La bordadora de Barranca
María, en su faena diaria. (FOTO del autor).

La bordadora de Barranca

Las Tunas. – María Céspedes Sánchez es una mujer rural que se siente realizada con su labor. Lo dice y sus ojos le brillan porque desde hace tres años ha vuelto a formar parte de un centro de trabajo, ahora como operaria  de la máquina de bordar, en el taller artesanal Coco-Malangueta, adjunto a la cooperativa de créditos y servicios Josué País, de la comunidad de Barranca, en el municipio de Las Tunas.

Hace muchos años María se desempeñó como técnica de herramientas en los talleres 13 de marzo, de la ciudad de Las Tunas, pero después llegó la maternidad y se dedicó por completo a su hogar, en la zona rural de Calera uno, hasta que otra vez se le dio la oportunidad de trabajar. Ahora se siente muy feliz con lo que hace.

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– Le doy mucho valor a mi trabajo porque me ha incentivado; no solo he tenido progresos económicos, también he crecido desde lo personal.

– ¿Te consideras una mujer emprendedora?

– De cierta manera sí.

– ¿Por qué?

– Porque esta faena me ayuda en todo, me da la posibilidad de desarrollarme y sentirme bien.

– Cuéntame la historia de cuando viste esa máquina por primera vez.

– Primero me asombré y admiré, pues nunca había visto algo igual. Pero nada, cuando comencé a conocer cómo funcionaba, a estudiarla, a aprender, me enamoré de este precioso trabajo; los colores, los dibujos, los bordados, todo es maravilloso.

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María pasa largas horas bordando todo tipo de tela, en una máquina computarizada que, aunque es complicada en su manejo, lo hace todo; solo hay que programarla y echarla a andar. Ella no se cansa de observar cómo la aguja entra una, 10, 100 veces, para ir dejando una estela de colores en el bordado.

El taller artesanal Coco-Malangueta nace como un proyecto de la Organización No Gubernamental Oxfam, en coordinación con la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños para darle empleo a las mujeres de las comunidades rurales, principalmente a las amas de casa. Durante un lustro ha sido una escuela para algunas féminas del barrio, y para María Céspedes el espacio que le ha dado la oportunidad de reinventarse, más allá de sus quehaceres en el hogar, en compañía de su esposo, los hijos y los nietos.

Este taller se dedica además, a la confección de productos trabajados con la fibra de la malangueta, que se desarrolla en el mar o en los ríos y estanques, flotante en el agua o fija al fondo y que infecta los embalses.

 

/mga/

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