Efusividad
en tiempos
de gripe
6
de
Febrero
de 2010, 8:00 am
Iris Hernández
Rodríguez
neysi@enet.cu
Aunque ya no
se habla
como al
principio de
aparecida la
gripe A
H1N1, la
enfermedad
sigue
causando
estragos y
en el plano
personal
mucha gente
baja la
guardia. En
los centros
educacionales
se hace una
pesquisa
permanente
entre el
estudiantado
y se
suspende
asistencia
de niños o
jóvenes con
estado
gripal. Sin
embargo, la
efusividad
propia de
los cubanos
no entiende
de
precauciones.
Lo más
parecido que
hemos
conseguido
la mayoría
de los
cubanos a
evitar el
contagio de
cualquier
estado
gripal, es
cumplir con
la tradición
de no
visitar la
vivienda
donde ha
llegado un
recién
nacido. Y
para eso
algunas
personas
ignoran la
precaución.
Pero, ahora,
con la
irrupción de
la indeseada
A H1N1 entre
nosotros, el
asunto es
serio.
Cualquier
medida para
dejarla
fuera de
casa y
evitarla a
toda costa,
es poca.
Las
autoridades
de salud
insisten en
elevar la
percepción
de riesgo de
la gente
sobre el
peligro que
representa
esta
pandemia.
Más allá de
lavar
constantemente
las manos,
taparse la
boca al
toser o
estornudar y
mantener la
higiene del
hogar,
(sugerencias
intemporales
ante otros
brotes de
enfermedades),
se ha
llegado a
plantear
abiertamente
la necesidad
de evitar
los saludos
con besos y
apretones de
mano, y
alejarse de
quien
muestre
síntomas de
catarro.
¿Cómo se las
pueden
arreglar los
nacidos en
este
Archipiélago
tan dados a
la
efusividad?
Pues debemos
aprender.
En materia
de
prevención
del contagio
de los
catarros,
por llevarlo
al plano más
común,
debemos
confesar
nuestra
incultura.
De la misma
manera que
compartimos
un vaso con
un enfermo,
solemos
permanecer
en locales
cerrados,
acudir a
todas las
actividades
y, hasta
hablar muy
próximo de
los otros
cuando
tenemos
gripe. Sin
embargo, la
seriedad del
momento que
vivimos
obliga a
reconsiderar
ciertas
costumbres
en aras de
detener el
avance de la
enfermedad.
Aunque
parezcamos
exagerados
si aislamos
los
cubiertos de
un familiar
acatarrado,
llevamos
encima un
vaso para
merendar en
la calle,
evitamos las
aglomeraciones,
estas
constituyen
la garantía
para no
enfermar y
no llevar el
contagio a
los niños o
a los
restantes
familiares.
La
responsabilidad
en estos
casos
responde a
cumplir con
el
comportamiento
recomendado
por los
especialistas,
pero
igualmente
permanecer
en casa si
tenemos un
certificado
médico y no
deambular
como si
estuviéramos
de
vacaciones.
Las
particularidades
del nuevo
virus
radican,
además de no
tenerse
absoluto
conocimiento
científico
de él, en la
facilidad
para
trasmitirse
de persona a
persona, al
ponerse en
contacto con
las
secreciones
del enfermo;
y la
capacidad
para que un
cuadro
catarral
desencadene
una
enfermedad
pulmonar
grave. Por
eso, la
insistencia
en acudir a
los centros
de salud
cuando
aparece
fiebre, tos,
falta de
aire,
malestar
general,
dolor en el
pecho y en
el cuerpo, e
incluso
vómitos y
diarreas.
Aprender a
prevenir el
contagio de
las
infecciones
respiratorias
agudas, es
una
enseñanza
por
incorporar
en los
hábitos
cotidianos a
partir de la
experiencia
actual.
Tales
medidas no
están
reñidas con
las
costumbres
como la
forma de
saludar.
Pero, si
usted tiene
un cuadro
gripal creo
sus seres
allegados y
compañeros,
le
agradecerán
privarse de
un beso o un
apretón de
manos… al
menos hasta
que la
Influenza A
H1N1 haya
pasado a la
historia.
|