Adelquis ha dedicado 20 años de su vida al Poder Popular. (FOTO del autor)
Adelquis ha dedicado 20 años de su vida al Poder Popular. (FOTO del autor)

El líder natural de Palancón

Las Tunas. – Palancón es un barrio de la periferia de esta ciudad que nació con una población marginal y problemática. Sus calles, que no eran calles, estaban llenas de gente que no trabajaba. No había nada que motivara a sus vecinos. El alcoholismo y el hurto y sacrificio de ganado mayor eran una constante.  Las pocas casas en mal estado y levantadas de las más disímiles formas le daban un toque de negatividad al lugar. No había escuela ni comercio y solo el alcohol y el delito estaban a la orden.

De eso hace ya 20 años. Fue en ese entonces cuando un joven emprendedor y sensible llegaba al barrio como delegado de la circunscripción y a pesar del desagradable panorama iba con el pecho henchido porque sabía que podía ser útil. Su nombre, Adelquis Téllez, no le decía nada a nadie y algunos lo miraban como un intruso que llegaba para inmiscuirse en lo que no le importaba. Pero no se amilanó por eso, al contrario, todo aquello le daba fuerzas para luchar por el lugar.

Así comenzó la vida de Adelquis como delegado de circunscripción del Poder Popular. Y Palancón comenzó a cambiar y a cambiar.

Hoy es un barrio que no es urbano, pero tampoco rural, es más bien suburbano y lo que sí está claro es que ha ido creciendo con el tiempo. Allí Adelquis es un líder. Las personas lo ven así, al extremo de que le plantean problemas que nada tienen que ver con su responsabilidad como delegado.

Entrevista en audio

– ¿Qué es lo que más te satisface de tu labor en esa comunidad?

– Palancón es una de las comunidades más problemáticas del municipio de Las Tunas, pero eso ha ido cambiando. Cuando yo comencé solo existían unas 300 casas dispersas y hoy hay más de mil 500. No había calles, solo tierras llenas de marabú y de restos de caballos y reses porque el hurto y sacrificio ilegal era como un pasatiempo. Es cierto que he sido protagonista de las transformaciones de forma modesta, y he ayudado a muchas personas a resolver sus situaciones de viviendas, por ejemplo, y luego vienen y te lo agradecen llorando, y eso emociona.

– ¿Y desde el punto de vista social qué ha pasado?

– Ahora mismo estamos cumpliendo un sueño: la terminación de una escuela, que es el anhelo de muchas personas de allí. Es el único centro educativo aprobado en estos momentos en toda la provincia de Las Tunas y está a un 50 por ciento de su ejecución. Los viales no son los mismos, ahora hay calles, y es un barrio, en desarrollo, pero ya lo es.

– Cuando alguien de Palancón se te acerca para plantearte un problema que nada tiene que ver con tus funciones, porque incluso son personales, y tú lo puedes ayudar, ¿qué sientes?

–  Es algo difícil de describir porque hay quienes me han ido a ver llorando para agradecerme. Hay casos que no me atrevo a decirlos para no revelar identidades, pues son cuestiones estrictamente personales. Y uno trata de colaborar y cuando te demuestran esa gratitud infinita uno realmente siente satisfacción.

-Cuéntame un día de Adelquis como delegado y presidente del Consejo Popular.

– Realizo mis labores bien temprano en la casa, luego salgo a dar un recorrido por el barrio porque al delegado nada le es ajeno. Uno tiene que conocer cómo amanecieron las bodegas, el punto de leche, que no se violen los horarios porque se afecta la población. Después que hago ese recorrido y me nutro de ese pueblo que me informa todo lo que pasa y de sus preocupaciones, entonces recorro el Consejo Popular que es mucho más grande; comprende nueve circunscripciones (barrios), y todo eso es a pie, y son varios kilómetros todos los días.

– ¿Qué es lo mejor que te ha ocurrido en los 20 años que llevas como delegado?

–  Para mí y para cualquier delegado del Poder Popular la mayor satisfacción es ayudar a resolver un problema individual o colectivo.

– ¿Y lo más difícil?

– La ingratitud de algunas personas.

– ¿En qué sentido?

– Nosotros los delegados hemos pasado por varios momentos. Hace muchísimos años andábamos en un camión repartiendo cemento, por ejemplo, y llegó el momento de eliminar eso, pues no somos administrativos; somos políticos, y no pocas personas nos siguen viendo como ese hombre o mujer que tiene que resolverle sus dificultades. y eso te hace sentir mal e insatisfecho porque nos juzgan injustamente.

– ¿Qué le dirías a los delegados como tú, a los que comienzan, a los que a veces no tienen paciencia para ese trabajo?

– Les diría a esos delegados que ya llevan un tiempo como yo, a los que se inician o a quienes comenzarán el próximo año, que nunca piensen que lo sabemos todo. Siempre un delegado aprende algo nuevo, y lo aprende de la población. El vínculo directo con la gente es lo que te va a dar el resultado de tu trabajo.

Termina el diálogo porque Adelquis tiene una reunión en su comunidad, y quedan muchas cosas por hablar con este hombre, que es como una leyenda en los órganos locales del Poder Popular, allá, en la base, en el barrio, donde los problemas son más complejos y donde siempre hay algo que hacer para satisfacer las necesidades del pueblo.

Él es uno de los hombres imprescindibles en su comunidad, porque las personas lo ven a él más allá del delegado, lo ven como el amigo y el compañero, el confidente capaz de resolver cualquier asunto por complejo que sea. Y por eso todos lo saludan y admiran cuando recorre las calles de Palancón, el barrio que más lo satisface de todos los que atiende, porque allí ha visto la transformación no solo del lugar, sino de su gente, y en ello él tiene una buena cuota de responsabilidad, como el guía natural que es.

Los delegados cumplen el mandato que les han conferido sus electores, en interés de toda la comunidad, para lo cual deberán compartir estas funciones, con sus responsabilidades y tareas habituales. La ley regula la forma en que se desarrollan estas funciones.

/mga/

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