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Wafica Mehdi Ibrahim tras recibir, en mayo de 2009, la Medalla a la Amistad, condecoración otorgada, en virtud de sus méritos, por el presidente Raúl Castro Ruz en nombre del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Durante 33 días Wafi enfrentó, desde la Embajada de Cuba en Beirut, la criminal agresión desatada por Israel contra el Líbano en julio de 2006, guerra de la cual el ejército sionista salió vergonzosamente derrotado.

Las canciones del trovador cubano Silvio Rodríguez perduran en el corazón de Wafi y sus familiares, incansables luchadores por la causa de Los Cinco.
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Amor sin fin ni medida
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de Febrero de 2010, 7:12 am
. Wafica Mehdi Ibrahim, presidenta del Comité Libanés de Solidaridad con Cinco Cubanos Prisioneros Políticos en cárceles de los Estados Unidos por combatir el terrorismo confiesa a Tiempo21 la gran pasión que Cuba, Fidel Castro y Silvio Rodríguez despiertan en ella y sus familiares más cercanos.
. Es esta una hermosa historia de amor y de combate.
Raúl Estrada Zamora
estrada@enet.cu
Las bombas, los cohetes y los obuses del ejército israelí trituran la bellísima Beirut, capital de la República Libanesa. Es el 12 de julio de 2006. Se espera que de un momento a otro la metralla comience a caer también sobre la Embajada de Cuba, país en la mira de los sionistas y de sus protectores e instigadores: los Estados Unidos de América, resentidos por el invariable apoyo de los cubanos a Palestina y al resto del mundo árabe.
Pese al mortal peligro, en el interior de la sede diplomática reinan el orden y la serenidad. Desde allí, y en perfecto español, una libanesa mantiene constantemente informados a los dirigentes de la lejana Isla sobre el curso de los acontecimientos. ¿Su nombre?: Wafica Mehdi Ibrahim, la venerable Wafi, incondicional amiga del pueblo cubano y de su Revolución.
—Cuando comenzaron a evacuar a la población civil, a mí se me presentó un gran dilema –confiesa Wafi tres años y tres meses después a Tiempo21, vía correo electrónico-. Mi madre, mis hijos, mi esposo y demás familiares se marchaban hacia una zona segura, y yo decidí quedarme al lado de los cubanos, costara lo que costara. El salvaje ataque de Israel me obligó a tomar una determinación que me enorgullece y de la cual nunca me arrepentiré: vivir o morir por Cuba.
“Consideré que mi trabajo como traductora era de suma importancia en ese momento en que en la Isla debían conocer la barbarie desatada contra esta parte del mundo. Fue difícil; tuve que hablar mucho con mi familia, pues todos, excepto yo, se evacuaban a sitios menos peligrosos. Esta es una sociedad muy exigente con la mujer, y el hecho de haber dormido 33 noches fuera de mi casa es casi impensable desde los estándares árabes” -explica Wafi, con la misma diafanidad con que entonces convenció a los suyos. |
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“En aquellas trágicas circunstancias, la posición de mi hijo Nizar (en árabe antiguo significa león) fue muy importante; él dijo: 'quédate donde pienses que serás más necesaria', y así lo hice. Más tarde el resto de la familia lo entendió y me apoyó resueltamente. Me siento muy feliz de haber tomado aquella decisión, que marcó el inicio de una nueva era para mí: la de la entrega total a la causa cubana”. Wafi alega sentirse satisfecha porque “la resistencia de nuestro pueblo fue capaz de romper de una vez y por todas el mito que tanto ocupó la mente de la opinión pública internacional, relacionado con el ejército israelí como tropa invencible y cuarta fuerza militar del mundo, en razón de su poderío. Ese ejército salió del Líbano derrotado y desmoralizado, y los testimonios de sus soldados, difundidos por la prensa israelí y de otras partes del mundo, son la mejor prueba de ello.
“Lo más impresionante de esa guerra, y quizás sea su única verdadera utilidad, en medio del horror vivido con tanto descomunal bombardeo, ha sido la valentía de nuestro pueblo y su decisión de resistir y de acoger y defender a los combatientes de la Resistencia.
