Historia

De la manigua insurrecta al Moncada, tradición de lucha de las mujeres cubanas

De la manigua insurrecta al Moncada, tradición de lucha de las mujeres cubanas Las Tunas.- La historia de Cuba recoge hermosas y apasionantes páginas en las que destacan las mujeres.

Nombres como los de Carlota, Fermina, Gabriela de la Caridad Azcuy Labrador, Rosa la Bayamesa, la tunera Ana Cruz Agüero, Luz Palomares García, Ana Betancourt Agramonte, Mariana Grajales Coello, madre de los Maceo, y María Magdalena Cabrales Isaac, quien fuera esposa del Mayor General Antonio Maceo, Bernarda del Toro Pelegrín, «Manana», compañera de Máximo Gómez, Amalia Simoni, casada con Ignacio Agramonte –entre otros que sería muy largo mencionar- sobresalieron por las hazañas protagonizadas en la manigua redentora.

Desafiando el hambre, los inconvenientes del monte, la muerte de seres queridos, enfermedades, la persecución de un ejército superior en armas y preparación, aquellas bravas combatientes demostraron que no se quedaban atrás cuando se trataba de defender la independencia de la Isla y que eran tan capaces como sus compañeros a la hora de empuñar un arma y batirse por Cuba.

Algunas fueron ascendidas -incluso al grado de generalas- por los méritos alcanzados en combate. Otras quedaron en el anonimato, pero no por ello fueron menos importantes.

Pero, el nuevo siglo no tardó en demostrar que la independencia había sido frustrada por la intervención de Estados Unidos en la guerra, y se reinició la lucha, esta vez en contra de los gobiernos títeres de la potencia del norte.

De nuevo las féminas se encargaron de aportar sensibilidad y ternura a los reclamos por la definitiva liberación de la Patria y estuvieron presentes en la lucha clandestina en las ciudades, huelgas obreras, recaudando fondos para la causa o distribuyendo volantes en contra del presidente de turno.

El movimiento obrero y el estudiantil habían ido madurando en la medida en que las luchas de clases se agudizaban, y líderes como el joven abogado Fidel Castro se radicalizaban.

1953 fue un año decisivo para los cubanos. Por un lado la situación del país era insostenible: el hambre, la miseria de la mayoría, el desempleo, la prostitución, los crímenes a mansalva y cada día más muertos en las calles porque no se podía alzar la voz para protestar contra la injusticia.

De otra parte, un grupo de jóvenes decididos a no dejar morir al Apóstol José Martí en el año de su centenario, iniciaron una etapa superior en la contienda que se libraba en los centros obreros, estudiantiles y en algunos sectores de avanzada como el de los intelectuales.

Entre los participantes en este movimiento ya figuraban mujeres que se encargaban de trasladar mensajes y armas, repartir proclamas y servir de «tapadera» a los revolucionarios que ya estaban quemados en la ciudad o para realizar acciones en las noches junto a los compañeros.

Resaltan en estos trajines conspirativos nombres muy queridos para los cubanos: Haydee Santamaría Cuadrado, «Yeyé», Melba Hernández, Vilma Espín Guillois, Celia Sánchez Manduley.

De ellas solo dos, Haydee y Melba, participaron en la gesta del Moncada, el 26 de julio de 1953, que marcó el inicio de la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista.     

Claro que no fueron las únicas en ayudar a los revolucionarios, el pueblo santiaguero en general y en particular las mujeres de ese aguerrido territorio oriental, brindaron protección a los asaltantes después del fracaso y trataron de salvarlos de la furia asesina de los soldados.

Aquel domingo de carnaval, Haydee ocupó el Hospital Civil Saturnino Lora junto con Abel para apoyar a los asaltantes. Tras el suceso fue hecha prisionera por el ejército y para hacerla hablar, le dijeron que su hermano y novio habían sido torturados y asesinados después del combate. Como prueba le mostraron un ojo de Abel y los restos de los genitales de su novio, Boris Luis Santa Coloma. Pese a la crueldad del método, no pudieron sacarle ninguna información y al contrario respondió firmemente a sus verdugos: «…morir por la patria es vivir».

En su autodefensa, Fidel recordó así el gesto de Haydee: «Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana».

Tras los sucesos de aquel 26 de julio, y la liberación de los presos, Melba y Haydee salen de prisión y se incorporan de inmediato a la lucha clandestina. Su tarea priorizada en aquel momento fue editar, imprimir y distribuir el alegato de autodefensa de Fidel Castro, que luego sería conocido como La historia me absolverá.   

Vilma asumió desde muy joven posiciones políticas revolucionarias. Participó activamente en manifestaciones estudiantiles luego del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Fue desde entonces inseparable colaboradora de Frank País. Integró el Movimiento 26 de Julio y más tarde se sumó a la lucha en la Sierra Maestra.

Después del triunfo de enero de 1959, materializó numerosas aspiraciones de la mujer cubana al frente de la organización femenina de la cual se considera eterna presidenta: la Federación de Mujeres Cubanas. Atendió con preferencia tareas relacionadas con la niñez, la juventud y la familia.

Vilma continúa siendo ejemplo e inspiración para las féminas cubanas y de todo el planeta, a ellas les devolvió la esperanza y la sonrisa, las educó y las condujo a luchar contra los prejuicios y ataduras seculares que las condenaban al olvido.

Celia Sánchez Manduley, heroína de la Sierra y el llano, era una mujer sencilla, valerosa, audaz, hiperactiva, de exquisito tacto; pero, sobre todo, una combatiente enérgica, de convicciones inquebrantables, y leal a la Revolución y a Fidel.

Se destacó por su arrojo y la seriedad con que cumplía las tareas encomendadas, lo mismo como miembro del Movimiento 26 de Julio que como soldado en las filas del Ejército Rebelde.

Yeyé, Melba, Vilma, Celia, ejemplos de valor, rebeldía y patriotismo. Ellas se destacaron en el cumplimiento de las acciones del Movimiento 26 de Julio, lo mismo que en la organización de la expedición del yate Granma o en las tareas encomendadas por Fidel en la Sierra Maestra.

Hoy constituyen paradigma de revolucionarias para miles de cubanas que cumplen misiones en la defensa de la Patria, como personal de la Salud en otros países o donde la Revolución las necesite, siendo trabajadoras de avanzada en cualquier sector, madres y federadas destacadas, o exigentes formadoras de las nuevas generaciones para que la continuidad de la Revolución esté garantizada.

/YDV/

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