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Todo sobre
Los Cinco. Las Tunas, Cuba,
Lunes, 28 de Abril de 2008 |
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Amor
de viento y fuego
Texto y foto:
Miguel Díaz Nápoles
¿Quién me falta por despedirme?
Gerardo Hernández Nordelo lanza al aire
la pregunta al tiempo que recorre con la
mirada el grupo de personas que han
acudido a despedirlo. Y encuentra los
ojos de Adriana, que lo miran fijamente,
con la tristeza de una distancia que ya
comienza a ser real. Y la ve detenida en
el tiempo, como haciéndole ver que se
niega a la separación. Y se estremece en
su interior, y trata de adivinar cada
uno de sus pensamientos, al tiempo que
recuerda en solo un instante cada minuto
vivido, en la grandeza de un amor que
cada día tiene alimento nuevo. Quiere
caminar hacia ella, pero está como
aferrado al piso, porque él también se
niega a la separación. Entonces, como
sacando fuerzas de lo más íntimo de su
ser, se acerca a ella, con la prisa de
un siglo, hasta que siente entre sus
brazos el delicado cuerpo de su amada, a
quien besa casi sin fuerzas para
soportar tanto dolor. Y se vira, y no
vuelven a mirarse más, y cada uno busca
la fortaleza que necesita para alejarse,
y camina como flotando en el aire, hacia
la distancia.
II
Fue un momento muy duro. Sabíamos que la
separación iba a ser física, pero no
sicológica ni sentimental porque ambos
siempre hemos estado implícitos en la
vida del otro de una manera permanente.
Nunca imaginé una despedida fuera tan
larga, real y tan distante. Fue
despedida muy dura, desgarradora para
los dos, porque aunque yo no sabía lo
que Gerardo estaba haciendo y sentía la
necesidad de seguir a su lado. Habíamos
disfrutado de un tiempo juntos muy
lindo, que sabíamos que tenía un momento
final que eran unas vacaciones, pero que
no queríamos ponerle final. Y el final
llegaba con la despedida y nunca me
imaginé que el tiempo me deparara tantos
años de separación. No me gusta recordar
la despedida como todo lo que me dejó,
eso me alimenta mucho más.
Ahora nos sustentamos en muchas cosas.
Primero nuestra relación tiene 19 años,
y ha tenido como patrón fundamental el
amor. Con el amor tú vas creando
determinadas condiciones para que se
siga desarrollando, determinado nivel de
comunicación, de respeto, de admiración,
de sinceridad, y eso va sustentando el
edificio que hemos levantado durante
todos estos años. Cuando nosotros
analizamos el tiempo que llevamos
separados, nos agarramos de todos los
recuerdos lindos de una relación que la
hemos llevado a cabo sin grandes
problemas, sin grandes discusiones,
conflictos, lo que da la posibilidad de
desarrollar muchos valores dentro de
ella, que al final de la vida te dan la
certeza de decir: tengo muchas cosas que
recordar, muchas cosas por las cuales
seguir viviendo y seguir haciendo para
volverlas a vivir. Nunca hemos perdido
la esperanza de volvernos a reunir. No
es posible que yo renuncie hoy a ese
amor por no sacrificarme como lo hace
él, aunque para mí no es un sacrificio,
es el valor de nuestro amor y las
añoranzas de vivir juntos.
III
Nosotros nos conocimos en una parada de
ómnibus cuando éramos estudiantes, y
empezó una relación de amistad a través
de unos poemas que él comenzó a
regalarme. El primer poema se titulaba
"Poema de muchacha de la parada", y a
partir de ahí comenzamos a establecer
una relación muy buena, y por eso cuando
te hablaba de la base que sustentaba
nuestra relación, habíamos ido poniendo
diferentes tipos de piedra para
sustentar entonces lo que serían los
cimientos de este edificio.
Primero teníamos muchas cosas en común:
las amistades, las ideas que teníamos
para el futuro, los valores, la familia
que teníamos constituida hasta ese
momento, y era algo que nos daba mucho
sustento para nosotros también.
El noviazgo duró un año y ocho meses.
