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Columnistas

Aniversario 51 de la Revolución Cubana
Que en paz descanse la guerra (IV y final)

2
de Enero de 2010, 8:05 am

Raúl Estrada Zamora.Raúl Estrada Zamora
estrada@enet.cu

Con el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, el pueblo cubano sintió que por primera vez era dueño de su destino, y comprendió y asumió su responsabilidad histórica con el resto de la humanidad.

Por eso, desde un principio, devolvió golpe por golpe todos los ataques enemigos, y, aunque a un altísimo costo en vidas humanas y recursos de todo tipo, radicalizó y consolidó su poder revolucionario.

Desde el mismo momento del triunfo se produjo un total giro en las relaciones entre el poderoso vecino del Norte y la pequeña Isla, que pasó de un completo estado de dependencia al reclamo y defensa del respeto a su soberanía y autodeterminación.

Fiel al Programa del Moncada y dispuesta a instaurar una república en la cual la ley primera fuera “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, como postuló nuestro Héroe Nacional José Martí, la dirigencia revolucionaria quebró de inmediato las bases del Estado burgués, disolvió el viejo ejército y

Que en paz descanse la guerra (IV y final).
“Preservaremos, al precio que sea necesario, la libertad del pueblo cubano y la independencia y soberanía de la Patria”, ha reiterado el presidente cubano Raúl Castro Ruz.

Que en paz descanse la guerra (IV y final).
El prolongado y genocida bloqueo de Estados Unidos atenta incluso contra la salud y la vida de las personas, pues impide el acceso de Cuba a equipos, medicamentos y las modernas tecnologías.

los demás cuerpos represivos al servicio del imperialismo yanqui, sancionó ejemplarmente a quienes habían cometido abominables crímenes y confiscó los bienes de los malversadores del patrimonio de la nación.

Esas y otras justas medidas desencadenaron la ira de Washington, que sistematizó contra Cuba su ya bicentenaria agresión, caracterizada en la nueva etapa por acciones económicas, políticas, militares, biológicas, diplomáticas, psicológicas, de espionaje, propagandísticas, terroristas, de organización y apoyo logístico a bandas armadas y otros grupos mercenarios, sin faltar el aliento a la deserción y la emigración ilegal.

Ningún método, por más cruel y contrario a la ética que pueda parecer, ha escapado a la obsesiva política anticubana de Estados Unidos, que con tal de destruir a la Revolución ha concebido o respaldado cientos de actos para asesinar al máximo líder Fidel Castro Ruz y a sus más cercanos colaboradores, e introdujo en la Isla el dengue hemorrágico, causante de la muerte de más de cien niños y varias decenas de adultos.

Ofuscado por la idea de doblegar a los cubanos, retrotraernos a su  dominio o matarnos por hambre y enfermedades, si no nos rendimos, el imperialismo yanqui mantiene contra nuestra nación el más genocida y prolongado bloqueo conocido hasta hoy, el cual impide u obstaculiza adquirir incluso medicamentos indispensables para prolongar la supervivencia o mitigar la agonía de los enfermos de cáncer, sean ancianos o niños.

Del total respaldo al régimen de Fulgencio Batista, la acogida en su territorio a los criminales de guerra que huían de la justicia popular, y las difamatorias campañas en perjuicio de la joven revolución, Estados unidos pasó al abierto apoyo a la subversión y a todo acto capaz de dañar a Cuba en cualquier ámbito.

Hoy bien se sabe que desde un primer instante, el gobierno de Dwight David Eisenhower (1953-1961) aprobó un “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”, entre cuyos planteamientos se encontraban la creación de una “responsable y unificada” oposición fuera de la Isla, el desarrollo de una gran ofensiva mediática, la estructuración de organizaciones de inteligencia y acción supeditadas al exilio miamense y el despliegue de fuerzas paramilitares para invadir a Cuba sin comprometer directamente a la Casa Blanca y al Pentágono.

Deseoso de cumplir sus promesas anticubanas, y apremiado por el tiempo, el 3 de enero de 1961, 17 días antes de concluir su mandato, Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas con Cuba.

Heredera de tales compromisos, la Administración de John Fitzgerald Kennedy (1961-1963) asumió responsabilidades aún mayores, que desembocaron en la invasión mercenaria de Playa Girón, el 17 de abril de 1961, derrotada en menos de 72 horas, y la Crisis de Octubre (1962), provocada por la instalación de cohetes nucleares soviéticos en territorio cubano, acorde con el legítimo derecho de la pequeña nación a defenderse y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a buscar un mejor equilibrio de fuerzas frente a la agresiva escalada estadounidense.

