
Los nuevos caminos de la Secundaria Básica.Iris Hernández RodríguezEsta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
El aula es grande. Para ser precisa, es larga. Todos los estudiantes tienen aproximadamente la misma edad: 14 años. Por eso no es raro que todos también quieran hablar, comentar, reírse, jaranear, agradar, impresionar, resaltar... Delante, una profesora intenta poner orden para enseñar la nueva regla ortográfica traída a clases. Luego, otro pretende chequear el ejercicio matemático dejado de tarea.
El tícher consigue hacer pronunciar una oración en inglés. En esta torre de Babel, prácticamente ninguno recuerda el nombre de sus estudiantes y estos pronto olvidarán el de los docentes. En verdad, son tantos... Sin embargo, el panorama debe ir cambiando pronto.
Para el período escolar 2011- 2012 se estableció la composición de las aulas de Secundaria Básica a no más de 35 alumnos, con el propósito de que poco a poco todas tengan 30, de acuerdo con la disponibilidad de profesores y de locales en las escuelas. Las Tunas está lista para comenzar septiembre con esa disposición.
Desde que comenzaron las transformaciones radicales que se consolidan hoy en el sistema educacional cubano, la Secundaria Básica ha ocupado siempre el mayor interés, sin demeritar otras, por supuesto. Pero, es que las complejidades de la enseñanza, principalmente marcadas por la edad de los estudiantes –en la adolescencia- constituyen un desafío para la formación integral de quienes llegan desde Primaria y luego deben elegir su continuidad de estudios al terminar noveno grado.
Hace ya casi una década se introdujo el Profesor General Integral que asumía todas las materias con un peso notable en las teleclases. El reto era el de multiplicar el aprendizaje hasta cuatro veces, con un modelo educativo y no instructivo, humanizado con los teleprofesores, según coinciden directivos y docentes. Se estimulaba también la investigación y no la repetición.
Uno de los frutos de esas novedades fue que cada vez existen menos diferencias entre un estudiante del campo y otro de la ciudad y se elevó la preparación del profesorado.
Sin embargo, poco a poco se demostró que las teleclases debían ser tan solo complemento y el maestro debía ocupar el centro del aula como establece el método tradicional, por lo cual se ha dejado su labor a dos asignaturas de una misma área del conocimiento.
Obviamente, cada modificación ha estado regida por la idea del perfeccionamiento del proceso docente educativo, lo cual no debe discurrir por caminos trillados, sino el del mejoramiento y la superación.


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