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Tengo una relación
extraña con esta ciudad, la odio y la quiero. Así me
dijo una noche de finales de septiembre del 2000 cuando
la Asamblea del Poder Popular municipal de Las Tunas le
concedía el Premio de la Ciudad, alto reconocimiento
hecho a un hijo ilustre. La pregunta amén de la
concebida inmediatez periodística, tenía de fondo hurgar
en la mente de este narrador que desnudaba a sus
correligionarios, los convertía en protagonistas de
tristes historias, estampas que al fin de todo conforman
muchas veces la vida de un pueblo pequeño y retirado de
la capital del país. A esta ciudad y sus gentes les dio
la trascendencia universal, que solo se gana a través de
lo auténticamente local y artístico.
Hoy la ciudad lo llora, lo ha de llorar por siempre. Ha
perdido a su cronista, al caballero de aspecto medieval
que la recorría, para luego hacerla latir en sus
historias. Un año después de su desaparición física,
ocurrida el 15 de mayo de 2004, nace este propósito que
quiere ser un sincero homenaje a ese hermano, narrador
entre los narradores: Guillermo Vidal. No es un mero
empeño individual, a todas luces se nota el intento
unificador de las voces de muchos que le quisimos y hoy
nos negamos al silencio.
Nora Amalia Vargas León
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