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cuentes.
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Ven acá, chico ¿qué clase de padre
tú eres…?
Desde su cuarto Raquelita ha
escuchado toda la discusión de sus
padres y decide dejar que piensen lo
que quieran. En definitiva, ellos
nunca se han preocupado por sus
cosas, así que un sustico no les
vendrá nada mal –se dice- y sonríe
con picardía…
Los
problemas de la niña son otros en
realidad: la próxima semana debe
entregar un trabajo de clase sobre
el embarazo en la adolescencia y no
sabe por donde empezar. Sus padres
nunca le han hablado del tema, y lo
poco que sabe, lo ha “aprendido” con
sus amigas, jóvenes como ella, sin
ninguna experiencia.
El
caso que les presento no es obra de
mi imaginación, aunque no niego que
cuando me lo contó una de las amigas
de la joven Raquel, también sonreí
con las cosas que me dijo…
La
falta de una comunicación eficaz en
la adolescencia es, por estos
tiempos, uno de los problemas más
frecuentes, debido a que en esta
etapa se generan cambios biológicos,
sicológicos y sociales, que anuncian
la llegada de la pubertad, como
inusitada estación del cuerpo, que
marcan el inicio de la adolescencia.
Todo ello hace más complejo el
diálogo, lo que se agudiza cuando en
una misma familia coinciden dos,
tres y cuatro generaciones,
situación que puede ser la causa de
conflictos en la comunicación e
incidir en la orientación y
educación de las muchachas y
muchachos.
Investigaciones realizadas
demuestran que la mayoría de las
jóvenes no tienen percepción del
riesgo y ven la posibilidad de salir
embarazadas como algo que a ellas no
les va a ocurrir, al tiempo que se
animan pensando muchas veces que
esas son cosas de mujeres de más
edad.
Otras ocultan su embarazo o niegan
estar en estado de gestación, y al
no decirlo, corren el riesgo de no
poder acceder a tiempo a una
atención especializada que les evite
posibles complicaciones.
En
estas condiciones la joven
interrumpe su vida, sus sueños y
reduce al mínimo sus posibilidades
de desarrollo, al tener que asumir
una responsabilidad para la cual
todavía no está preparada, mientras
contempla como el resto de sus
amigas sigue el curso normal de las
actividades propias de su edad.
Por todas estas razones, muchas se
sienten frustradas y hacen palpable
manifestaciones adversas, tales como
la depresión y la exclusión de su
grupo de amigos y compañeros de
aula; otras veces desean tener su
hijo, pero no lo valoran con la
responsabilidad que se requiere.
El
reconocimiento del riesgo que
representa el embarazo para la
adolescente ha dirigido la atención
de obstetras y sicólogos hacia ese
sector de la sociedad.
El
mayor peligro de parto pretérmino, y
de muertes neonatales en los hijos
de madres adolescentes, ha sido
descrito por algunos autores, que
identifican, además de la toxemia,
partos prolongados y aumento de la
incidencia de cesáreas en este grupo
de riesgo, en tanto otros coinciden
en resaltar el incremento en la
frecuencia de la anemia, la toxemia
y otras complicaciones puerperales
en estas pacientes.
Contribuir a mejorar estas
circunstancias, es deber y
obligación de las instituciones de
Salud, Educación, la Federación de
Mujeres Cubanas y los grupos
comunitarios, con acciones que
faciliten el intercambio
intergeneracional e incluso, entre
los propios muchachos, lo cual
incluye la capacitación, la
investigación y la reproducción de
materiales educativos que informen y
eduquen a los adolescentes de uno y
otro sexos, y sobre todo, a sus
familias. Solo así fluirá la
comunicación y el intercambio será
más eficaz.
Los cambios corporales que anuncian
la llegada de la pubertad, como
inusitada estación del cuerpo, y que
marcan el inicio de la adolescencia,
provocan cierto desconcierto en los
púberes y adultos cercanos. Comienza
una nueva etapa de aprendizaje y
cambios.
Consideramos a la adolescencia como
una etapa de la vida en sí misma,
como la niñez o la edad adulta, y no
como un período de transición de un
estado a otro, por lo tanto y
siguiendo los criterios de la
Organización Mundial de la Salud, la
consideramos como la etapa que
trascurre desde la pubertad hasta
los 19 años.
La
adolescencia es un concepto que
además de comprender lo biológico,
lo rebasa, y muchas de sus
características dependen de factores
socio-culturales, según apuntes de
psicología médica.