“Cuando un periodista preguntaba a algún compatriota acerca del dolor que sentía por haber perdido a un hijo, a otro familiar o a su vivienda, por culpa de esa guerra, recibía una respuesta digna y firme: 'Nada vale más que la patria. Estamos dispuestos a sacrificarnos mucho más y por mucho más tiempo, si la patria lo necesitara' .
“Eso me recuerda lo que dijo el presidente cubano Raúl Castro Ruz,creo que en agosto pasado: 'llevamos 50 años caminando en el filo de una navaja, en eso estamos entrenados, y somos capaces de resistir otros 50 años de agresiones y bloqueo”.
Según Wafi, “nuestra victoria frente al enemigo israelí dejó sin contenido los mitos de la derecha y la burguesía libanesas acerca del 'fatalismo geográfico', 'el invencible ejército de Israel' y respecto a que 'a fuerza del Líbano radica en su debilidad', derrotismo y veneno que quienes odian a nuestros pueblos regaban por doquiera.
“También despertó en la región, en la conciencia de los árabes, la idea de que es posible alcanzar la victoria, y de que el sacrificio y la unidad nos pueden acercar a nuestros objetivos.
“Fue algo que conmovió a estos pueblos, los cuales organizaron marchas gigantescas y espontáneas en protesta contra los regímenes que buscan firmar con los enemigos humillantes acuerdos de paz. Fuimos partícipes y testigos de multitudinarias manifestaciones llamando a la resistencia y a la firmeza, movilizaciones en las que no faltaron imágenes del Che Guevara y de Fidel Castro Ruz, alzadas en todos los rincones del mundo árabe.
“Han sido demostraciones que habían dejado de verse hacía ya varias décadas, desde la época del masivo apoyo de los árabes al líder Gamal Abdel Nasser”.
Soy de los cubanos de adentro
— ¿Cómo nació tu devoción por Cuba, por la Revolución cubana? –pregunto a Wafica.
—Me casé a los 17 años, cuando estudiaba en la Universidad la carrera de Biología. Mi novio, Ismail Ibrahim, profesor universitario de Filosofía e Idioma Árabe, era además dirigente del Partido Comunista Libanés, organización que lo designó para representarla en Cuba, y por eso nos mudamos a La Habana, apenas 15 días después de casados. Ahí comenzó mi infinito amor por tu maravillosa patria –me dice con tanta sinceridad, que me conmueve.
“Pese a mi corta edad, decidí casarme con Ismail, entre otras razones, por nuestra afinidad en cuanto a la forma de ver la vida, por las ideas políticas que comúnmente profesamos y defendemos. No sabía que iríamos a La Habana, y apenas tenía informaciones previas sobre Cuba; pero al llegar allá comprendí que la vida me daba la gran oportunidad de llenarme de valores éticos, virtudes solo alcanzables en aquella excepcional tierra tuya”.
Comenta Wafi que aprendió el idioma español y se dedicó a traducir “los largos discursos del Comandante en Jefe Fidel Castro”, los cuales enviaba a la prensa libanesa para su publicación. Me recuerda que en aquella época no existía Internet ni el correo electrónico, y debía esperar por alguien que viajara para hacer llegar los textos. “Esa fue mi real universidad, mediante la cual recibí mi formación política, ética y social”.
A su regreso al Líbano, 11 años después, Wafi completó sus estudios de español, gracias a la matriculación en el Centro Cervantes y la Universidad de Salamanca (España), sin abandonar la lucha contra el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba ni el cotidiano bregar por el sustento económico de la familia.
Su hija mayor, Nohita (en lengua árabe Noha significa talento), había nacido en el Hospital Ramón González Coro, de La Habana, el 6 de octubre de 1981. Cubana de nacimiento, estudió acá hasta los 10 años de edad y fue atleta infantil de nado sincronizado; luego del regreso al país de sus ancestros se doctoró en Genética, es profesora de la Universidad Libanesa y defendió su tesis de grado en Francia, donde al saberla cubana le preguntaban si era de “los cubanos de afuera”, y ella, invariablemente, respondía: “No, yo soy de los cubanos de adentro”, frase que enorgullece a su madre.
Por ser el idioma árabe tan rico en símiles y leyendas, pregunto a Wafi el significado de sus nombres, y me entero de que Wafica es sinónimo de “la amiga íntima” o “la más allegada”, mientras Mehdi, su apellido de soltera, quiere decir “persona que tiene fe”, e Ibrahim, apelativo tomado del esposo acorde con las leyes vigentes en su nación, recuerda al profeta así llamado y reconocido por la religión judía, la musulmana y otras denominaciones eclesiales.
