Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
Home > Especiales > Lecturas > Tita Infante, amiga entrañable del Che Guevara

Tita Infante, amiga entrañable del Che Guevara

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page
Tita Infante, amiga entrañable del Che Guevara

El Che Guevara junto a Tita Infante.

Cultivaba la amistad con dedicación y esmero, nutriéndola de su hondo sentido humano. Para él la amistad imponía deberes sagrados y otorgaba iguales derechos. Practicaba unos y otros. Pedía con la misma naturalidad con que daba. Y esto en todos los órdenes de la vida.

                                                                                                             Tita Infante

Una introducción necesaria

Sobradas razones existen para recordar cada 8 de octubre al comandante Ernesto Che Guevara. Su statura de combatiente extraordinario capta la admiración y la simpatía de los hombres y mujeres de todo el mundo, de los más variados credos políticos y religiosos, razas o instrucción, de latitudes distantes, o no, de la América suya, la que tanto amó.

Y es que adornaban su personalidad cualidades excepcionales: el valor, el patriotismo, la solidaridad con los pobres y oprimidos, el internacionalismo, la lealtad…

Mucho se ha escrito acerca del Guerrillero Heroico, pero, para los estudiosos de su vida y obra, aún quedan manifestaciones de su pensamiento en los cuales profundizar, facetas de su carácter desconocidas o al menos poco investigadas.

En suma: es inagotable la herencia legada por él y solo podremos aprovecharla mejor si nos acercamos al ser humano que fue y no al mito en que algunos han pretendido convertirlo.

Para quienes no se han aproximado mucho al Hombre –con mayúscula- que fue el Che, textos como Aquí va un soldado de América, de Ernesto Guevara Linch; Evocación de Aleida March de la Torre, su viuda, o Cálida Presencia, su amistad con Tita Infante, de los autores  AdysCupull y Froilán González, son de obligada lectura.

Este último título es motivo de inspiración para redactar estas líneas dedicadas no solo a Tita, la amiga entrañable, sino al sentimiento puro que despertó en el joven Guevara y que perduró hasta la desaparición física del héroe.

Tita Infante, amiga y compañera

Berta Gilda Infante, Tita, era una joven estudiante de Medicina cuando conoció a Ernesto. Por aquella época él se caracterizaba por el ímpetu de sus años mozos, el optimismo y la fuerza de carácter que siempre lo distinguió.

Ella era, en contraste, una muchacha frágil, delicada, culta, romántica y de principios sólidos; pero, menos decidida y más dada al estudio y a la reflexión, lo cual no impidió nunca la comunidad de intereses con Ernesto, la afinidad en los sentimientos humanistas y de preocupación por el destino de los pueblos de América. 

Sobre su apariencia física aseguran que no era pretenciosa, no le interesaba la moda, no se pintaba, pero cuando lo hacía se veía hermosa.

Tita era una joven inteligente y comprometida con las causas justas; fue militante de la Juventud Comunista Argentina. Aun cuando era maestra se graduó de medicina en la Universidad de Buenos Aires.

En Francia cursó estudios superiores, se especializó en Neurología en Marsella y luego, en la Sorbona de París en Siquiatría. Cuentan familiares y amigos que siempre fue una persona metódica, muy profesional y buena médica.

Sin embargo, en muchas ocasiones desconfiaba de su propia capacidad para enfrentar los problemas que la afectaban en los estudios, como profesional o simplemente aquellos provocados por la situación económica, política y social en la cual le tocó vivir y ejercer su carrera. 

Cuando esto sucedía le llegaba una frase oportuna, un consejo sabio, una palmadita amistosa: ahí estaba Ernesto para animarla a seguir adelante y cuando ya no estuvo presente, entonces le escribía demostrando su cariño, contándole las nuevas experiencias, sus inquietudes políticas y sociales, sus sueños, temores, dudas, aspiraciones, fracasos, trabajos científicos y éxitos.

El Che viajó mucho durante esos años y desde casi todos los lugares por donde pasó escribió cartas a Tita, algunas están fechadas en Lima, Caracas, Ciudad de Guatemala, México… La hermosa amistad que los unía no se interrumpió nunca.