Aunque la URSS manejó a espaldas de Cuba la crisis, y su actitud menoscabó la línea de principios asumida por la dirección de la Revolución, el heroísmo del pueblo cubano evitó la hecatombe y posibilitó seguir construyendo el socialismo en esta parte del Hemisferio Occidental.

Decepcionados por la humillante derrota en Playa Girón, Kennedy y sus seguidores urdieron de inmediato la Operación Mangosta, que incluyó entre sus alternativas el apoyo a las bandas alzadas en las centrales montañas del Escambray y otras regiones, y el respaldo material, político y logístico a numerosos grupos clandestinos que actuaban en las ciudades, protagonistas, unas y otros, de horrendos crímenes contra la población civil.

Siguiendo su habitual, prepotente y agresivo proceder, el 31 de enero de 1962 Washington logró expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA), felonía que halló la solitaria y honrosa oposición de México. Poco después, el 7 de febrero, el todopoderoso imperio decretó el bloqueo económico, comercial y financiero, bajo el cual han nacido siete de cada 10 cubanos que hoy habitamos la patria.

Irrefutables datos demuestran que el bloqueo ha causado inauditos sufrimientos a la población cubana, incluida la pérdida de miles de vidas humanas y más de 203 mil millones de dólares en recursos financieros y materiales.

Elemento perturbador de las relaciones bilaterales ha sido, desde hace más de un siglo, la ya mencionada ilegal posesión e imposición de la Base Naval de Guantánamo, foco de permanentes conflictos y escenario de actos agresivos tan graves como el asesinato de los soldados cubanos Ramón López Peña, el 19 de julio de 1964, y Luis Ramírez López, el 21 de mayo de 1966.

Es verdad que hubo un momento de cierta distensión en los vínculos recíprocos entre los dos países, después del ascenso del demócrata James Carter a la presidencia de su nación (1977-1981), pero esas positivas señales se apagaron con bastante rapidez, pues en sus dos últimos años dicha Administración retornó a la “línea dura”, e incluso sentó las bases para las posteriores campañas difamatorias acerca de la supuesta violación de los derechos humanos en Cuba.

Cumpliendo al pie de la letra el Informe o Programa de Santa Fe, elaborado en mayo de 1980, el gobierno de Ronald Wilson Reagan (1981-1989) asumió posiciones ultraderechistas, que si no llevaron a la agresión armada directa contra la Isla fue porque nuestro pueblo no descuidó ni un ápice su defensa, y aún la existencia del socialismo en Europa Oriental y la vitalidad de la Unión Soviética actuaban como factores de distensión en las relaciones internacionales.

Junto a la intensificación de las amenazas en el plano militar, Reagan y su equipo incrementaron las maniobras políticas y diplomáticas, y avivaron las presiones sicológicas e ideológicas contra su odiada vecina.

Fruto de esa estrategia, en octubre de 1983 se firmó la Ley de Transmisiones Radiales hacia Cuba, la cual permitió que el 20 de mayo de 1985 saliera al aire la mal llamada Radio Martí, en franca violación del espacio radioelectrónico cubano y de las regulaciones internacionales al respecto.

Se trata de una emisora gubernamental dirigida a inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba y subvertir el orden y el sistema político vigente en el país, refrendado por más del 90 por ciento de la ciudadanía.

Sordo a la razón, ya con George Bush padre en el poder (1989-1993), el gobierno norteamericano intensificó aún más su campaña diversiva en detrimento de la soberanía cubana, al poner en marcha, el 27 de marzo de 1990, la TV Martí, acto igualmente violatorio del derecho internacional.

Tras la caída del socialismo europeo y la desintegración de la Unión Soviética, a principios de los años 90, la mayoría de los enemigos de Cuba esperaban el inminente colapso de la Revolución. Algunos incluso tienen desde entonces preparado el equipaje para el retorno a la patria que un día abandonaron.

Pero pese a haber perdido las justas relaciones de intercambio con el campo socialista, los socios con los cuales realizaba el 85 por ciento de su comercio bilateral y todas las fuentes de financiamiento, y no obstante la caída en más de un tercio de su producto interno bruto, Cuba no solo resistió, sino que avanzó y se desarrolló en áreas tan vitales como la biotecnología, el turismo, la industria médico-farmacéutica y otros sectores, mientras aumentaba su capacidad y disposición combativas.

