Un pueblo que ha soportado 50 años de agresiones y ha construido el socialismo en las narices del imperio norteamericano. Una nación que comparte lo que tiene y no renuncia a sus sueños a pesar de las limitaciones que enfrenta.

Y la lección del Zanjón no la hemos olvidado. Si se encendiera una pequeña chispa la apagaremos y como diría en una ocasión nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro “daremos un ejemplo que hará palidecer las páginas más heroicas de nuestra historia”.

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