Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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Hay que invertir en el futuro

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Hay que invertir en el futuro

Foto: Anabel Díaz

Las Tunas.- En mi vecindario vive Rosa María, una linda señora cuyas canas la delatan, porque realmente su físico aún se mantiene esbelto y fuerte, y le ha permitido dedicarse al magisterio aun después de la jubilación.

Cada vez que le pregunto a la maestra Rosa por qué escogió su profesión me responde siempre lo mismo con una seguridad admirable, que impresiona por tanta convicción: «Porque amo a los niños y me gusta enseñar».

Y yo, insatisfecha, insisto en la misma interrogante, solo que esta vez un poco más persuasiva: ¿Le gusta el magisterio a pesar de sus modestos ingresos?

Entonces es cuando ella aprovecha para disertar sobre la importancia de tener vocación para la pedagogía, que si es un alto compromiso, que si los maestros deben crear lazos muy fuertes con sus alumnos, que si la docencia es un don con el que hay que nacer… en fin.

Al igual que Rosa, casi todos los maestros cubanos consideran el agradecimiento de sus alumnos como el premio mayor a sus años dedicados a la labor, pero solo del pan no vive el hombre, y a pesar de ser la modestia personalizada, los educadores también tienen necesidades y expectativas por cumplir, que casi siempre necesitan del factor económico para pasar del deseo al hecho.

En Cuba el salario medio de un maestro es de poco más de 500 pesos, aunque reciben otros beneficios por años de antigüedad, características del centro educacional donde trabajan, evaluación de su desempeño individual en cada periodo lectivo, superaciones y cargos.

Pero a consideración de casi todo el pueblo cubano, que respeta a aquellas personas capaces de desatenderse de sus vidas para empeñarse en la formación de otras, las bondades hasta ahora brindadas a los maestros todavía no están a la altura de su prestigio.

La tarea de los profesores es imprescindible para la consolidación de una sociedad estable, de ellos surgen los ingenieros, los licenciados, los médicos que después garantizan la salud del pueblo. Entonces, ¿por qué la brecha salarial con respecto a esas otras profesiones es cada vez más pronunciada?, ¿costará mucho entregar a cada maestro recursos tecnológicos indispensables para fortalecer su preparación y la calidad de sus clases, en estos tiempos de informatización?

Lamentablemente, las condiciones socioeconómicas a las que se exponen los maestros predisponen a quienes tienen el talento y la vocación. En cambio el magisterio se convierte en una segunda, tercera o cuarta opción para otros que no quieren quedar desempleados.

La familia, que tanto puede aportar para transformar esa realidad muy pronto pierde de vista que casi siempre es la del maestro la profesión que más imitan los infantes desde las primeras edades, y lo que es peor, más tarde arrancan de ellos, con infundados argumentos, la idea de ingresar al pedagógico.

De seguro siempre desearon los mejores maestros para sus niños,  por tanto fomentar en sus descendientes la vocación por el magisterio debía estar entre los sagrados deberes de los padres.

Así resultaría más viable resolver el problema del déficit de docentes  en un país donde no se escatiman esfuerzos institucionales para ello, y  existe la voluntad resuelta de despejar los caminos que llevan a una educación de mayor calidad.

Albert Einstein lo dijo: «Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber», y haciéndome eco de sus palabras aseguro que falta mirar al magisterio como una inversión que hace el país para garantizar el futuro de Cuba, y no como un contrato que hacen los educadores una vez que deciden seguir el camino que les dicta su corazón.

/mdn/

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Sobre Yaicelin Palma Tejas

Graduada de periodismo en la Universidad Ignacio Agramonte, de la provincia de Camaguey (2016). Atiende los temas de la educación. Desde pequeña le fascinaba ser maestra o periodista, pero se decidió por el Periodismo porque es la manera de expresar lo que siente y ayudar a mejorar su entorno desde su lugar. Le gustan las historias de vida para dar a conocer el mundo que cada persona lleva dentro. Es amante de la lectura, la poesía y el baile. Ha sido premiada en concursos del sector como el Nacional 26 de Julio. Es presidenta del Club Juvenil de la Prensa en Las Tunas. yaicelinpt@rvictoria.icrt.cu

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