Los
demógrafos cubanos han identificado
un proceso de rejuvenecimiento de la
fecundidad cubana y señalan que las
mujeres están teniendo hijos en
edades más tempranas.
Estados Unidos de Norteamérica
presenta una situación específica
que lo hace similar a nosotros y los
diferencia de los países
desarrollados de Europa Occidental.
En estudios allí realizados han
encontrado un aumento dramático de
porcentaje de mujeres adolescentes,
que mantienen vida sexual activa. El
adolescente de hoy en día tiene
mayores posibilidades de enfrentar
el fenómeno de un embarazo, deseado
o no, lo cual acarrea toda una serie
de problemas.
Para poder comprender mejor lo
dramático de la situación debemos
recordar que alrededor del 50 por
ciento de las adolescentes entre 15
y 19 años, tienen vida sexual
activa. Hay autores que plantean un
incremento del 10 por ciento anual
de mujeres con relaciones sexuales a
partir de los 12 años hasta los 19.
Por
otro lado, el 25 por ciento de las
adolescentes con experiencia sexual
se embarazan y ocurre el 60 por
ciento de estas gestiones en los
primeros 6 meses posteriores al
inicio de las relaciones sexuales.
Además debemos añadir que alrededor
del 35 % de las madres adolescentes
son solteras y que el 50 por ciento
de las madres solteras son
adolescentes; si añadimos que entre
el 60 y el 70 por ciento de estos
embarazos no son deseados, podemos
comprender los efectos psicosociales
de este fenómeno.2,4
No sólo evita embarazos, sino las
ITS
Independientemente de que podamos
aconsejar, sugerir, contribuir a
formar y educar a los adolescentes
de uno u otro sexo en la
responsabilidad de asumir su
sexualidad cuando la están
descubriendo, tratamos de insistir
en el uso del condón como el método
anticonceptivo más apropiado, que
además de evitar el embarazo también
previene las infecciones de
transmisión sexual, entre las que el
VIH/SIDA es la más peligrosa.
Para recibir atención y orientación
respecto a los métodos
anticonceptivos apropiados en esta
etapa, existen las consultas de
gineco-obstetricia infanto-juvenil
en los hospitales pediátricos, donde
personal capacitado ofrece esos
consejos, porque la fisiología de
una joven evidentemente es diferente
de la de una mujer madura. Ante
cualquier irregularidad, situación
de duda o desarreglo, las
adolescentes pueden acudir a estas
consultas.
¿Tiene hijos adolescentes?
Ser
madre y padre de un adolescente no
es tan temible como suena. Recuerde
que ayudar a su prole a crecer
requiere tiempo, paciencia y
compromiso.
Algunas sugerencias:
. Deje saber a su hijo (hembra o
varón) que lo ama, pase lo que pase.
Ellos necesitan una relación de
confianza y cariño.
. Hable con ellos, escuche sus ideas
y opiniones.
. Conozca a sus amigos. Compartan
actividades juntos.
. Asista a todas las reuniones,
conferencias o actividades de la
escuela.
. Enséñelo a respetarse y a respetar
a los demás.
. Muéstrele que está orgulloso de
sus logros, tanto grandes como
pequeños.
Aún no es tiempo para la
maternidad ni la paternidad
Los adolescentes deben disfrutar esa
etapa de la vida estudiando,
preparándose para el futuro;
practicando deportes; dialogando y
compartiendo sus ideas y
preocupaciones con la familia y
profesores; y participando con su
grupo de amigos y amigas en
actividades recreativas saludables.
Han
de saber que en las relaciones
sexuales deben prevalecer el amor,
el respeto, la confianza y la
responsabilidad de la pareja. Y
existen métodos anticonceptivos para
evitar el embarazo, que pueden ser
informados por el médico y enfermera
de la comunidad y en las consultas
de planificación familiar del
policlínico.
Es
importante conocer que el embarazo
en la adolescencia es considerado de
alto riesgo para la vida, pues no se
ha completado el desarrollo físico y
psicológico de las muchachas.
El
aborto y las regulaciones
menstruales no son métodos
anticonceptivos. Son un riesgo para
las muchachas y una responsabilidad
para los muchachos, que se pueden
evitar aprendiendo sobre el proceso
de la reproducción, preparándose
para disfrutar de una sexualidad
sana y feliz, y si no se pueden
evitar las relaciones sexuales sí
puede prevenirse un embarazo no
deseado.
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