Querida Tita:

Hace tanto tiempo que no les escribo que ya he perdido esa confianza de la comunicación habitual (estoy seguro que usted no entenderá mucho de mi letra, le explicaré todo poco a poco). Primero, mi indita tiene ya 9 meses, está bastante rica, tiene mucha vida, etc.

Segundo y principal: Hace tiempo, unos muchachos cubanos, revolucionarios, me invitaron a que ayudara al movimiento con mis “conocimientos” médicos y yo acepté porque Ud. debe saber que es el tipo de laburo que me place. Fui a un rancho en las montañas a dirigir el entrenamiento físico, vacunar las huestes, etc., pero me puse tan salado (cubanería) que la policía arreó con todos, y como yo estaba chueco (mexicanada) en mis papeles me comí 2 meses de cárcel, amén de que me robaron la máquina de escribir, entre otras naderías, lo que provoca esta manuscrita misiva. Después cometió Gobernación el grave error de creer en mi palabra de caballero y me pusieron en libertad para que abandonara el país en 10 días. De esto hace 3 meses y todavía estoy por aquí, aunque escondido y sin horizonte en México. Sólo espero ver qué pasa con la Revolución; si sale bien, voy para Cuba, si sale mal empezaré a buscar país adonde sentar mis reales. Este puede dar un vuelco en mi vida, aunque ya di tantos que no me asombra ni me conmueve mucho.

Por supuesto, todos los trabajos científicos se fueron al cuerno y ahora soy sólo un asiduo lector de Carlitos y Federiquito. Me olvidé contarle que al detenerme me encontraron varios libritos de ruso, amén de una tarjeta del Instituto de Intercambio Mexicano-Ruso, donde estudiaba el idioma por problema de reflejos condicionados.

Tal vez le interese saber que mi vida matrimonial está casi totalmente rota y se rompe definitivamente el mes que viene, pues mi mujer se va a Perú a ver a su familia, de la que está separada desde hace 8 años. Hay cierto dejo amarguito en la ruptura, pues fue una leal compañera y su conducta revolucionaria fue irreprochable durante mis vacaciones forzadas, pero nuestra discordia espiritual era muy grande y vivo con ese espíritu anárquico que me hace soñar horizontes en cuanto tengo «la cruz de tus brazos y la tierra de tu alma», como decía Pablito.

Me despido. No me escriba hasta la próxima que será con más noticias, por lo menos con domicilio fijo.

Reciba el siempre cariñoso abrazo de su amigo

Ernesto.

Después de esta carta se hizo el silencio. El joven Guevara se había sumado a los expedicionarios del Granma. Por un tiempo nada se supo de él. Luego corrió la noticia de que había muerto junto a Fidel y a Raúl.

Familiares y amigos se desesperaron. Tita también estaba conmocionada. Entonces escribió una carta que no tuvo cómo ni a dónde enviar y siempre conservó, la misma da fe de la importancia que tuvo él en su vida y la confianza en que no había muerto. «Sí, Ernesto, sé que usted está aún entre nosotros, sé que algún día en alguna parte podré verlo aún o, al menos, que podré enviarle esta líneas a algún lugar del mundo.»

Cálida presencia

Las misivas escritas por el Che a su amiga Tita Infante están recogidas en el libro Cálida Presencia, su amistad con Tita Infante, de los autores AdysCupull y Froilán González.

El epistolario, publicado en 1995 por la Editorial Oriente, es imprescindible para conocer al Che como amigo: su lealtad y el respeto hacia la persona que apreciaba, a quien consideraba su confidente y sin embargo trataba de Usted al igual que ella a él.

Llama la atención que a veces detallaba las peripecias de sus viajes y en tono jocoso se refería a su «mala letra». Mencionaba a amigos comunes, hablaba de libros, acontecimientos culturales y en todas las ocasiones reflejaba su tristeza por la miseria y la injusticia que encontraba a su paso. Muchas de esas cartas son verdaderamente conmovedoras y dan cuenta de la evolución ideológica de su autor.

En el libro Adys y Froilán hacen comentarios que ayudan a comprender los diferentes momentos vividos por Tita y el Che mientras maduraba su fraternal relación y a la vez el revolucionario se cercaba a su destino de hacer una revolución para cambiar el destino de los pueblos de América.

También aclaran términos utilizados que solo un argentino de pura cepa puede comprender, e incluyen una cronología, el texto leído por Tita en el primer aniversario de la muerte del Che y un testimonio gráfico en el cual aparecen algunas fotos de la joven.