Planificamos el matrimonio con mucho
tiempo, es decir, con siete meses de
antelación y empezamos a preparar todo
lo que nos iba a dar mucha satisfacción
para disfrutar los preparativos del
matrimonio. La boda fue en 1988 por lo
que cumplimos 17 años en el actual
julio, y recuerdo un noviazgo muy
tranquilo desde el punto de vista de que
no había nada que entorpeciera la
relación, pero sí tratábamos de
disfrutar cada momento, compartíamos
juntos los trabajos voluntarios,
teníamos poco tiempo para compartir
algunas cosas, y tratábamos de sacar
entonces el tiempo para permanecer
juntos, ya fuera en la guagua, nos
poníamos de acuerdo para tomar la guagua
o la tomábamos en diferentes paradas y
nos hacíamos señas cuando uno de los dos
iba en ella para que el otro montara,
disfrutábamos esos raticos, y a veces
nos veíamos en el malecón, disfrutábamos
del cine, el teatro, compartíamos con
muchos amigos y siempre estábamos
preparando algún tipo de excursión.
Recuerdo un buen noviazgo y así mismo ha
sido el matrimonio. Él dice que es un
noviazgo eterno, que no ha cambiado y
creo que esto también se debe a que mi
mamá nos vio parece que tan enamorados y
expresó que ojalá y eso nunca acabara ni
con el tiempo y él le prometió que no,
que eso no cambiaría, le dijo "no
señora, no se preocupe que nunca va a
cambiar, siempre seremos así" y lo ha
demostrado hasta el punto de que él
evita que mi mamá conozca alguna
diferencia entre nosotros para no darle
el disgusto.
IV
¿Caracterizarte al Gerardo de aquella
época? Es el mismo de ahora, no ha
cambiado. Gerardo ha madurado con los
años, con las responsabilidades, pero no
ha cambiado ninguna de las cualidades ni
de los valores que tenía cuando lo
conocí. Es el hombre de detalle,
responsable, alegre, optimista por
naturaleza, muy serio a la hora de
enfrentar algo, muy analítico, muy
regado, pero muy cuidadoso, a pesar de
su desorden no pierde absolutamente
nada, sabe dónde está cada cosa, pero es
una persona conservadora desde el punto
de vista de los detalles y de cuidar las
cosas, le gusta conservar las reliquias
o cualquier objeto que le regalen que
represente algo para él, le gusta
mantenerlo hasta el final, con mucho
cuidado y celo, es muy humano y muy
honesto, le gustan las bromas, y por
supuesto dice cualquier mentira para
bromear pero no las deja así, no le
gusta dañar a nadie ni siquiera con un
gesto o palabra.
No es el hombre que habla en el primer
instante, él deja que todos hablen y
expresen sus criterios y cuando se puede
él da el suyo, sin imponerlo, llevando
quizás a un análisis a todos los demás,
pero sin imponerlo, por eso creo que
estudió una carrera muy afín con su
personalidad que fue la diplomacia.
Gerardo es una persona que entra a un
lugar y todo el mundo tiene que mirarlo
aunque él no haya hecho absolutamente
nada, pero se gana el cariño de las
personas prácticamente sin hablar.
¿El detalle que más te gusta de él? (Se
ríe a carcajadas). Hay muchas cosas que
me gustan de Gerardo, no puedo decirte
una en específico, pero mira, su
humor... es el conjunto de los detalles,
él no olvida una fecha, es una
persona... ahora pensándolo así, de las
cosas que más extraño de forma directa
porque no me ha faltado, pero que en la
convivencia siempre estaba permanente es
la forma que él tiene de sorprenderte...
Tú a veces piensas que Gerardo ha
agotado todos los recursos que te pueden
alarmar, sorprenderte, pero no, tiene
una facilidad para ingeniar las cosas,
para llevarlas a efecto, para crear, que
siempre está pendiente de sorprenderte.
Él aplica eso de que el amor hay que
cultivarlo todos los días, no falta un
halago, una sonrisa, una crítica, un
obsequio por mínimo que sea, un mensaje,
y son detalles. Yo podría entrar a mi
cuarto y estar haciendo cualquier cosa y
de buenas a primeras sorprenderme por
encontrarme una flor en el lugar menos
esperado.
