Ahora se desempeña como Operador de Movimientos de la Terminal provincial de ferrocarriles de esta ciudad, pero su mayor pasión está en sus años formando parte de las tripulaciones: conductores, auxiliares, maquinistas y coleros, tan importantes estos últimos en los trenes de carga para controlar lo que pasa al final, cuando solo queda la vía.Lidia con las imperfecciones y los límites materiales de estos tiempos, pero no deja de añorar más recursos para reparar las vías, estabilizar el servicio urbano y hacer de este medio, ideal para la transportación de pasajeros en la isla por su geografía alargada y estrecha, una realidad mejor.
Asegura que se impone reconocer más a los alrededor de mil obreros de los ferrocarriles en Las Tunas, obligados a la responsabilidad imperiosa y a la sincronía total, “porque un cambio en la vía o un movimiento fuera de lugar pueden provocar un accidente o, al menos, un susto de esos que no se describen”.
Se siente orgulloso de su colectivo y, especialmente para esta fecha, cuando la zafra azucarera en la provincia es una realidad y con ella la utilización del ferrocarril para el traslado de la caña al central y del azúcar al Puerto de embarque, sabe que trabajo nunca falta para nadie y multiplica sus ganas de hacer.
En nuestro diálogo casi tuve que recordarle que el 29 de enero es el día del trabajador ferroviario en Cuba, coincidiendo con la fecha en la que el líder Fidel Castro inauguró los primeros 52 kilómetros del ferrocarril moderno en Las Villas y en su memoria no está que esta actividad tiene casi 170 años de ejecutarse en la isla; es un hombre de trenes y está tan dentro de esa condición, que a veces escribe la historia, sin detenerse a pensar en toda la que tiene en sus raíces.