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El valor de las asambleas de nominación

El valor de las asambleas de nominaciónLas Tunas.- En muchas sociedades capitalistas el dinero lo puede todo, para quien dispone de él, por supuesto, porque los pobres apenas tienen derechos ni posibilidades. Puede tanto el dinero en esas naciones que puede, hasta poner a un presidente al frente de una nación.

Las campañas electorales son eso, un constante flujo de capitales no solo de los militantes de determinado partido político, sino de contribuciones de grandes empresas y consorcios que serán los beneficiados, de instalarse en el poder el candidato al que apoyan.

En Cuba no funciona así el proceso eleccionario, por suerte para los humildes, los que son trabajadores asalariados, las mujeres que dedican todas sus jornadas a atender a sus niños o a sus ancianos, y los campesinos que prefieren el entorno natural de un lugar distante de las ciudades y los poblados.

En este archipiélago ni las organizaciones políticas ni de masas postulan a sus representantes. Es el pueblo el que propone y el que nomina a sus candidatos. Ocurre casi siempre en horario nocturno, bajo la luz de un foco. A veces hay sillas bien dispuestas y, en otras, las personas permanecen de pie.

Siempre prestan atención en los alrededores de la Bandera de la Estrella Solitaria y el Escudo de la Palma Real y juntos entonan las notas del Himno Nacional, con serenidad y orgullo.

No tienen miedo a una bala perdida o a que un grupo de delincuentes llegue de imprevisto a robar a los presentes o a secuestrar a ese vecino que atrapa todas las miradas porque siempre está de buen humor, encuentra soluciones a los desaciertos y es el primero en llegar a las convocatorias.

Esas son las asambleas de nominación de candidatos a delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, un proceso extraordinario que marca la democracia cubana porque cualquiera, con 16 años o más, y con capacidad legal para ello, puede pedir la palabra, proponer a alguien y emitir sus razones.

No importa si es ama de casa, o si en su sala cuelga un título emitido por determinada universidad. Tampoco si tiene una cartera abultada o si saca cuentas para llegar a fin de mes. Nada influye que sea negro o blanco, o que crea en Jesucristo o en Shangó.

Lo importante es que sea parte del pueblo y que le duelan los problemas de su comunidad, que oriente a quienes reclaman la solución de cualquier asunto, que acompañe a sus electores en las alegrías y en las tristezas y que siempre esté dispuesto a andar, a construir y a sumar; incluso con ropa de trabajo para resolver los problemas comunitarios.

Ese es el verdadero valor de los encuentros de vecinos que se realizan en el país desde el 4 de septiembre, aunque con una pausa en los territorios más afectados por el devastador paso del huracán Irma, hace pocos días.

Son una muestra de la madurez político-ideológica y la unidad del pueblo en torno al Partido Comunista y la Revolución.

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