Las Tunas, Cuba. Domingo 19 de Noviembre de 2017
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Guiñol Los Zahoríes: la historia por escribir

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Guiñol Los Zahoríes: la historia por escribir.En el Guiñol Los Zahories  se integran creadores que mantienen la fidelidad a su público desde lugares alternativos.

Las Tunas.- El Guiñol Los Zahoríes se fundó el 14 de septiembre del año 1971, como la primera institución profesional de teatro en la provincia de Las Tunas, específicamente para niños.

Los protagonistas fueron jóvenes egresados de la Escuela Nacional de Teatro Infantil; entre ellos estuvieron Raúl y Roberto Mayo, Ulises Fonseca, Raúl Velázquez, Dulce María Rodríguez, Carlos Navas, Roberto Díaz y Eliseo Camejo, así como Pilar y Clotilde Aguillón.

Con la dirección de Juan José Rodríguez y Eloísa de Robles inició el proyecto, según recuerda Emelia González Durañona, quien se incorporó poco después al colectivo.

El variado repertorio, el trabajo con la luz negra y otras particularidades que aportó el colectivo a las obras con títeres le ganaron un prestigioso lugar a Los Zahoríes en la escena cubana, con un evento como el Tunita, que invitaba y premiaba a artistas de todo el país.

Hoy el colectivo es bastante sólido y en él se integran creadores más o menos experimentados que comparten la inquietud por el deterioro de su escenario, al tiempo que mantienen la fidelidad a su público desde lugares alternativos.

Un amor a segunda vista

Emelia González Durañona se incorporó al guiñol Los Zahoríes un año después de su fundación. Y aunque confiesa que los títeres no eran su gran pasión, el empeño de aprender su arte le ganó poco a poco. Hoy, reincorporada como directora del colectivo repasa los hilos de la memoria.

«Yo salgo de la escuela de arte de La Habana y nunca hice nada de títeres. Terminé la escuela, vine para aquí e hice mis primeros años, después estuve en Camagüey un tiempo hasta que regresé, y me buscaron para que trabajara aquí.

«Tenía muchas dudas porque realmente no me interesaban los títeres, pero bueno, el títere es algo mágico y cuando cogí uno en mis manos no sabía qué hacer con él.

«Debía manipular una mariposa que era un poco grande y había un poco de desproporción, pero cogí aquello y lo saqué como me dijeron; fue horroroso. Un profesor me dijo: ¿Qué usted está manejando ahí, una mariposa o un elefante?

«Esa fue la frase que yo necesité para saber que el títere era algo serio, era algo importante. Lo cogí con toda esa seriedad y me uní al grupo haciendo todo. De todo lo que me dijeran yo quería siempre aprender más».

A los quince años, ya con un poco de prestigio en la escena tunera y nacional, Los Zahoríes vivieron la primera experiencia como anfitriones de un evento. Así lo cuenta.

«Y se hace el primer evento importante donde se invitaron los grupos de provincias del país. Hicimos un festival que llamamos Tunita 71. Se celebró aquello, pasaron muchas cosas, el grupo fue creciendo; ya era reconocido porque las instituciones de la cultura y el gobierno le dieron mucha importancia al guiñol porque trabajábamos aquí en la ciudad, en la sala, que estaba muy bien en ese tiempo.

«Íbamos a los campos donde hacíamos excursiones. Allí hacíamos de todo, la peluquera pelaba a los niños, el atrecista arreglaba zapatos y después terminábamos con una gran función. Fue muy lindo, fue una etapa ya cerca del período especial».

Emelia recuerda los tiempos felices en que la sala Raúl Gómez García se llenaba en las funciones de la mañana y de la tarde, tanto con niños como adultos.

«Todavía hay muchas personas que ya son mayores y que se acuerdan de las obras. Me da gusto porque hubo una señora que trajo a su nieta y me preguntó: ¿cuándo van a hacer una obra grande, de esas tan lindas donde no se ven los actores?»

Sangre nueva

La juventud y la experiencia se unen para imprimir calidad y novedad a las puestas del grupo teatral tunero, cada quien con sus sueños y metas dentro del arte de los títeres.

