Andrés Roberto Casanova Núñez se mantiene vivo y con mucho optimismo.
Darletis Leyva González
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Las Tunas.- Andrés Roberto Casanova Núñez ha visto 91 amaneceres y aunque una sucesión de fatalidades llegaron a su vida nunca ha perdido las fuerzas para luchar y seguir adelante; lo atestiguan las casi tres décadas en las que se ha conducido con el bastón que creó con sus propias manos.
“Yo quedé ciego por un golpe que me di, trabajando, en el año 1972”.
Hijo del barrio Las Arenas, una zona rural del municipio de Majibacoa, en la oriental provincia de Las Tunas, a la edad de 14 años comenzó a trabajar para buscar el sustento y ayudar a la familia.
“En esa lucha, y como siempre fui un poco travieso, me dio por aprender la carpintería y me hice carpintero”.
En las cuestiones políticas desde muy temprano se convirtió en un antiyanqui rebelde. La opresión de la época y los abusos calaron muy pronto una efervescencia en su alma, sobre todo el repudio al maltrato a los haitianos y a los ciegos.
“Los ciegos antes de la Revolución, desde que yo era niño, los conocí con las manos extendidas pidiendo limosnas. En la esquina del Parque Vicente García, en el centro de esta ciudad, frente había un café y yo vi con mis ojos a un policía que le dio un puntapié a un ciego, un ciego con espejuelos oscuros y el sombrerón aquel agachao´allí. Le dio el puntapié y le dijo: ‘asqueroso quítate de ahí que estas dando un feo espectáculo´.
“Cuando yo era un niño que tenía 11 años, se trabajaba la Carretera Central de Cuba, cogí unos fulminantes, unos detonadores de dinamita, y jugando con ellos exploté un fulminante, prácticamente con la mano; cogí un tizón, lo soplé, le di candela y explotó. Me desbarató la cara, el pecho por dondequiera y perdí la visión del ojo derecho.
“Después trabajando acá me di un golpe en el ojo izquierdo, con el que yo veía y estuve defendiéndome bastante bien. Con ese solo ojo en la milicia fui campeón de tiro al blanco y muchos otros resultados.
“Yo quedé casi ciego, pero no me acobardé. Lo primero fue que le dije a mi familia que no quería lastima, no quería que nadie me viniera a visitar con lastima, porque yo era un ciego y había muchos ciegos que vivían y vivían bien. Yo tenía confianza en la Revolución.
“Al regresar de La Habana, de la Liga Contra la Ceguera, a mí me quedó algo de visión en el izquierdo, pero las cosas que pasan. Yo estaba sentado aquí en mi casa y esa tardecita venía un Yipe de frente y yo estaba cerca de la ventana, sin espejuelos, en el momento que sentí el carro miré, esas casualidades que dan, me entró la luz del carro a la vista y a partir de ese instante ya se me nubló la vista y quedé ciego total”.
Después de quedar ciego totalmente más de un año la depresión se asentó en la vida de Casanova, como le dicen cariñosamente sus allegados y amigos, hasta que le dio por hacer un bastón, a esa iniciativa ayudó sus conocimientos de carpintería.
“Lo hice y empecé a caminar, entonces aprender a caminar en la calle. Primero daba mis pasitos frente a la cuadra, luego me fui alejando poco a poco, aprendiendo a andar con el bastón. Tuve algunas lecciones que me sirvieron de experiencia para relacionarme sin problemas con la humanidad que me rodeaba. En la vida nunca desprecio la ayuda de nadie”.
En 1978 se fundó la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI), en Las Tunas, y al producirse ese acontecimiento Casanova ya manejaba muy bien el bastón.
“Me dio por enseñar a los demás ciegos a andar con el bastón, posteriormente aprendí el Sistema Braile y comencé a enseñarlo. Para mí la ANCI es como decir la segunda familia, es como si fuera mi casa.
“A mi me gusta pensar en el futuro, no me gusta que me hablen de velorio, que me hablen de fiesta. No, yo no pienso morirme, yo a la gente le digo siempre en broma que yo voy a durar 160 años.
“Me siento bien, hasta las 9:30 o 10:00 de la noche yo no me acuesto y siempre tengo que estar leyendo o fabrico algo. Siempre estoy activo”.
Con esa transparencia y sabiduría de quien ha vivido suficiente, Andrés Roberto Casanova Núñez, un hombre que no le temió a las pruebas de la vida, ni a las fatalidades que han caracterizado su existencia, quiso regalarnos sus sabias palabras y sobre todo un mensaje para las personas que como él hoy viven con una discapacidad.
“Piensen en el futuro, no abandonen a la Revolución Cubana. El hecho de ser ciego no es una limitación para abrirse paso en la vida; se puede luchar por la vida y siempre con el fin de hacer bien a los demás. No hay porqué acobardarse, piensen en lo bueno y nunca olviden que el hecho de ser ciego no quiere decir que uno está muerto”.


Twitter
Googlize this
Facebook
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.