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sistema
electoral
vigente en
nuestro país,
otros órganos de
prensa, por lo
general los más
influyentes,
divulgan todo lo
contrario.
Apenas recibí el
mensaje le
escribí a la
joven y, para no
seguir un camino
quizás demasiado
trillado, le
pregunté si le
gustaría que le
respondiera
basándome en mi
propia
experiencia, es
decir
explicándole
cómo se realiza
el sufragio en
mi
circunscripción
o circuito
electoral y qué
ocurre a partir
de ese momento.
Ella aceptó de
buen grado, he
aquí mis
vivencias, que
quiero compartir
también con los
demás usuarios
de
Tiempo21.
Antes aclaro
que, de acuerdo
con lo
establecido en
la
Constitución de
la República de
Cuba
y la Ley
Electoral, cada
dos años y medio
todos los
ciudadanos
mayores de 16
años de edad
somos convocados
para elegir a
quien
representará a
los vecinos de
nuestra
circunscripción
en la Asamblea
Municipal del
Poder Popular
(gobierno local)
durante el
próximo período
de mandato.
A la persona
electa se le
denomina
delegado, cargo
no profesional,
por cuanto no
recibe un
salario ni otro
beneficio
material o
financiero por
desempeñar sus
funciones
gubernativas. O
sea, puede ser
obrero,
campesino, ama
de casa,
trabajador por
cuenta propia,
militar;
dirigente
político, social
o
administrativo,
pero asume la
tarea
encomendada por
la comunidad sin
descuidar sus
obligaciones
habituales.
Librada la
convocatoria y
creadas las
comisiones que
conducirán el
proceso
electoral en
cada municipio y
provincia, se
desarrolla una
campaña
propagandística
a través de los
medios de
comunicación
masiva, las
organizaciones
barriales y
otras vías, para
insistirnos en
la necesidad de
postular a los
ciudadanos que
por sus altos
valores humanos,
espíritu de
sacrifico y
capacidad
organizativa
sean quienes más
merezcan nuestro
respeto,
consideración y
confianza.
Tiene esa
campaña otro
objetivo, y es
llamar nuestra
atención acerca
de que vivimos
en una sociedad
multirracial, en
la cual, por
diversos
factores, aún no
se ha eliminado
efectiva y
totalmente la
discriminación
de los negros,
como tampoco la
de las mujeres,
y es obra de
justicia tratar
de que esos
sectores
poblacionales, y
los jóvenes,
estén mejor
representados en
los órganos de
poder.
Sin embargo, por
ejemplo yo, a
pesar de ser
negro y entender
como el que más
esa justa
pretensión, en
el actual
proceso
propondré a un
hombre blanco de
unos 58 ó 60
años de edad,
por considerarlo
el de más
virtudes y
capacidad entre
todos los
vecinos de mi
barrio.
Con el fin de
ampliar la
candidatura y
tener mayores
opciones para
finalmente
elegir al de más
mérito, la
circunscripción
se divide en
tres o cuatro
áreas,
atendiendo al
criterio de
proximidad
geográfica, y en
cada una de
ellas se realiza
una asamblea de
postulación.
En la asamblea
de la
demarcación
donde vivimos, y
ante la comisión
electoral de
base, los
vecinos
solicitamos a
mano alzada la
palabra y
realizamos las
propuestas que
entendamos
pertinentes. La
única exigencia
es argumentar
por qué
consideramos a
la persona
señalada como la
ideal para
asumir el cargo
de delegado, y
de esa manera
todos llegamos a
conocerla mejor
y a formarnos
opiniones más
exactas y justas
sobre ella.
Oídas todas las
proposiciones y
argumentaciones,
se procede a la
votación, en el
mismo orden en
que fueron
realizándose, e
igualmente a
mano alzada, se
decide quién es
el candidato por
esa área al
sufragio que
tendrá lugar en
la
circunscripción.
Creo oportuno
aclarar que
aunque las
organizaciones
de la comunidad
y los medios de
comunicación
masiva hacen
campaña a favor
de la asistencia
y activa
participación en
el proceso, no
es obligatorio
concurrir a esas
reuniones –de
hecho algunos
vecinos no
asisten-;
tampoco es
forzoso
proponer, y ni
siquiera votar.
Aunque –eso sí-
la gente suele
tomar las
reiteradas
ausencias y el
desinterés por
las elecciones
como
demostración de
apatía hacia a
cuestiones
vitales para la
colectividad.
Por más que ser
postulado
significa un
gran honor para
cualquier
vecino, porque
se siente
depositario del
cariño, la
admiración y la
confianza de sus
conciudadanos,
aceptar o no la
encomienda es
una decisión
estrictamente
personal.
