Osmani García.
Leonel José Pérez Peña
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Si la música, parafraseando al Héroe Nacional de Cuba, José Martí, es la forma más bella de lo bello, entonces ¿dónde está esa belleza que enaltece el alma y que históricamente nos identifica, en las tan promocionadas producciones de Osmani García?
Esta- “masacre”- término aplicado por Carlos Tamayo Rodríguez, en su artículo puede evitarse si la radio buscara fórmulas para mantener la independencia con relación a la industria del disco, las casas productoras de programas grabados en serie, escenificados o no escenificados, cuyos contenidos y formas no se corresponden con los gustos y necesidades de los oyentes de la comunidad.
Aun cuando el desarrollo tecnológico en función de la información, la industria del pasatiempo y la multimedia, la radio se mantiene como el medio de comunicación masivo más accesible al gran público, y por ende tiene responsabilidades con los desaciertos en la promoción, aunque no es la única culpable del fenómeno del reguetón en Cuba.
Los objetivos de la programación de Radio y la Televisión Cubana, están sostenido en las Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido, donde se precisa:
“Los programas de radio y televisión deben tener en cuenta su presencia cotidiana en todos los hogares y por tanto han de atender a las necesidades de niños, jóvenes y adultos; obreros, campesinos, intelectuales, estudiantes, amadas de casa, poniendo el acento principal en el contenido político-ideológico de cada uno de los programas, en el lenguaje que emplean, en el estudio de los horarios más adecuados”.
Si concebimos que la calidad sea una convención humana a partir de consensos de aceptaciones y preferencias; debemos entonces aceptar que el gusto los constituyen patrones de conductas que se adquieren a partir de fenómenos de la cotidianidad a los que el individuo está sometido en el entorno social y doméstico.
Entendiendo esta máxima es fácil comprender que sí bien los gustos se forman, también se deforman. Lamentablemente, por una inadecuada aplicación de la política de programación en la radio éste último, marcado por una tendencia mercantilista, se agudiza.
Si la radio cumpliera con efectividad la función de institución cultural comunitaria, que significa una ruptura de los actuales paradigmas de la conceptualización programática, entonces el mal gusto no tuviera lugar porque su función esencial estaría en la de producir y reproducir la cultura, las tradiciones, expresar el desarrollo cultural, reafirmar la identidad, aglutinar los intereses individuales y colectivos.
Pero es preciso que se parezca a esa comunidad, y esté en función de crear un sentido de pertenencia, a partir de surgir como una necesidad comunitaria, que participa en su realidad concreta, y en la creación de sus valores que la identifican. Y por supuesto la venalidad y el mal gusto no nos caracterizan.
Es cierto, el reguetón nos llega como parte de la democratización de los medios de comunicación, es decir, la libertad de los individuos frente a los consorcios que antes no le permitían el acceso a las instituciones establecidas y surge como expresión alternativa; lo que no garantiza que esa bueno ni que requiera de la híperpromoción que recibe hoy día.
Esa “democratización de los medios de comunicación” entiéndase también como la posibilidad concreta que disponen hoy los jóvenes de disponer de diferentes soportes digitales que reproducen el sonido y la imagen de los artistas que ellos prefieren.
El recurrido gusto entre los jóvenes responde precisamente a esa deformación del gusto a consecuencia de la promoción “oficial” que recibe al estilo de una época ya superada, en la que fabricaba una necesidad para el consumo, aunque fuera de “chatarra”.
El fenómeno comienza por la aceptación de patrones culturales que no tienen que ver con nuestra realidad y que las casas disqueras no les interesa dirimir por el enfoque mercantilista que prima por encima de lo cultural. Osmani García indudablemente es “una estrella” del mismo firmamento en la que están otras a nivel global, por obra y gracia de las reglas del mercado, y que aquí en Cuba se empezó a representar ese mismo juego propio de las transnacionales del entretenimiento.
La radio -y por ende también la televisión- puede ser ese espacio vital para la defensa de la cultura en medio de esta globalización neoliberal que intenta imponer patrones, gustos y modos de vidas alejados de nuestras realidades, con un alto componente ideológico que desarticula las estructura del pensamiento socialmente aceptadas por la inmensa mayoría.
Primero -la radio- debe organizarse para operar como institución cultural comunitaria, que le permitirá ver a la cultura como lo más acabado de la relación del hombre con su entorno, las habilidades adquirida de transformación y coexistencia con el medio natural donde vive; para desde ese posicionamiento poder diseñar para su programación verdaderos proyectos de desarrollo humano, mediante las herramientas metodológicas de la investigación sociocultural, la promoción y animación sociocultural.
Al cumplir con esa función fomentaría y rescataría las manifestaciones culturales autóctonas, las que conforman sus misiones estratégicas, para lo cual retoma de su propio acervo, los programas “cara a cara” con el oyente, que han dejado de existir por la simplificación de los conceptos y los inmuebles. De esta forma no estaría sometida las 24 horas del día a reproducir la música que graba la industria del disco que tiene otra función social cada vez más alejada de la tradicional Política Cultural de la Revolución Cubana.
Y termino con un pensamiento de José Martí: “¿Qué es el arte, sino el modo más corto de llegar al triunfo de la verdad, y de ponerla a la vez, de manera que perdure y centellee en las mentes, y en los corazones?”
Lea más:
“Esto es una masacre musical”1

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http://www.youtube.com/watch?v=UCjK9NQzxl0&feature=related
El Cachito, Se extraña, y La estafa del Babalao
www.youtube.com/watch?v=kHQs-e_lKgs
www.youtube.com/watch?v=5E_CuwY-DxI
www.youtube.com/watch?v=3xD7YpANGUY
Y pensar que teniendo tantos talentos buenos en lo largo y ancho de nuestra isla, que por no tener el dinero suficiente y/o un tío (Palanca) no pueden mostrar sus trabajos.
Saludos...
Fíjense que quienes escriben estos artículos tienen más de 40 o 50 AÑOS... ofenden a los miles que escuchamos y bailamos esta música... POR FAVOR no RIDICULICEN sus comentarios poniéndose en contra de lo que está de MODA en todos los rincones de la ISLA... En la Habana es INMENSO el movimiento, en las discotecas, entre números de reggaeton, se ponen algunos de salsa o de otro ritmo... La multitud que frecuentan los sitios nocturnos de baile quieren entretenerse así...
Y el REGGAETON cubano ha CRECIDO... TANTO que nadie lo puede parar... y sino SIGAN intentando con artículos y comentarios... tal vez (una idea) tienen que hacer alguna manifestación en contra... y yo me pregunto ¿TANTO les MOLESTA que los demás se DIVIERTAN?... cómprennos AUDÍFONOS a TODOS (otra idea)... JAJAJA...
Pero es que hay que enseñar a dialogar o discutir temas , a esas personas que tienen un poco de + nivel cultural que nosotro segun ello. Sí, a esas personas que por que tinen la oportunidad de pubilicar en sitios como periódicos, revistas u otros sitios, pueden imponer su criterio y decir lo que es bueno y lo que no lo es y en este caso pasar por los gusto de millones de jovenes que creen y defienden su genero a capa y espada. Ahora yo le pregunto al periodista ya que el dice y es verdad ¨que los españoles le prohibieron el danzon´.... Pregunto yo ¿lo dejaron de bailar los cuabnos?.. no verdad, + bien hoy en dia es nuestro baile nacional. Y asi va ser con todas las epocas siempre van ver cosas que le guste a un grupo de personas y a otros no. Y usted periodista lo sabe
PD. Disculpenme la falta de ortografia de mis comentario anteriores es que lo hice apurado ok
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