Cálida presencia es el fruto de una acuciosa investigación de AdysCupull y Froilán Escobar. A ellos debemos un título que muestra una faceta que enaltece al hombre más allá de sus méritos de revolucionario, combatiente internacionalista, jefe guerrillero y comandante de la Revolución cubana. 

Evocación de Tita Infante

Solo una mujer admirable como era Tita podía lograr lo que consiguió ella, quizás sin proponérselo, dada su timidez y modestia: mantuvo una relación de amistad con Ernesto Guevara, que trascendió el tiempo y la distancia, pura y sincera hasta el final.

En algún momento se ha dicho a partir de testimonios de familiares de ambos amigos que esta singular mujer estuvo muy enamorada de Ernesto. Sin embargo, otros lo han negado y resaltan la honestidad del sentimiento que los unió. De cualquier manera, después de leer las cartas que el Che escribió a Tita, no podemos menos que admirar la relación que mantuvieron durante años.

De este modo, resulta fácil comprender la reacción de ella al enterarse del asesinato de su amigo querido: se deprimió y lloró mucho, desesperadamente.

Desde ese día y hasta su muerte no dejó de lamentarse por no haber respondido al llamado del Che para venir a Cuba, donde su trabajo hubiera sido más útil y respetado.

El 14 de diciembre de 1976 dejó de existir la doctora Berta Gilda Infante, Tita. El suicidio fue la forma que encontró para escapar de su frustración como profesional porque se sentía inútil al no poder curar a sus enfermos, según plantean algunas fuentes; otros creen que no pudo soportar la muerte del hombre a quien había amado en secreto y que en cierta forma la había acompañado casi toda su juventud y buena parte de su edad madura.

Conspiraba además contra su salud mental la represión desatada en Argentina en esos últimos años de su vida y de la cual fueron víctimas muchos conocidos.

A pesar de este final trágico, a Tita la recordaremos siempre con respeto, ligada al legendario Guerrillero Heroico por lazos tan fuertes que quizás ni siquiera la muerte pudo desatar.

En el primer aniversario de la desaparición física del Che Tita fue invitada a decir unas palabras de recordación y a pesar del dolor de la ausencia ella aceptó y dejó un inapreciable texto que nos muestra una visión más íntima del amigo, del hombre:

«Tuve, pues, el extraño privilegio de conocerlo profundamente, de haber tenido su confianza, de haber compartido una gran amistad que no supo jamás de olvidos ni de reticencias. Le conocí muy joven, cuando era solamente Ernesto. Pero ya estaba en él el futuro Ernesto Che Guevara. Desde aquellos años juveniles le vi siempre progresar por su camino personal, siempre hacia adelante; jamás se detuvo y quien le conocía bien sabía no sólo que «hasta las antípodas no paraba», sino que iba hacia su Destino. Y que éste no sería nunca el de las vidas comunes. No sabía cómo ni cuándo, pero tuve siempre la certeza de que tras un largo camino llegaría hacia ese, su Destino. Siempre una sorpresa: una carta, un llamado, una noticia periodística. Pero jamás un verdadero asombro.

«Hoy, a más de un año de su muerte, aun me resulta difícil ordenar en mi memoria y en mi espíritu los innumerables recuerdos e imágenes, tan teñidos de afecto están, tan confundidos en el dolor y la admiración.

«Sentirse tan cerca y a la vez tan lejos de su figura de gigante, de ese semidiós que recuerda la leyenda helénica y los héroes medievales.

«Es difícil unir tanta grandeza: a su sensibilidad y ternura, a su riqueza humana.

«Demasiado cálido para tallarlo en piedra. Demasiado grande para imaginarlo nuestro. Ernesto Guevara, argentino como el que más, fue quizá el más auténtico Ciudadano del Mundo».

/mdn/

Comente con nosotros en la página de Facebook y síganos en Twitter y Youtube

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Rosa María García Vargas

Periodista. Graduada de Letras en la Universidad de Oriente. Se desarrolló como especialista del Grupo Metodológico del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Directora del noticiero Impacto de Radio Victoria por varios años. Se desempeña como redactora de los Servicios Informativos de esta emisora. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @RosaMaraGarca

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


× 1 = uno