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Santiago y familia: Martha, Yumi (nieta de Martha), Dayi (Hija de Yumi), la familia más cercana de Santiago, son su principal inspiración. |
Darletis Leyva González
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Las Tunas.- En una humilde casita, en el poblado del Cerro de Caisimú, municipio de Manatí, en la oriental provincia de Las Tunas, un hombre construye su paraíso y demuestra que con voluntad no hay imposibles.
Santiago Sosa tiene 50 años y desde 1993 vive sin sus piernas; quizás como él sean muchas las personas que en el mundo enfrentan esa realidad, pero este hombre de campo tiene una existencia muy diferente y a la vez especial.
Vestido con su habitual ropa de trabajo, con una sencilla sonrisa y las huellas de quien sabe de sacrificios, en el rostro y en las manos, nos recibió en su amado edén, ese que hoy se distingue entre los demás como patio de referencia nacional en la Agricultura urbana. Pero no es esa la virtud mayor de su pedazo de tierra, sino la fortaleza y entrega de quien lo hace producir.
Muletas en mano y sus actuales extremidades inferiores bien apoyadas en el suelo anda y desanda su patio plantando aquí y allí, porque para Santiago no existen límites de espacio, ni tampoco físicos. Luego de desmochar una mata de burro, de revisar su reciente sembrado de tomate, de hacer una “chapeadita” pendiente accedió a contarnos su historia.
“Estábamos en la campaña de encefalomielitis infecciosa equina aquí en Las Tunas. Yo llevaba una sangre de los caballos de unos privados de la zona de Anacahuita en Manatí, para examinarla en Medicina Veterinaria. Iba en el tren, ya era por la tarde, y por apurao´, porque lo mío fue por apurao´, al bajar resbalé, cuando el tren paró que dio el trancazo, el estribo me dio en la nalga y me tiró y me pasó por las piernas.
“Yo no perdí el conocimiento, el instinto mío fue rodarme rápido para que no me matara. Yo mismo rompí la ropa que traía y me hice torniquetes en lo que quedaba de mis piernas para no irme en sangre.
“Después de eso a mí no me quedó más nada que resignarme, pero no pasaron pensamientos malos por mi cabeza. Yo tuve mucho apoyo de mis compañeros de trabajo en Medicina Veterinaria de Las Tunas y de mi familia”.
En la rehabilitación de este hombre valiente tuvo un papel muy importante una mujer que le aceptó nuevamente, ya habían tenido amoríos mucho antes, la que no reparó en su situación. Martha González lleva 18 años junto a Santiago y ha sido la fiel aliada en las labores del campo y el refugio a sus desdichas.
“Cuando el Período especial yo tenía un hijo estudiando y estaba la situación mala. Le dije un día a Martha voy a hacer una estancia, ella cogió un machete, yo otro y comenzamos a chapear maleza. Así empezamos poco a poco en la zona de la Anacahuita. Llegamos a tener tres rosas de tierra y ahí logramos maíz, yuca, de todo.
“Después tuvimos que irnos de ahí porque teníamos un río cerca y entró tres veces a la casa. Vinimos entonces para el Cerro de Caisimú. Aquí poco a poco fui levantando y hoy tengo algunas plantaciones como plátano burro, tomate, limón, guineos, lechuga, boniato… tengo también patos, colmenas de abejas y bueno, pienso seguir creciendo esto, meter aquí todo lo que pueda.
“La pérdida de mis piernas no me ha imposibilitado en nada seguir viviendo, al contrario si yo hago mil cosas, ¿quién dice que haya algo que se tenga que hacer que yo no lo haga?, aunque hay cosas que son más difíciles, pero las hago poco a poco y cuando voy a hacer una cosa no paro hasta que no termino”.
Con una nobleza contagiosa, una naturalidad envidiable, Santiago Sosa me asegura que es un hombre callado, tranquilo, y que no piensa en lo que le sucedió, que está adaptado a esa vida porque va a terminar así.
“Yo lo único que pienso es pa´lante y en sembrar todos los días un poquito más para desenvolverme en la casa. El sueño que tengo es todos los días que pueda sembrar una mata, sembrarla”.
Porque la fortaleza de Santiago es tan grande, casi indescriptible con palabras, y en cada expresión se percibe su deseo de vivir, sus convicciones, su apego a lo más importante, la familia, y su amor incondicional a la tierra, no soslayamos pedirle un mensaje para quienes hoy viven con una limitación física.
“A los que estén limitados físicos como yo, lo único que hay que hacer es resignarse y tener valor y fuerza, no decaerse, porqué oprimirse si eso lo que hace a uno es estar más mal y te conlleva a cosas malas, porque hay a quien se le meten cosas malas en la cabeza, pero con eso no resuelves nada. Además, la vida es muy bonita y ya que es así vamos a terminarla como el destino nos la mandó”.
Desde hace 18 años la vida de este hombre cambió bruscamente; sin embargo, la limitación física no le ha detenido y por eso conquista la tierra en busca de nuevos resultados y con la aspiración de que su patio se convierta en Excelencia Nacional.
“Yo desde siempre he vivido en el campo, soy de Jiguaní, provincia de Granma, pero llevo muchos años en Las Tunas. Desde niño empecé amar la tierra y por eso seguiré sembrándola y amándola hasta que muera”.


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