Por siempre Gallego Fernández
José Ramón Fernández. (FOTO /Mesa Redonda).
Cuba

Por siempre Gallego Fernández

Este Héroe tiene un acento especial, diferente, por ello se ha ganado el sobrenombre afectuoso del Gallego Fernández. Sus palabras, pausadas y enfáticas,  tienen una sonoridad que muchos confunden con la lengua de Galicia, pero él se apresura y rectifica: “Mis padres eran asturianos. Mamá del propio Oviedo y papá de Morcín, un pueblecito cercano a Oviedo”.

Él, en cambio, es oriundo de Santiago de Cuba. “Siendo un niño, papá compró una finca y nos mudamos para las cercanías de un pueblecito llamado Hongolosongo, en lo que era el término municipal de El Cobre. Ahora pertenece al municipio de Santiago de Cuba, en el límite con Palma Soriano”.

Está esta figura legendaria de la historia del último medio siglo de Cuba, en Persona, en la Mesa Redonda, desgranando muchos pasajes de su vida, desde los más íntimos hasta los que forman parte de las esencias de la obra colectiva.

“La formación de mis padres fue algo fundamental. Ellos fueron muy celosos con los valores y con los ambientes sanos. La formación en el hogar fue decisiva en mi vida. Desde me inculcaron el sentido de la igualdad, de la justicia, de la honestidad, patrones a los que he tratado de ser fiel a lo largo de toda mi existencia.

“Estudié la primaria en la Escuela pública de Hongolosongo y luego en el colegio de los Hermanos La Salle en Santiago de Cuba y en el Instituto de Santiago de Cuba. Ya de joven cursé la carrera militar.  Desde pequeño me gustó mucho la vida militar. Me atraían la disciplina, el orden y las posibilidades que representaba.

“Cursé estudios en distintas instituciones militares. En la de cadetes y de artillería de Cuba y después me gradué en la escuela de artillería del ejército de los Estados Unidos, entre los años 1953-1954. Pero el mérito no es ser militar de academia, sino haberme dedicado a mi pueblo”.

El 4 de abril de 1956, José Ramón Fernández participó en una conspiración militar contra los golpistas del 10 de marzo, que habían violado el orden constitucional, y habían instaurado la corrupción y el ladrocinio. “Los jóvenes del ejército no admiraban a Batista, por ello no era difícil crear un movimiento en su contra. No obstante, había que cuidar nuestras vidas. Aquel hecho lo llamaron la Conspiración de Los puros. De hecho, el propio Batista, una vez que huye de Cuba, hizo referencia en su primer libro a nosotros. Por este hecho fui a presidio por tres años”.

El Héroe de la República de Cuba compartió que “la deuda que pude tener por pertenecer a un ejército como este, la saldé con la postura inclaudicable que he mantenido en mi vida. Mi celda, por ejemplo, no tenía candado, sino que era atornillada. Allí me mantuvieron durante un mes desnudo y descalzo. Eso provocó una denuncia al director del penal, y un magistrado del supremo lo enjuició y lo obligó a tener que presentarse en una unidad de la policía. Ahí en prisión conocí a Armando Hart y otros combatientes del Movimiento 26 de Julio.

“El 24 de diciembre de 1958, supimos que el Ejército Rebelde había tomado puestos militares. Desde horas de la madrugada del 1ro. de enero, se fue haciendo evidente que algo extraordinario estaba sucediendo en la capital. En un pequeño radio de transistores, que clandestinamente teníamos en la circular y que era manipulado, operado y escondido de modo muy meticuloso, se comenzaron a escuchar noticias extrañas y en las primeras horas de la mañana se anunció, por esos medios, que el general Eulogio Cantillo daría una conferencia de prensa en la Ciudad Militar de Columbia.

“En medio de esas circunstancias salí de prisión. También lo hicieron un grupo de oficiales presos, Hart y otros dirigentes del Movimiento 26 de Julio. El compañero Hart se quedó como representante del Movimiento en la Isla y jefe civil de la misma. Yo estaba al frente de lo militar. Creo que la primera arenga revolucionaria que recibió el pueblo de Isla de Pinos, mediante la radio local, fue la mía”.

También tuvo a su cargo la detención de Cantillo. “Había oído a Fidel y la denuncia de la traición de Cantillo; y además creí que el mismo en libertad, representaba algún grado de peligro, por lo que dije a los compañeros que iba para su casa a detenerlo. Fui solo. Pregunté por él. Dos de los ayudantes que estaban allí me preguntaron airados qué iba a hacer con él. Les di la merecida respuesta por la traición que ellos habían cometido. Lo saqué directamente de la residencia a los calabozos de Columbia”.

El Comandante José Ramón Fernández precisa que lo más importante que puede tener un jefe es la moral que emanan de la justicia y de la razón. También confiesa que conocer a Fidel cambió su vida: “fue un antes y un después. Fidel es un jefe magistral, elocuente y previsor, que veía lo que nosotros no podíamos ver”.

Lo conoció el 12 de enero de 1959. Ese día Fidel se reunió en el antiguo Estado Mayor de Columbia —hoy Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona— con un grupo de los 18 o 20 militares más connotados que habían estado presos. “Nos explicó los proyectos de la Revolución. Al terminar, nos pidió incorporarnos al Ejército Rebelde. Al único que asignó un mando, fue a mí, los demás todos fueron como asesores”.

Fidel le planteó asumir la dirección de la escuela de cadetes.  “Prudentemente no le dije nada. Cuando se acabó la reunión le pedí hablar con él. Recuerdo que me llevó para un saloncito aledaño. Me preguntó qué quería. Le contesté que realmente no sentía que hubiera hecho nada por la Revolución, aunque no tenía nada en contra del proceso. Al contrario. También le manifesté que no tenía interés en volver al ejército, al cual había que transformar desde sus raíces. Además, ya tenía trabajo: administrador de un central. Seguí argumentando. Comenzó a dar pasos dentro de aquel pequeño salón. De repente, se detuvo me puso la mano en el hombro y expresó: Creo que tienes razón. Tú te vas para el central. Yo me voy a escribir un libro sobre la Sierra Maestra y la Revolución que se vaya para el carajo. Ese mismo día en horas de la tarde tomé posesión como director de la escuela de cadetes de Managua.

“Luego  fui a Girón no solo porque iba a defender una causa justa y a enfrentarme a un enemigo poderoso, que significaba un gran peligro para la Revolución sino también, porque en mi caso particular, me ofrecía la oportunidad de realización personal, de mostrar mi lealtad a la Revolución y a la confianza que en mí se había depositado.

“Girón significó participar con mis propias manos en la defensa de la Revolución y del Socialismo. Entonces reforcé mi convicción de que mi destino se había fundido para siempre al destino de este pueblo heroico”.

Cuando le preguntan por Raúl, habla de su amistad, respeto y subordinación.  Tampoco olvida la importancia que ha tenido para él que Fidel y Raúl le hayan permitido entregarse a su pueblo.

Sobre la educación, alegó que siempre estará en constante modificación, en estado de desarrollo. “Todo lo épico que se ha hecho en función de la educación del pueblo cubano lo reconoció la Unesco. También el deporte es otro derecho que se defendió. Fidel creó el movimiento deportivo cubano, y es el artífice de su prestigio y de los logros que se han alcanzado”.

Su compañera de la vida, Acela de los Santos, entrevistada para la ocasión, fue categórica al expresar que José Ramón Fernández es un premio que le dio la vida. “Es un hombre muy estricto. Se exige primero para después exigirles a los demás.  Tiene principios y valores apegados a la ética”. (Mesa Redonda)

 

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