Muchos pensaron que con la llegada a la Casa Blanca de William Jefferson Clinton (1993-2000) el diferendo Estados Unidos-Cuba adquiriría matices más positivos. Sin embargo los habitantes de la Isla hemos adquirido una cultura política gracias a la cual, y a nuestra larga experiencia, hemos aprendido que el bloqueo y demás medidas agresivas responden a un sistema sumamente complejo, cuya modificación escapa a la buena voluntad de cualquier presidente.

Sabemos más los cubanos: y es que tampoco ninguno de los 11 mandatarios estadounidenses electos desde el triunfo de la Revolución hasta ahora ha demostrado suficiente entereza y voluntad política respecto a la normalización de las relaciones con Cuba.

Dicho en el más criollo argot, George Washington Bush (2000-2008), cual buen hijo de papá, “le puso la tapa al pomo”. Tomando como pretexto el condenable atentado del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y otros objetivos ubicados en su país, el “autoiluminado” señor decretó una cruzada “antiterrorista” contra numerosos países, incluida por supuesto Cuba.

Embriagado de poder, Bush hijo llevó a su gran potencia a la guerra con Afganistán e Iraq, conflictos que al cabo de los años siguen sin mostrar perspectivas de triunfo, y sí por el contrario presagian un total fracaso.

Sobre tales injustas y erróneas concepciones, el actual presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en ocasión del aniversario 50 del desembarco del yate Granma y Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), dijo el 2 de diciembre de 2006:

A los ojos de todo el mundo, la llamada "cruzada contra el terrorismo" se encamina inexorablemente a una derrota humillante.

El pueblo norteamericano, al igual que hizo en Vietnam, pondrá fin a estas guerras injustas y criminales. Esperamos que las autoridades de los Estados Unidos aprendan la lección de que la guerra no es la solución a los crecientes problemas del planeta; que proclamar el derecho de atacar irresponsablemente a "sesenta o más oscuros rincones" del mundo, aún cuando ya están empantanados en dos de ellos, hace más complejas y profundas las diferencias con el resto de los países; que el poder basado en la intimidación y el terror no pasará nunca de ser una ilusión efímera y sus terribles consecuencias para los pueblos, incluyendo el norteamericano, están a la vista. 6

Otra de las bárbaras atrocidades cometidas por la Casa Blanca contra Cuba es permitir que aún permanezcan en cárceles de aquel país cinco antiterroristas cubanos que se jugaron sus vidas para proteger las de sus compatriotas y las de todos los norteamericanos, al penetrar los grupos mafiosos que en Miami organizan toda suerte de agresiones físicas a quienes busquen un acercamiento entre ambas naciones.

Privados de derechos tan elementales como el de recibir algunos la visita de sus más cercanos familiares, Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González (Los Cinco), están pagando la prepotencia del imperio, que ve frustrado su empeño de acabar con la Revolución cubana.

No existe razón alguna para falsas ilusiones. Barack Obama, con todo y ser el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos, no obstante su educación dentro de los cánones de la religión musulmana, aparte de sus aparentes virtudes éticas en lo personal y familiar, sus autoproclamadas “buenas intenciones” y su increíble Premio Nobel de la Paz, tampoco hace nada realmente convincente para solucionar el diferendo de su país con la nación cubana.

¿Qué hará Cuba por su parte? Al respecto, Raúl Castro afirmó:

(…) estamos dispuestos a esperar pacientemente el momento en que se imponga el sentido común en la conducta de los círculos del poder en Washington.

Con independencia de ello, proseguiremos consolidando la invulnerabilidad militar de la nación sobre la base de la concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo, cuya planificación e introducción iniciamos hace 25 años. Este tipo de guerra popular, como ya se ha demostrado de modo reiterado en la historia contemporánea, es sencillamente imbatible.

Continuaremos elevando la preparación y cohesión combativa de las tropas regulares y sus reservas, de las Milicias de Tropas Territoriales, las Brigadas de Producción y Defensa y los demás elementos del dispositivo defensivo territorial, incluyendo las estructuras partidistas, estatales y gubernamentales en todos los niveles. Seguiremos acondicionando el Teatro de Operaciones Militares a la vez que desarrollamos las comunicaciones y la modernización de los medios de combate como vía para elevar sus cualidades combativas y hacerlas corresponder con el empleo previsto en caso de una agresión.

Preservaremos, al precio que sea necesario, la libertad del pueblo cubano y la independencia y soberanía de la Patria. 7

 

Fuentes:

1  Raúl Castro Ruz: Discurso en ocasión del Aniversario 50 del Desembarco del Granma. Disponible en: http://www.cubasocialista.cu/00874387475raul.html   Consultado: 30 de diciembre de 2009.

2  IDEM
 


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