Fue durante un viaje al Líbano que Wafi dio a luz a Nizar (cachorro de leones: león), quien también se tituló en una universidad, hoy ejerce como ingeniero y profesa un gran amor a Cuba.
Cuba es tan grande, que uno la lleva a cuestas toda la vida y no le pesa
Nunca he visitado el Líbano, pero ahora mismo puedo hacerme la idea de que estoy en Beirut, en casa de Ismail, Wafica, Nizar y Nohita, gracias a la empatía nacida entre Wafi y yo, y a su elocuente manera de contarme aspectos concernientes a su vida familiar.
Sentado en la sala de su casa, escucho a Silvio Rodríguez cuando dice: “ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan…, los hierros se fundieron ya…, la era está pariendo un corazón…, te convido a creerme cuando digo futuro…, te doy una canción de madrugada, cuando más siento el amor…, In Memoriam será la explosión…, y yo me muero como viví”.
Y en esa “cita con ángeles” y la predilecta música de la familia, se me hace agua la boca esperando un bistec con plátanos fritos, una suculenta ropa vieja (carne de res estofada); un mojito con ajos, naranja agria o limón; un guiso de frijoles negros, y hasta un postre de mermelada con queso, o una lasca de jalea de guayaba, que, de cuando en cuando, los amigos cubanos le hacen llegar a Wafica, y ella apenas puede probar, porque Nohita y Nizar pierden todo control, si de ese dulce se trata.
Durante mi virtual estancia allí, disimulo la glotonería contemplando los cuadros y las obras artesanales de cubanísima hechura que me rodean por doquiera. Nada en absoluto me es ajeno. Además de la familia, me acompañan las fotos de Fidel, el Che y Raúl. Estos adorables libaneses se llevaron a Cuba para su patria y su hogar, aunque más en el corazón que en las iconografías.
Si algo pudiera faltarme, Nohita no le da tregua al “gorrión” (nostalgia de los que están lejos de su país), y canta, en impecable español, ¡Qué linda es Cuba!, de Eduardo Saborit; Regresaré (letra de Antonio Guerrero musicalizada por Polo Montañez), y la mundialmente famosa guajira Guantanamera, inmortalizada por Joseíto Fernández y Pete Seeger.
Cuba es tan grande, pero tan dulce y suave, que Wafi decidió llevársela a cuestas para toda la vida, según dice, sin sentir ni el menor peso.
La irrenunciable lucha por la liberación de Los Cinco cubanos presos en los Estados Unidos
Hay una bellísima faceta en la vida de Wafica, internacionalmente conocida, y es su labor como Coordinadora del Comité Libanés de Solidaridad con los Cinco Cubanos prisioneros políticos en Estados Unidos (Lebanese for Cuban Five, según las siglas en inglés): L4C5,
movimiento muy combativo, entre cuyos dirigentes se encuentran, además, Hadi Bekdache, Secretario Ejecutivo; el periodista Bassam Kantar, Responsable de Prensa e Información Árabe, y Anwar Yassine, ex preso liberado de las cárceles de Israel después de 17 años de encierro y actualmente a cargo de las relaciones con los patriotas salidos de las prisiones sionistas.
Forman parte de dicha dirigencia, igualmente, Mohammed Hachicho, quien responde por los vínculos con las demás organizaciones y partidos políticos, y el doctor Hassan Jouni, profesor y experto en Leyes Internacionales, designado para atender los asuntos legales y jurídicos del L4C5, cuyo Presidente de Honor es Samir Kantar, ex preso liberado después de 30 años de encarcelamiento en los calabozos de Israel, adonde lo habían remitido, sentenciado a 347 años, por su infatigable batallar a favor de los árabes.
Explica Wafi que “todas nuestras actividades relacionadas con el accionar solidario por Los Cinco, tanto en el Líbano como en el mundo entero, pueden encontrarse con detalles e imágenes en nuestra Web: http://www.lebanese4cuban5.com/spanish.html, concebida exclusivamente para defender dicha causa. Es el primer sitio en árabe creado con ese objetivo, pero sale también en otros tres idiomas: español, francés e inglés.