Dennis Pérez, procedente de Santiago de Cuba, y Heidy Almarales, de Las Tunas, son estudiantes del Instituto Superior de Arte. En su relación combinan los empeños para llevar adelante el proyecto La Chimenea, que surgió en el 2014, y desde Los Zahoríes la oportunidad para adquirir nuevas experiencias.

«Primero que todo es una oportunidad, y una oportunidad que como actor constituye un reto que uno tiene que abrazar, tratar de convertirlo en algo mejor. Eso es lo que me propongo, convertir esto en un colectivo de teatro que retorne a lo que hizo anteriormente», expresa convencido Dennis.

Heidy también abraza el reto con plena confianza de que cada paso será mejor: «Llego a este colectivo porque de manera muy personal, desde hace algún tiempo me interesa el teatro de títeres y lo llevaba a manera de hobby, de una manera más independiente sin estar institucionalizada, porque es un trabajo que veníamos haciendo desde La Chimenea.

«Me pareció que la manera más certera de aprender un saber que es súper antiquísimo era acercarme a esta institución que tiene muchos años de fundada y cuenta con la experiencia de personas que llevan años, y la manera de que la tradición continúe es que pase de una generación a otra».

Para Frank Herrera Costa, actor egresado de la Escuela Profesional de Arte Manuel Muñoz Cedeño, de Bayamo, constituye todo un reto integrarse como el más joven.

«Es un compromiso grandísimo porque es un grupo, como todos sabemos, con 46 años de logros, de importantes funciones tanto a nivel nacional como internacional.

«Por tanto es un compromiso muy serio y un trabajo inmenso lo que implica estar acá en el grupo, pero no se le puede tener miedo a los retos. Como dijo Chaplin: la vida es para los valientes, así que vengo acá a aportar mi grano de arena. Esperemos que el guiñol esté bien y siga dando esos logros de antaño».

El camino por reconstruir

Mayelín Batista, con unos añitos más en Los Zahoríes, encontró el camino hacia los títeres desde el teatro dramático.

«El teatro infantil me ha hechizado porque tiene de todo, tiene música, baile, payasos; me gusta mucho más. Ha significado muchísimo. Este grupo es histórico, es un grupo que fue el primero en crearse y no quisiera irme nunca de aquí, por eso estamos luchando día a día.

«No nos importa si tenemos que ensayar en la calle. Muchas veces lo hemos hecho incluso bajo el sol, aunque algunas personas a veces dicen que estamos exagerando. No, no estamos exagerando. Sí lo hemos hecho porque ya es cuestión personal, es cuestión de amor, de sentido de pertenencia de este lugar.

«Y bueno… sí nos sentimos un poco tristes porque no tenemos un lugar donde podamos estar unidos realmente. Una obra colectiva no hemos podido montar por este mismo problema».

Ana Rosa Díaz, Albita, lleva poco más de dos décadas como parte del colectivo. Allí ha tenido la oportunidad de crecer profesionalmente y guiar a jóvenes estudiantes y egresados de las escuelas de arte.

Sin embargo hoy enfrentarse cada día a unas críticas condiciones de trabajo, que se prolongan, siembra el desánimo en la actriz.

«Es lamentable la situación que tenemos en este momento con nuestro escenario, que el grupo se esté nutriendo de la nueva cantera que son los jóvenes, tantos en este momento y todavía exista ese problema. Ojalá los nuevos actores que están entrando no pierdan las ilusiones y los sueños».

Entre sueños, algunas decepciones, trabajo reforzado, la búsqueda constante de alternativas, pero sobre todo fidelidad al público, el guiñol Los Zahoríes arribó este septiembre a su aniversario 46, defendiendo la esperanza de un escenario remozado y nuevas aventuras por entregar desde el tablado.

/ymp/

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Sobre Yanetsy Palomares Pérez

Periodista. Graduada de la Universidad de Camagüey. Reportera de Radio Victoria. Talentosa comunicadora, amante de los temas culturales. en su corta vida profesional ha demostrado la solidez de su formacíón. conductora del programa de televisión Rostros, del canal Tiempo21 Video-TV, con entrevistas a personalidades de la Cultura, Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @yanetsy12

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