Él a veces que se incomodaba un poquito
conmigo porque decía que yo no tenía la
misma curiosidad de todas las mujeres
que iban a registrar, a buscar y a veces
me podía demorar más tiempo del que
realmente él quería para yo encontrar
algún detalle de ese tipo, porque lo
podía poner debajo de una almohada, o en
una gaveta de la ropa interior, o
simplemente dentro de mi monedero, o de
mi creyón de labios, que hasta que yo no
lo destapara no lo tenía. O como me
ocurrió en una oportunidad, que dentro
de un bolígrado me puso un mensaje de
amor y cuando lo abrí para cambiar el
repuesto a los varios meses, fue que lo
encontré. Aun Gerardo ya lejos, fuera de
Cuba, encontré muchos de sus mensajes en
cualquier lugar porque es la forma que
tiene de estar presente a cada momento.
Por eso te digo que es un hombre de
muchos detalles que no pasaba por alto
un color de esmalte de uña, unos aretes,
una ropa nueva o hasta una posición al
pararme, algo que fuera nuevo para él
siempre se iba a dar cuenta. Fíjate que
estuvimos mucho tiempo sin comunicación,
totalmente aislados, y la primera vez
que recibió una foto mía al cabo de tres
años, me describió todo lo que había en
la foto, al punto de que pudo definir
qué yo tenía colgado en mi cadena en ese
instante, y me sorprendió porque ni yo
misma podría darme cuenta en la foto, él
buscó cada detalle y lo describió.
V
Siempre quisimos tener dos hijos, hembra
y varón... dos por aquello de no dejar
un hijo solo, de que los hijos únicos
son más dependientes de los padres, y se
sacrifican un poco de esa manera, de que
no podían hacer toda su independencia;
mi mamá me enseñó también que un hijo
solo no conocía el amor de tío, de
sobrinos, de cuñados... Gerardo tiene
dos hermanas más, una ya fallecida, y yo
tengo un hermano también, menor que yo,
y Gerardo es el más pequeño. Siempre
estábamos valorando cómo hacer...
queríamos que fuera primero una hembra,
por solicitud de él, porque como iba a
ser el nieto más chiquito de su familia
y supuestamente el nieto mayor de la
mía, podía ser muy malcriado si era un
varón, y era preferible una hembra para
que todo el mundo volcara aquellos
sentimientos, y luego vendría el varón.
Después, cuando ya había pasado un poco
el tiempo, que si nos quedábamos con uno
que si iba a ser hembra, o varón, yo
quería que fuera hembra, él varón, para
que siguera el apellido, toda esa
historia quedaba ahí; ya habíamos
empezado a preparar una canastilla, con
el comienzo del Período Especial, yo
estudiaba y habíamos pensado que cuando
terminara mi carrera, porque estudiaba y
trabajaba... y así pasó el tiempo y
llegó la misión de Gerardo y comenzamos
a posponer un poco este sueño porque la
edad nos lo permitía; y ya en una
conversación llegamos al acuerdo de no
tener los hijos estando separados,
porque me parecía un egoismo de mi parte
criar a un hijo sin que él tuviera
participación directa o que no pudiera
disfrutar de todo eso, que a lo mejor no
existía la posibilidad para tener un
segundo hijo y que él nunca lo podria
vivir y él estuvo muy de acuerdo.
Entonces se empieza a valorar el nombre
que si era varón tal nombre, que si era
hembra... por eso en el libro El dulce
abismo existen tantas cosas escritas con
el nombre, y hasta tenemos una apuesta
con el nombre, que la cumpliremos en
dependencia del que gane, pero siempre
hemos visto esto con optimismo, con
determinada madurez en caso de que no
pueda ocurrir porque el tiempo va
marcando determinadas funciones
biológicas y puede que no llegue.
¿Lo que más quisiera que sacaran mis
hijos de Gerardo? (Ríe a carcajadas)
¿Desde el punto de vista físico o de
valores?
Bueno, de valores todo, excepto el
desorden (vuelve a reír) que no es un
valor, es un defecto; y físicamente...
yo el otro dia estaba sola pensando
dentro de todo lo que pienso en el día,
y estaba pensando en lo que le diría a
Gerardo con respecto a eso de los
hijos... yo conversaba sola -como
siempre hago- pero como si él estuviera
frente a mí y respondiéndome, y le decía
tú te imaginas que un hijo nuestro que
por lo general saca las cosas de la
tercera generación, en este caso hereda
las cosas de sus abuelos, que saque todo
lo feo que tengan tus abuelos y tus
padres porque hasta ahora tú tienes
cinco sobrinos y ninguno ha sacado la
frente de tu mamá, la nariz de tu
papá... y empezaba yo misma a sacar
todos los defectos y yo misma me reía
por la respuesta que él me daba, porque
eso es algo que sí tenemos muy bien; yo
hablo con Gerardo en mi mente y Gerardo
me responde, y es exactamente lo mismo
que Gerardo me responde cuando se lo
escribo... ¿pero qué me gustaría que
sacara de Gerardo?... la sonrisa, me
gusta como Gerardo se ríe, muchísimo, y
el color de los ojos... ¿Y de mí?... Las
cejas.
