Las Tunas, Cuba. Lunes 14 de Agosto de 2017
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Che Comandante, Nicolás Guillén fue tu amigo

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Lucilo Tejera Díaz

La voz sonó gruesa, fuerte, segura. Nadie lo anunció, solo se paró en el podio ante los micrófonos y comenzó a desgranar el poema inolvidable. Los miles de asistentes aquella noche del 18 de octubre de 1967 en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, guardaron riguroso silencio. Todo lo ocupó la voz de Nicolás Guillén Batista.

No porque hayas caído/ tu luz es menos alta./ Un caballo de fuego/ sostiene tu escultura guerrillera/ entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio./ Y no porque te quemen,/ porque te disimulen bajo tierra,/ porque te escondan en cementerios,/ bosques, páramos,/ van a impedir que te encontremos,

Che Comandante,/amigo.

Cuenta el periodista Víctor Pérez Galdós que desde antes de esa velada solemne dedicada al Comandante Ernesto “Che” Guevara, asesinado unas jornadas precedentes en La Higuera, en Bolivia, el Poeta Nacional de Cuba, impactado por las noticias sobre la muerte del internacionalista, empezó a escribir el poema.

Haydee Santamaría, presidenta entonces de Casa de las Américas, le sugirió que creara algo relacionado con el Che, a lo cual respondió el poeta: «Haydee, perdóname, pero ya está terminado, le faltará algún verso, alguna estrofa, pero el grueso de la composición sólo necesita un poco de lima».

Cuando Fidel Castro anunció la realización del acto por la caída del Che, telefoneó a Guillén para solicitarle que declamara el poema.

Tiempo después el bardo narró: «Naturalmente, le dije que sí. Sin embargo, esto no dejó de causarme una mezcla de orgullo y temor, ya que cualquier incidente, por débil que hubiera sido, podía frustrar o entorpecer una ceremonia que sería tan pura como solemne».

Entonces Guillén tenía 65 años de edad y demostraba, una vez más, su total respaldo al proceso revolucionario cubano, tanto en lo político como en lo social, causa que había abrazado en la década del ’30, cuando se identificó con la difícil situación de Cuba y de otros muchos países y sus luchas populares.

Guillén había nacido el 10 de julio de 1902 en la ciudad de Camagüey, 115 años han transcurrido desde entonces.

Hoy institución cultural, la vivienda natal, en la calle Hermanos Agüero (San Ignacio) casi esquina a Goyo Benítez (Príncipe), está a unos pasos del área céntrica de la localidad: la Plaza de Los Trabajadores (antes de la Merced), el Parque Agramonte (Plaza de Armas en la colonia) y las calles comerciales, de teatros, cines, gobierno, y sedes de organizaciones sociales y de profesionales.

En fin, en el corazón de Camagüey, y quizás todo esto influyó en la formación intelectual de Guillén, quien adolescente, además de estudios secundarios, tomó clases nocturnas que le adentraron en los autores del Siglo de Oro español como Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Miguel de Cervantes, los neoclásicos y románticos.

Estudiosos de su obra aseguran que esta temprana formación le brinda herramientas para el análisis y el rigor en lo formal que caracterizará su creación literaria para siempre.

Guillén conoció temprano el dolor familiar, cuando en 1917 su padre, un conocido político y periodista liberal, fue asesinado a manos de rivales oficialistas. También de la entereza de su madre para enfrentarse a la crianza de sus hijos, prepararlos para la vida y sobrevivir en un mundo plagado de injusticias, más para ellos mulatos y pobres.

Al tiempo que trabaja de tipógrafo en un periódico y realiza tareas de periodista, Guillén comienza a hacer poesía y a publicar en revistas locales, de La Habana y de Manzanillo.

A comienzos de la década del ’20 matricula la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero sin suficientes recursos económicos para sostener los estudios y la vida decide regresar a Camagüey y se dedica de lleno al trabajo en la prensa y sigue creando versos.

Nicolás, con Cristóbal como segundo nombre, pronto sobresaldría por la musicalidad de sus poemas, que posiblemente le viene de la vida cultural de Camagüey que la disfruta desde niño, de su folclore mulato, de sus amigos de la rumbera Plazoleta de Bedoya con los que compartía casi a diario, y de sus ancestros españoles y africanos.

Es expresión auténtica, propia de un país mulato como él mismo, escribieron años después sobre los inicios de la obra de Guillén.

En 1926 se instala en La Habana y en tertulias se codea con intelectuales cubanos de renombre y conoce a creadores de la talla del español Federico García Lorca y el estadounidense Langston Hughes, quien lo marcaría con su influencia para toda la vida.

Publica los poemarios «Motivos del son» y «Sóngoro cosongo. Poemas mulatos», dos de sus obras trascendentales.

Pero La Habana, como casi todo el país, es un hervidero de reclamos populares y obreros. Guillén no es ajeno a todo lo político y lo social y a la perenne intromisión del gobierno de Estados Unidos en Cuba.

Pronto sus versos empiezan a reflejar esta situación y muestra de ello es West Indies, Ltd., un poema de claro corte antiimperialista.

¡West Indies!/Nueces de coco, tabaco y aguardiente./ Éste es un oscuro pueblo sonriente,/ conservador y liberal,/ ganadero y azucarero,/ donde a veces corre mucho dinero,/ pero donde siempre se vive muy mal.

Así se adentra para siempre en la vida política, se hace comunista militante y antifascista y viaja constantemente, ocasiones en que conoce y comparte con los principales exponentes literarios de Latinoamérica, el Caribe y Europa, y después de los países del antiguo campo socialista, Africa y Asia.

El triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959, liderada por Fidel, lo encuentra en el exilio. Pronto regresa a su tierra y se pone a disposición del nuevo gobierno. Brinda un recital con su poesía al Ejército Rebelde en La Habana. Entre los oyentes se encuentra el guerrillero argentino, el Comandante Guevara, el Che.

Guillén está entre los fundadores en 1961 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y es su presidente hasta 1985.

La prolífera y agitada vida de Guillén, ya desde mucho antes declarado Poeta Nacional de Cuba, se va apagando irremediablemente en 1985 y el 17 de julio fallece, hace ahora 28 años.

El Consejo de Estado de la República de Cuba decretó dos días de duelo nacional en reconocimiento a sus indiscutibles méritos de gran entereza humana, literarios y políticos, y el velatorio se realizó en la base del monumento a José Martí, de la Plaza de la Revolución, allí donde el 18 de octubre de 1967 dedicó un inolvidable poema a su amigo, al Che.  (ACN)

/YMP/

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