Salvar
la cultura
Texto y foto:
JUAN MORALES AGÜERO
El heterogéneo inventario de
calamidades que ocasionó el huracán Ike en las instituciones
culturales tuneras pone los pelos de punta. Casi no quedó ninguna que no
encajara en su estructura los funestos agravios del meteoro, convertido por
obra y gracia de sus excesos en una suerte de santo inquisidor tropical.
Las ráfagas atacaron con
ferocidad contra los cines, que reportan estragos de diferentes magnitudes
en 14 de ellos, incluyendo todos los que habían sido remozados con tanto
esmero y buen gusto hace solo unos meses al socaire del Plan Especial de
reanimación socio-económica de la provincia.
El cine de Manatí perdió casi
su cubierta después de haber quedado como una joya. La lluvia le estropeó
las lunetas, el escenario y las alfombras. El Iremú de Puerto Padre,
a punto de reinaugurarse, enfrentó similar infortunio. Y así también los de
Delicias, Chaparra, Vázquez y la capital provincial.
«Pero no dejamos de trabajar
–asegura Marianela Reynaldo, subdirectora de Cultura en el territorio-. Tan
pronto se le repuso el techo afectado, el teatro Tunas comenzó a
prestar servicios. En el resto colocamos televisores en sus portales para
que la gente se informe. Le energía se trae mediante extensiones de los
lugares cercanos que cuentan con grupos electrógenos».
Siete museos tuneros
recibieron el impacto del más devastador huracán visto por acá. En el de
Puerto Padre los vientos hicieron añicos sus cristales. En el de Chaparra se
desplomó la segunda planta y la primera quedó a un tris del derrumbe. La
Casa Natal de los hermanos Ameijeiras perdió el techo. Al de Manatí no le
fue mejor: sus tejas se fueron a bolina y quedó en ruinas.
«Sin embargo, la percepción de
riesgo de sus trabajadores hizo posible que hoy no se lamente el menoscabo
de ninguna pieza. Con tiempo suficiente, los fondos de esos museos fueron
trasladados hacia lugares seguros. Ahí estarán hasta tanto sus sedes sean
edificadas de nuevo», añade Marianela.
Las casas de cultura no
salieron bien paradas de Ike. En Puerto Padre sufrieron las de los
poblados de San Manuel, Delicias y Vázquez. A la de Majibacoa una racha le
arrancó las ventanas. En la de Bartle hubo un derrumbe parcial... Con los
materiales recuperados se intenta reconstruir en lo posible.
El vendaval, sin embargo, no
pudo echar abajo la voluntad de los instructores de las instituciones. Ante
la imposibilidad de trabajar por ahora en las sedes usuales, extendieron sus
actividades a los parques, escuelas y comunidades. Allí montan obras de
teatro, ensayan pasos de baile y hacen música.
A pesar de los estragos en la
cubierta del Centro Provincial del Libro y la Literatura y en varias de sus
dependencias y almacenes, se logró poner a salvo la totalidad de los
volúmenes. Lo mismo ocurrió en la biblioteca provincial, cuyo personal
custodió celosamente sus fondos, entre ellos ejemplares raros y valiosos. La
institución no ha dejado de prestar servicios parciales. Cierto: no hay
electricidad. Pero se ofrecen opciones en horario diurno.
¿Y qué decir de la plástica en
la capital cubana de la escultura? Ike arruinó las lucetas de la
galería-taller y su puerta principal. En la galería provincial destruyó los
ventanales de uno de sus flancos. La solución: sellarlos temporalmente con
cartón y encargarles a los artistas locales decorarlos con murales.
Mientras, la parte que escapó a los daños tiene una muestra abierta al
público.
La Escuela Vocacional de Arte
lamenta la pérdida de 117 ventanales. Aun así, comenzó su curso escolar. El
Centro Cultural Huellas, ahora sin techo, extiende sus actividades puertas
afuera. La Academia Provincial de Artes Plásticas no salió ilesa, pero sus
estudiantes ya están frente a los caballetes... Ike se estrelló contra la
voluntad de los artistas del Balcón del Oriente Cubano.
En cada institución dañada,
sus trabajadores asumen la recuperación con un sentido de pertenencia
extraordinario. Así, no solo reponen con agilidad los servicios
interrumpidos, sino que también reparan lo que está al alcance de sus manos
y colaboran en la higienización comunitaria. Gracias a ellos se pudo salvar
una parte importante del valioso patrimonio cultural de Las Tunas.
Como dijo Fidel en el VI
Congreso de la UNEAC, en 1998, «lo primero que hay que salvar es la
cultura». Los tuneros, Comandante, salvaron la suya.. |