Otro elemento
digno de
destacar es que
en dichas
reuniones prima
un gran espíritu
de respeto y
ética ciudadana,
pues cada quien
que propone a un
candidato es
porque lo
considera el más
capaz y
meritorio, pero
no trata de
restarles
cualidades a los
demás y mucho
menos se ataca a
nadie
verbalmente o de
otra manera.
Concluidas las
asambleas por
áreas y con
suficiente
tiempo antes de
las votaciones,
las fotos y
biografías de
los candidatos a
delegados de la
circunscripción
se exhiben en
los lugares de
mayor afluencia
pública para que
la gente los
conozca aún
mejor. Sucede
que en
ocasiones,
después de uno
leer y releer el
currículo de
todos ellos,
cambia de
opinión y
finalmente le
otorga el voto a
uno por quien no
había alzado la
mano.
Igualmente, con
el debido
tiempo, se
publican los
registros de
electores, en
los que todo
ciudadano mayor
de 16 años, como
ya dije, puede
verificar su
inclusión y la
exactitud de los
datos a él
referidos.
El día fijado
para emitir el
voto, mi esposa
y yo acudimos
temprano al
colegio
electoral
habilitado al
efecto en las
cercanías de
nuestra casa.
Casi siempre,
aprovechando que
es domingo, nos
integramos al
grupo de vecinos
con los cuales
tenemos mayor
afinidad, y con
quienes a veces
no nos
relacionamos
suficientemente
en el transcurso
de la semana, a
causa de las
respectivas
ocupaciones.
Una vez en el
lugar, los
integrantes de
la mesa
electoral
verifican la
coincidencia de
los datos
contenidos en
nuestros carnés
de identidad y
los anotados en
el registro de
electores, si
todo anda bien,
nos entregan la
boleta
correspondiente,
entramos a solas
en un cubículo
donde nadie nos
ve, marcamos con
una cruz el
nombre del
candidato
preferido o, en
caso de no
decidirnos por
ninguno, dejamos
en blanco el
documento,
salimos, nos
encaminamos a la
urna, custodiada
por niños, y
depositamos allí
el papel con
nuestra expresa
y secreta
voluntad.
Habitualmente,
los colegios
deben cerrar a
las 6:00 de la
tarde, pero por
lo general
terminan antes.
De todas formas,
el escrutinio se
realiza a la
vista pública,
en presencia no
solo de la
población, sino
también de la
prensa nacional
y extranjera,
diplomáticos
acreditados en
Cuba, turistas
de otros países
y cualquiera que
desee
participar.
Llegado ese
momento, los
miembros de la
mesa electoral
vacían las urnas
y contabilizan
los resultados,
determinan quién
es el ganador
(es obligatorio
que cuente con
más del 50 por
ciento de los
votos), empacan
las boletas y
las envían a la
Comisión
Electoral
Municipal para
su debida
protección.
Si hubiera
empate, o
ninguno de los
candidatos
alcanzara los
votos
requeridos,
habría que
efectuar una
segunda vuelta,
que en el caso
del actual
proceso se
llevará a cabo
el domingo 2 de
junio.
No es de
extrañar que
después de las
votaciones la
gente se reúna
para tomarse
unos tragos,
jugar dominó,
conversar y
hasta bailar un
rato, por lo
general
acompañados de
la típica
caldosa, un
plato a base de
viandas y
carnes,
condimentado a
gusto con
diferentes
especias, y
elaborado en las
ocasiones
especiales con
recursos
voluntariamente
aportados por
las familias del
barrio.
Terminadas
finalmente las
votaciones, los
delegados
electos integran
la Asamblea
Municipal del
Poder Popular, y
de esa forma
comienzan una
doble función
gubernativa,
pues de una
parte nos
representan ante
ese órgano y por
otra, en nombre
de él, ejercen
el poder en la
circunscripción
a la cual
pertenecen.
Entre las
peculiaridades
del sistema
político y
electoral cubano
está el hecho de
que
periódicamente
los delegados
rinden cuenta de
su gestión ante
sus electores,
quienes tienen
la facultad de
revocarlos de su
mandato, si no
satisfacen sus
expectativas.
Igual principio
rige para los
delegados a las
asambleas
provinciales y
los diputados a
la Asamblea
Nacional del
Poder Popular
(parlamento),
los cuales son
elegidos en
procesos con
similares
características
pero cada cinco
años.
Cuanto he dicho
hasta aquí es
fácilmente
verificable, no
solo dentro de
Cuba,
sino en
cualquier parte
del mundo, pues
cubanos hay
dispersos por
doquiera, y
todos los que
salieron de la
Isla después de
1976, fecha de
institucionalización
del país e
instauración del
Poder Popular,
conocen la
veracidad de lo
expresado.
Sí, amiga
Mónica: como mis
demás
compatriotas, yo
tengo el derecho
a votar
libremente, y lo
ejerzo, aunque
también pudiera
no concurrir a
las elecciones,
si así lo
decidiera.
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