Las Tunas, Cuba. Sábado 16 de Diciembre de 2017
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El Síndrome del Emperador

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El Síndrome del Emperador

El papel de la familia en la formación de los hijos es fundamental en el desempeño de la vida de los futuros hombres y mujeres.

Uno de los retos que tiene hoy la convivencia en familia es saber lidiar con los niños y adolescentes que están marcados por el Síndrome del Emperador.

Lo digo por la experiencia cercana de un vecino, quien desde hace un tiempo afronta dificultades con esa manifestación dentro de su hogar.

Él posee un conservado auto de los conocidos popularmente como almendrones, pero le veíamos llegar a casa  a menudo en el ómnibus Diana y cuando le preguntaban por el vehículo alegaba varias roturas.

Luego me explicó que lo dejaba guardado en un taller cercano para evitar que su hijo adolescente y sin licencia de conducción, se lo llevara  por las noches con sus amigos de fiestas y andanzas.

El chico, a quien vi crecer, siempre se comportó muy exigente para con sus padres, y  sus primeros deseos y caprichos luego se convirtieron en pedidos, convoyados con  gritos y perretas, todo in crescendo, hasta que lamentablemente llegó a pegarle a ambos
progenitores.

Padecía este adolescente del Síndrome del Emperador, que no es una enfermedad sino un comportamiento desarrollado según expertos por los modos de crianza excesivamente flexibles de algunos padres para con sus vástagos, ello entre un grupo de causas que llevan a niños y adolescentes a convertirse en tiranos, adueñarse del mando del hogar y entonces disponen a su antojo.

El experto Bertrand Regader, psicólogo educativo y director de la revista digital Psicología y Mente, define esta manifestación  como un conjunto de conductas que manifiestan algunos niños y niñas de cinco a 12 años de edad,  quienes tienen un control exagerado sobre las acciones de sus padres.

«Es decir ellos deciden cuándo ven la tele, cuándo se come, agreden e insultan a sus mayores,  son infantes que se han acostumbrado a imponer sus normas».

¿Y por qué?

Según algunos sicólogos  no se trata solo de la actitud condescendiente de mamá y papá, sino que hay varias causas que influyen en esas actitudes reprobables no solo dentro de la
convivencia familiar, sino en la escuela y en la calle.

Entre estas razones también está el poco tiempo dedicado a la educación del pequeño por parte de los padres, quienes apenas saben conciliar las tareas laborales con sus deberes y responsabilidades para con los hijos, y ello provoca falta de contacto afectivo con los menores.

La doctora Guillermina Yánez García, sicóloga en el policlínico del  área 7  en el reparto Pastorita, en Cienfuegos, considera que realmente el fenómeno de la violencia se ha incrementado en todas las edades y en todos los segmentos de la población, aunque muchos lo achacan al estrés, pero no todos reaccionan igual.

«A mi criterio hay  violencia de los padres a los hijos y viceversa. La violencia es un comportamiento aprendido, puede ir desde una mirada, un silencio hasta un grito, o un golpe.

«A veces depende del medio familiar, de los entornos escolares y laborales y de los medios masivos y de información con programas que aúpan la violencia.

«Ejemplo  de esto son programas donde el personaje protagónico se pasa todo el tiempo guerreando por el bien, pero a la vez mata a todo el que se le presente de una forma tan violenta, y eso es cuanto enseñamos a los niños y jóvenes.

«Sin mencionar filmes y videojuegos, donde la mayoría tienen violencia, porque en esos entretenimientos debes avanzar de un nivel a otro, pero la condición siempre es dar muerte a monstruos, soldados, entre tantos».

También algunas telenovelas cubanas ya han comenzado a reflejar actitudes de adolescentes marcados por el Síndrome del Emperador, sobre todo cuando muestran a hijos o nietos que desafían con una naturalidad pasmosa a los padres o tutores, y sobre todo a las madres divorciadas o jefas de hogar.

Pero en ambos casos –padres o tutores- no se palpa la actitud vertical de respuestas ante esas manifestaciones, y el tratamiento dado deja una sensación que parece es así, con esa violencia, como deben ser las relaciones hijos-padres.

La inmovilidad que genera el hecho de estar sentado frente al videojuego,  sin intercambiar con otros seres humanos, y el excesivo tiempo perdido, bien pudiera aprovecharse para el intercambio afectivo entre los miembros de cada  hogar, una manera de mejorar la convivencia familiar.

Yánez García aconseja a los padres con estas problemáticas, buscar asistencia  especializada para ganar en claridad sobre cómo revertir la situación agresiva de los menores,  y que esas exigencias no lleguen a límites lamentables.

En ese propio policlínico, los doctores Marta Fabregat Solís y Yunier Marrero Carrabero aplican una experiencia en la secundaria Luis Pérez Lozano, donde con frecuencia mensual se reúnen con los padres y educadores de los niños  con problemas,  para darles temas de capacitación.

Fabregat Solís abundó que intercambian mucho con los alumnos incumplidores de sus deberes escolares, y generalmente proclives a una actitud negativa en su relación con padres y maestros.

Se trata de encauzar a los muchachos por mejor camino y lograr un acercamiento entre la familia, la escuela y la institución de salud en ese Consejo Popular cienfueguero. Representa a la vez un asidero tanto para los adolescentes como para los padres.

Infeliz de mi vecino que por no sentar las pautas desde un principio, ahora da al vástago excusas descabelladas, cuando sería tan sencillo decir que no puede prestarle las llaves del carro a un menor de edad, sin licencia de conducción, muy capaz de provocar un fatal accidente.

Mientras, el chico sigue siendo el rey… o el emperador.   (Onelia Chaveco, Prensa Latina)

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Sobre Redacción Tiempo21

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