Historia

Benito Juárez: indio egregio y soberano

Benito Juárez: indio egregio y soberano
Benito Juárez.

Como “…indio egregio y soberano, que se sentará perpetuamente a los ojos de los hombres al lado de Bolívar”, calificó el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, al eminente patriota mexicano Benito Juárez, quien llegó a ser presidente de esa gran nación latinoamericana, y pasó por siempre a la posteridad debido a su abnegada lucha por la igualdad de  los mexicanos ante la ley y por la independencia de su país y todos los pueblos latinoamericanos.

Hijo de un humilde matrimonio de campesinos indígenas, Benito nació el 21 de marzo de 1806 en el poblado de San Pablo Guelatao, en Oaxaca.

Cuando apenas contaba con tres años de edad, perdió a sus padres, Marcelino y Brígida, por lo que fue criado por sus abuelos y un tío. Desde muy pequeño trabajó como pastor, tarea que desempeñó hasta los 12 años, cuando partió hacia la ciudad de Oaxaca, donde residía una hermana suya, para trabajar y estudiar.

Luego de un arduo esfuerzo, logró titularse allí de abogado, en 1834, y desarrolló a partir de entonces una ardua labor en defensa de los derechos de los indígenas, mientras se desempeñaba también como profesor en el instituto de Oaxaca y ocupaba algunos puestos de importancia en esa ciudad.

En 1847 fue elegido diputado federal y se trasladó a la capital, Ciudad de México, donde fortaleció sus relaciones con los liberales.

 Ya en 1853, debido a sus actividades revolucionarias, fue expulsado hacia Cuba por el dictador mexicano López de Santa Anna, pero regresó a su patria en 1855 gracias al presidente Juan N. Álvarez, quien lo nombró ministro de Justicia e Instrucción, cargo desde el cual Juárez limitó los privilegios que disfrutaban el clero y el ejército.

En  1858, resultó elegido presidente de México y un año después promulgó la famosa “Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos”.

Dos años después de que, en 1860, lograra derrotar la férrea oposición de los conservadores, los franceses invaden a México e imponen como emperador a Maximiliano de Habsburgo.

Fue, a partir de entonces, cuando brilló con más intensidad el patriotismo acendrado de Juárez, quien lideró personalmente la resistencia frente a los invasores europeos.

Sus tropas derrotaron al usurpador Maximiliano y lo fusilaron en 1867. En ese mismo año, Juárez fue reelecto Presidente de la República y el Congreso de Colombia le otorgó el título honorífico de “Benemérito de Las Américas”, como reconocimiento a sus luchas en favor de la libertad de los pueblos.

 Durante esta nueva etapa al frente de su país, Benito Juárez expandió la educación gratuita y laica por toda la gran nación azteca, y se esforzó por desarrollar los ferrocarriles y los telégrafos.

En 1871, se postuló nuevamente a la presidencia y resultó ganador, luego de lo cual se sublevaron sus opositores Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, quienes lo acusaban de fraude electoral, pero fueron derrotados en 1872.

Juárez no fue solo un político de decisiones valientes en defensa la de igualdad y la libertad de su patria, sino también un hombre de pensamiento preclaro y de alcance universal en muchas esferas de la actividad política y social. Recuérdese su muy conocida definición: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz“.

La importancia capital que tiene la educación para el desarrollo de los pueblos, el valor de las ideas y el principio de la no intervención de los gobiernos en los asuntos de otras naciones, también eran esenciales en el ideario del prócer mexicano, criterios que dejó plasmado cuando expresó: “Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”, “Los hombres no son nada, los principios lo son todo” o “El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, es el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones”.

 Lamentablemente, Benito Juárez sufría de problemas cardiacos y respiratorios que lo condujeron a la muerte a la edad de 66 años, en la noche de un día como este, 18 de julio, de 1872.

 Al cumplirse el aniversario 145 de su fallecimiento, las ideas y la obra liberadora y en defensa de los pobres del ilustre patriota mexicano, junto a las de Simón Bolívar, José Martí y otros grandes próceres de nuestro continente, están hoy presentes, con absoluta vigencia, en la lucha por su verdadera independencia que hoy sostienen los pueblos de esta parte del planeta.

/MDN/

Comente con nosotros en la página de Facebook y síganos en Twitter y Youtube

Artículos relacionados

Comandancia del Cuarto Frente en la memoria de San Joaquín

Tania Ramirez

La Historia me absolverá: 65 años después con plena vigencia

Redacción Tiempo21

Potrero Hormiguero, símbolo de Las Tunas

Tania Ramirez

Enviar Comentario


8 + = dieciséis