VI
Cuando supe en lo que verdaderamente
andaba sentí muchas cosas, y no fue
tanto en el instante en que me lo
dijeron como después, cuando ya me quedé
sola pensando, y lo que sentí fue temor
a cómo podía yo enfrentarlo, aunque por
supuesto sentía temor a que le pasara
algo malo, y siempre dije que no estaba
preparada para una pena de muerte, pero
sí para cualquier otra cosa. Siempre
dije que yo necesitaba prepararme, y que
yo estaba segura de que el primer año
iba a estar sin muchos problemas, pero
de ahí en lo adelante tendría que
acumular fuerzas. Sentí en el primer
momento una mezcla de cosas... primero
sentí que el corazón se detenía y dejaba
de respirar, por la impresión de conocer
la noticia en ese momento, de lo que
estaba ocurriendo pero sobre todo de lo
que vendría después. ¿Qué pasaría, qué
ocurriría con los cinco, qué tipo de
cargos podrían enfrentar, qué pasaría
con la historia después, porque vinieron
tiempos de silencio total?; sentí
orgullo cuando me dijeron lo que era, me
di cuenta de que no estaba equivocada
con el hombre que había elegido, pero
sentí que los sueños se habían detenido,
como mismo se detuvo en ese instante mi
corazón y mi respiración, se detuvieron
los sueños, y pensé en todo lo que
habíamos planificado, y quedaba dormido
en ese momento.
Él tiene muchos planes para cuando
llegue, tengo muchas cosas, muchas
ideas, vamos a hacer muy felices, me
dice, y son respuestas a ciertos temores
que tengo sobre la convivencia porque
son muchos años sin convivir,
acostumbrada a vivir sola, a comer sola,
a dormir sola, a decidir cosas solas, y
él me dice que no le tiene ningún temor
a la convicencia porque está convencido
de que tiene tanto amor y tantas cosas
nuevas que hacer, rectificar los errores
anteriores. El primer mes no quiere que
nadie nos moleste, dice que quitará el
teléfono, el timbre, lo quitará todo, y
pondrá hasta una puerta de hierro para
que la gente se rompa los nudillos
cuando toquen, para poder estar
independientes, porque realmente
necesitamos conversar, encontrarnos
desde el punto de vista de las cosas que
no hemos tenido y yo trato de todas
formas de mantener todos los valores y
sus detalles, y todo lo que compro lo
guardo, y todo lo que hago es en función
de los dos, preservo todas las cosas
como a él le gustan, y eso es lo que
tengo siempre para él.
VII
Vuelves al papel en blanco, a dejar esta
hilera de pensamientos para siempre,
para que ni la muerte pueda acabar con
este amor insigne y profundo que le
tienes y con esta gratitud inmensa que
le profesas. Y sientes la mano de
Gerardo que se aferra a tu pelo, y sus
labios acarician tus párpados, y te
recorre su aliento, y te sorprendes con
la rosa que sin darte cuenta ha acunado
en tu regazo. Entonces, sin la prisa de
los pasos, con la pasión y la entrega de
los locos, recoges los besos que has
sembrado, y sientes cómo tu cuerpo se
levanta y se funden en un solo ser, y se
vuelven apacibles los agresivos
temporales, y se aman en la penumbra del
silencio para beber distancias por demás
inconmovibles. Penetras en su risa, la
misma que desvela tus sentidos, y te
miras en sus ojos, como buscando la
razón de amarlo tanto, mientras tu
cuerpo se estremece a la sombra de ese
árbol que ha cobijado tu existencia y
que ahora es la realidad atada al
tiempo. Caminan muy despacio, con las
olas bañando los pies desnudos, y su
hombro se vuelve tu almohada, mientras
tienes la certeza de que el amor es como
el viento al fuego: aviva a los fuertes
y apaga a los débiles.
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