“¿Quiénes son para nosotros Los Cinco?: lo mismo que para la juventud de hoy a nivel mundial. En ellos las nuevas generaciones tienen ejemplos paradigmáticos. Hijos auténticos del grandioso pueblo cubano, son una escuela y a la vez prominentes alumnos del Héroe Nacional José Martí y de Fidel Castro. Lo están sacrificando todo por su patria, sus principios, la paz de su pueblo y las demás naciones del planeta. A esos hombres les juramos una y mil veces que no los defraudaremos ni abandonaremos jamás. Como dijo Fidel: ¡Volverán!
“Entre los Cinco y yo hay una historia sublime de comunicación directa y diaria. Ellos son miembros de nuestro núcleo familiar, los hijos que queremos que regresen a casa, motivo para las cotidianas oraciones de mi mamá, hermanos que me acompañan a cada minuto, en la casa, en mi oficina, en el auto. Hasta prendidos con alfileres en mis chaquetas los llevo a todas partes, y sus imágenes forman parte del logotipo del Comité.
“Mantenemos relaciones muy estrechas con nuestra querida Alicia Jrapko, Coordinadora en Estados Unidos del Comité Internacional Pro-Cinco, y he intercambiado cartas Gerardo (Hernández) y Tony (Antonio Guerrero), y he recibido, en diferentes momentos, recados y mensajes verbales de Fernando (González), René (González) y Ramón (Labañino). Sostengo con los familiares de Los Cinco una relación afectiva, tierna y solidaria muy bonita. Ellos defienden a su Revolución defendiendo a sus hijos, son solidarios con la causa de nuestros pueblos árabes y nosotros los sentimos como hermanos y como tales los queremos.
“Para mí hoy la causa de Los Cinco es el ingrediente esencial de nuestro movimiento solidario con el pueblo cubano y su legítimo derecho a vivir en paz y a avanzar por el camino del progreso que eligió como opción, hace ya 50 años”.
Por quien merece amor
Temblorosa, reseca la boca y húmedos los ojos por la incontrolable emoción, el 25 de mayo de 2009 Wafica Mehdi Ibrahim recibe la Medalla de la Amistad, otorgada por el presidente Raúl Castro Ruz en nombre del Consejo de Estado de la República de Cuba, en reconocimiento a sus valiosos servicios a favor de los cubanos y todas las nobles causas del mundo.
Ella misma no se explica por qué le cuesta más enfrentarse a ese homenaje que a la asesina metralla de Israel, cuando decidió jugarse la piel por Cuba y permaneció en la Embajada de la Isla en Beirut durante los amargos días de la agresión sionista a su patria.
“Pienso que fue un honor que quizás no mereciera, porque el verdadero mérito le corresponde a la Revolución cubana y a Los Cinco. Pero me hizo muy feliz, y para mí significó un respiro…, un alto en el camino para seguir adelante".
— ¿Fue ese tu momento más feliz en tu lucha al lado de Cuba?
—No; ese acto me gratificó muchísimo, pero mi más plena felicidad me la proporcionó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en ocasión del Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, celebrado a inicios de 1980, y evento al cual asistí.
“Fidel tomó la palabra y comenzó a pronunciar una frase suya que yo había leído, casualmente, el día anterior. Para esa fecha yo dominaba algo el español, y por esos ímpetus de los jóvenes no pude soportar la tentación: me puse de pie, lo interrumpí y concluí en alta voz su expresión antes que él.
“Fidel detuvo su alocución, se cruzó de brazos y preguntó quién era esa compañera, a lo cual yo respondí: Comandante, soy libanesa, y tuvimos un intercambio que me marcó para el resto de mi vida”.
Leo estas confesiones de Wafi y, sin moverme de mi casa en la ciudad de Las Tunas, 690 kilómetros al este de la capital cubana, sigo virtualmente sentado en su hogar, allá en Beirut, Líbano, país de los cedros. Me rodean su familia, el Che, Raúl y Fidel, y continúo acompañado por Silvio Rodríguez, ese excelente trovador, empeñado en recordarnos que “nuestro amor no precisa frontera, como la primavera no prefiere jardín”, y que “mi amor (…) es un sol encendido, por quien merece amor”.
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